Primera Parte: REFLEXIONES PROBLEMATIZADORAS SOBRE LA HUMANIDAD QUE VIENE Hacia un cambio en los modos de pensar

Por Dr. Alex Fergusson

Facultad de Ciencias. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela.

 PRIMERA PARTE. Preámbulo

Frente a la pretensión universalizante y hegemónica de la globalización como herencia del modelo civilizacional de la Modernidad, se ha venido desatado desde múltiples ámbitos y hace ya bastante tiempo, una crítica muy contundente a sus paradigmas dominantes.

La situación actual nos obliga a repensar lo que se nos ha dicho, desde la academia, acerca del pasado de la humanidad y su presente. Al mismo tiempo, es urgente responder a las propuestas que se nos hacen respecto al futuro, especialmente en los ámbitos económico, geopolítico, social y cultural, mediados por la tecnología, y que ya comienzan a perfilar en medio de la incertidumbre, un nuevo orden mundial.

En el término GLOBALIZACIÓN confluyen un conjunto de fuerzas hegemónicas que se inscriben en la lógica del pensamiento único, en la voluntad imperial que está gobernando los intercambios de todo tipo entre Primer mundo-Tercer mundo, países Desarrollados-Subdesarrollados o Norte-Sur, en las modalidades de intercambio de mercancías, conocimiento, pensamientos o tendencias teóricas. Todo ello en un marco de conflictos y contradicciones.

Justamente un punto álgido de este debate es la creencia en esa “universalidad” del modelo, como único horizonte posible para la humanidad, en particular del papel de la ciencia y de los conocimientos certificados por los aparatos de poder (escuelas, universidades y tantos otros) y de la fe ciega en la tecnología.

La crítica a la globalización abrió las compuertas y hoy ya es incontenible el torrente de experiencias que provienen de todos los confines. Los saberes alternativos, las nuevas concepciones epistemológicas, las ondas de la “nueva ciencia”, la “nueva socialidad” y muchos otros esfuerzos de renovación al interior mismo de los cascarones de la “normalidad moderna”, hablan por sí solos de este dinamismo sociocultural, económico y político que ya no puede ser represado en los límites instituidos de  una  única manera de pensar, conocer y hacer.

Justamente del otro lado de las sensibilidades intelectuales que apoyan la globalización, se forja una visión solidaria de la MUNDIALIZACIÓN como una reinvindicación del derecho de todos los pueblos del mundo a desarrollar sus prácticas socioculturales en  condiciones de equidad y de justicia social, sin otro condicionamiento que la calidad intrínseca de esas prácticas. Sin más limitaciones que las que provienen de las características propias de cada experiencia cultural. Sin más regla que la del diálogo multicultural de civilizaciones colocadas transversalmente en el mismo plano de real igualdad. Así, la mundialización representa de entrada una postura crítica contra toda hegemonía, contra las formas encubiertas de neocolonialismo, contra la hipocresía del <libre mercado>, y sobre manera, contra todo intento de convertir al ser humano y su producción material e intelectual en una mercancía. En este horizonte se nuclea en la actualidad un amplio espectro de tendencias críticas que han hecho causa común la lucha mundial por la diversidad cultural[1], entendiendo por tal no sólo los campos tradicionales de la cultura, sino los saberes populares alternativos, las patrimonios científico-técnicos, la creatividad del emprendimiento personal, los modos de vida y los sistemas de producción, de financiamiento, de organización social y de comercio alternativos.

Los  procesos de mundialización entendidos como encuentro de civilizaciones y como diálogo de saberes ofrecen una clara oportunidad para potenciar los acerbos cognoscitivos de los pueblos, para enriquecer sus patrimonios, para fecundar con la transferencia de las mejores prácticas la multiplicidad de experiencias que están portadas en la inmensa diversidad del mundo. Es allí donde aspiramos a insertar coherentemente un planteamiento estratégico enmarcado en este espíritu solidario de una mundialización contra-hegemónica, en el entendido de que en este campo persisten los matices y diferenciaciones.

No es posible una sola visión respecto al complejo asunto de la mundialización. Tampoco una sola mirada respecto a la relación <ser humano-sociedades-mundo> que tenemos por delante. Ese debate permanece abierto. Es mucho lo que se ha avanzado en las últimas décadas de cara al examen de los nexos entre mundialización y cambio socioeconómico, político y cultural. Son muchos los aportes que provienen de debates y experiencias en todas partes del globo. Nuestro esfuerzo por poner en convergencia esta inmensa diversidad es parte de los retos del presente. En ello está en juego no sólo un espíritu  de acercamiento y de diálogo—que cuenta mucho—sino una apuesta sustantiva que hacemos a la dialéctica entre lo local y lo mundial, a una des-territorialización que a su vez reivindique al terruño, a una minimización de la tensión entre la experiencia subjetiva y el talante cosmopolita que evite toda recaída en un aldeanismo decimonónico.

La visión un tanto idílica y tan de moda de las <comunidades globales> puede encontrar un basamento sociológicamente bien fundado en un contexto de mundialización definido justamente a contrapelo  de las <leyes del mercado>, de la lógica de los intereses corporativos y de sus socios políticos. La agenda que proponemos encontraría en este talante mundializador así pensado, una poderosa palanca para propulsar los cambios que tantos atascos deben sortear en la dinámica ordinaria de cada sociedad o nación. Todo el arsenal analítico acumulado, proveniente de los más variadas campos del conocimiento y la experiencia, está a disposición de una óptica de nuevo tipo. Ello está enormemente posibilitado en la actualidad gracias a las plataformas tecnológicas disponibles.

Este potencial transformador puede jugar su rol emancipador sólo a condición de un profundo cambio de sentido en el modelo de globalización imperante. No habrá nueva civilización o nueva cultura en la continuidad funcional de ese modelo. No habrá cambio que valga la pena transitar si nos resignamos a ejercicios de reingeniería en el corazón de una misma racionalidad.

Sabemos que la planetarización de todas las relaciones sociales es  una tendencia que ha adquirido el status de un imperativo estructural de todo cuanto el ser humano piensa y hace en estos tiempos. Nada indica que en un futuro cercano esta tendencia desaparecerá. Por el contrario, todos los indicios van en la dirección de un mayor reforzamiento de este curso histórico. Como se ha visto, ello puede presagiar el agravamiento de las lacras que arrastra inexorablemente la lógica globalizadora. Pero también puede deparar—aún cuando por ahora  sea utópicamente—el chance de la construcción de esa “sociedad-mundo” que emblematiza la aspiración de miles de millones de habitantes del planeta.

Esos caminos no son indiferentes. Si bien las opciones son muy restringidas, y en algunos sentidos no pareciera haber elección, la lucha de la gente y sus movimientos sociales por una mundialización contra-hegemónica no es un divertimento intelectual ni un simple testimonio existencial. La apuesta ético-intelectual que está allí fuertemente involucrada es parte consustancial del talante y la sensibilidad de las luchas por las transformaciones sociales, portadas hoy en movimientos todavía subterráneos.

Para ello no hace falta suscribir plataformas partidarias ni enarbolar banderas ideológicas. Se trata—aquí y ahora—de recuperar un espacio en el que  la crítica, el compromiso ético-político y la experiencia de transformación encuentren la sintonía suficiente, no sólo para hacerse consistentes y sostenibles en el tiempo, sino también para transformarse en fuerza emancipadora, en pulsión que anima la voluntad transformadora, en palanca que moviliza las energías libertarias; el verdadero torrente que puede hacer realidad el sueño de otro modo de vivir, de otro modo de pensar, de otro modo de construirse como ser humano.

No estamos, pues, escogiendo entre aldeanismo o cosmopolitismo. Estamos optando, sí, por un  auténtico diálogo, por un encuentro de civilizaciones, por una mundialización solidaria en la que cada pueblo pueda diseñar libremente sus caminos y sus metas, y donde la cultura y el conocimiento puedan ser  las formidables plataformas de construcción de una comunidad de seres libres y felices.

Así pues, el propósito principal de este texto es presentar algunos temas que nos orienten de cara a las diversas experiencias en un contexto mundial de alta complejidad. Se entiende que los procesos socioeconómicos, políticos y culturales en distintas regiones del mundo obedecen a singularidades que no pueden ser adecuadamente caracterizadas a partir de modelos de análisis globales. Sin embargo, se constata la existencia de una plataforma común de experiencias, contribuciones teóricas, y una determinada sensibilidad intelectual que nos permiten abordar con propiedad y fundamentación, los contextos más disímiles y operar en ellos con coherencia.

El primer paso es, precisamente, la explicitación de estos presupuestos o puntos de apoyo que permite la delimitación de los horizontes singulares que fundan una cierta mirada del mundo contemporáneo, a las interpretaciones de la crisis de civilización que está en la base de los problemas coyunturales, a las concepciones sobre la economía, la sociedad, la política, la cultura y las estéticas, y por supuesto del hombre mismo y de su entorno socio natural,  que sirven de palanca para la formulación de las propuestas alternativas frente a los atascos del mundo actual.

De igual manera se entiende que los matices individuales en los abordajes de estos problemas son parte de las características del trabajo intelectual en este tiempo. Por ello el desarrollo  que se presenta a continuación no puede tomarse como postulaciones únicas ni cerradas. Dada la complejidad de estos problemas, resultaría un despropósito pretender contener en la mirada de unos pocos, toda la riqueza y vastedad de estos asuntos. Lo que se propone es sencillamente una recreación del conjunto de premisas compartidas sobre algunos temas importantes, de modo tal de proveer de visibilidad suficiente las bases que sirven de soporte a las interpretaciones sobre el mundo contemporáneo y sus futuros posibles.

[1] Este texto es un ejercicio intelectual que toma elementos de nuestra actividad docente de Pre y Postgrado en la Facultad de Ciencias-UCV y el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES-UCV), así como de un trabajo previo a cuatro manos, acompañado de Rigoberto Lanz. En este ámbito, constituye un intento de reavivar el debate urgente y necesario, acerca de la ciencia, la tecnología, la educación, la diversidad biológica y cultural, la ética y otros temas, es decir, sobre los modos de pensar la situación actual de la humanidad, así como sus futuros posibles. Junio 2020.

(2) Muestra de ello es la “Convención para la protección de la Diversidad Cultural” que ha propiciado la UNESCO y que ha significado en los hechos una clara derrota de los sectores más recalcitrantes en materia de “mercantilización”.

mariamsarraute Ver todo

Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

One thought on “Primera Parte: REFLEXIONES PROBLEMATIZADORAS SOBRE LA HUMANIDAD QUE VIENE Hacia un cambio en los modos de pensar Deja un comentario

  1. Comparto el propósito. Es urgente replantear en las universidades y en las políticas públicas el papel transformador del aprendizaje, sin dictaduras mercantilistas enmascaradas en las sombras mayores del “capitalismo salvaje”, ni las derivadas de fundamentalismos teóricos o ideológicos. Del saber saber al saber ser, con una mirada al menos comunitaria y mundial.

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