Educación Emocional

Por: PEDRO JUAN MARTÍN CASTEJÓN

En épocas de crisis, como las de un divorcio, un despido, el fracaso en un negocio o la situación que vivimos, es vital saber manejar bien las emociones.

El actual contexto social y económico, producido por la crisis sanitaria de la Covid-19 y por la activación del estado de alarma en España, está poniendo de manifiesto que somos una sociedad poco preparada para utilizar correctamente nuestros recursos emocionales. Sobre todo, a la hora de tener herramientas que nos permitan afrontar las situaciones conflictivas. En épocas de crisis, como puedan ser las de un divorcio, un despido, el fracaso en un negocio o la propia situación que estamos viviendo actualmente, es fundamental saber manejar bien las emociones, ya que nos pueden ayudar a afrontar de manera realista y adecuada los cambios que se están produciendo y los que están aún por llegar. Si algo estamos aprendiendo, en estos tiempos que nos ha tocado vivir, es que nada es para siempre, que nuestros objetivos no siempre se cumplen y que todo cambia. Por tanto, si queremos mejorar como sociedad es importante empezar a formarnos para saber afrontar correctamente estas situaciones. Empezando por los más jóvenes, para que sean capaces de reconocer sus emociones, tanto a nivel individual como de grupo, y, además, que sepan expresarlas correctamente.

La necesidad de educación emocional en nuestra sociedad es algo evidente, ya que sigue siendo la asignatura pendiente por excelencia en el mundo educativo. Muestra de ello, es la gran preocupación que han manifestado los organismos internacionales (PISA 2020) por evaluar la adquisición de las ‘soft skills’ (habilidades blandas) en los escolares, haciendo una clara referencia a la necesidad de adquirir las competencias sociales en las aulas, que les permitan integrarse con éxito en los grupos y en la sociedad. En este mismo sentido, se ha manifestado la Confederación de Salud Mental española solicitando con carácter de urgencia la implantación de una asignatura de educación emocional, con el fin de dotar a los más jóvenes de las herramientas personales necesarias para afrontar las situaciones complejas y difíciles que se les pueda presentar en la vida. Para ello, se ha apoyado en el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien advierte que los problemas de salud mental serán en el año 2030 la primera causa de discapacidad en los jóvenes y adultos.

En este contexto, es bueno recordar que la aprobación de la Lomce en 2013, dio a las comunidades autónomas la posibilidad de incluir en sus programas académicos asignaturas de libre configuración. Canarias fue la primera comunidad que dio un paso al frente poniendo en marcha una asignatura que enseña a identificar los estados de ánimo y manejar las emociones. Desde el año 2014, los alumnos y alumnas de primero a cuarto de Primaria, tienen 90 minutos a la semana de educación emocional en sus respectivas aulas a través de la asignatura Emocrea (Educación Emocional y para la Creatividad). El año pasado, la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia anunció que también estudiaba implantarla, aunque finalmente no se llevó acabo y, al parecer, esta situación de crisis sanitaria no va a favorecer que podamos verla en las aulas en el próximo curso académico. Aunque todavía hay un rayo de esperanza debido a la gran concienciación por parte de los técnicos de la Consejería de Educación y Cultura en este tema; siendo posible que se pueda conseguir gracias a su esfuerzo y al inmenso trabajo desarrollado por la mayoría de los docentes, los cuales han tenido que hacer frente en ocasiones a las opiniones contrarias que proponen que se enseñe de forma transversal en las distintas asignaturas ya existentes. Frente a estas voces críticas la experiencia en el mundo educativo nos demuestra que decir que las emociones deben estar en «todas las asignaturas», es lo mismo que decir que no van a ser tratadas sistemáticamente en ninguna de ellas, pues generalmente lo que no está diseñado en nuestro sistema educativo termina por no ser enseñado.

Somos una sociedad poco preparada para utilizar correctamente nuestros recursos emocionales

Nuestro país y nuestro mundo, hoy más que nunca, necesita de personas que sean competentes emocionalmente, con criterio propio y con un sentido innovador y solidario de su paso por este planeta. Si no lo conseguimos, es posible que no podamos seguir evolucionando como especie, pues una sociedad formada mayoritariamente por analfabetos emocionales es más fácil de manipular y controlar, favoreciendo las adiciones de sus ciudadanos y su involución. Sin olvidar, que la ausencia de una buena educación emocional hace que nuestras decisiones se vean determinadas por los sesgos cognitivos que predetermina nuestro pensamiento y como consecuencia nuestro comportamiento. Esta falta de flexibilidad cognitiva es la que nos impulsa a completar la información que nos falta seleccionando solo aquella que se ajuste perfectamente a nuestra forma de ver la vida e impidiendo que podamos desarrollar un espíritu crítico y de entendimiento con los demás, gracias a lo cual hay muchas personas que siguen viviendo espléndidamente manteniendo el discurso de los colores del tablero de ajedrez.

Fuente del Artículo:

https://www.laverdad.es/opinion/educacion-emocional-20200626004103-ntvo.html

Fuente de la Imagen:

https://noticias.universia.com.ar/educacion/noticia/2019/05/24/1164791/educacion-emocional-claves-mejorar-inteligencia.html

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Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

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