Cuarta Parte: REFLEXIONES PROBLEMATIZADORAS SOBRE LA HUMANIDAD QUE VIENE Hacia un cambio en los modos de pensar

Por Dr. Alex Fergusson.

Facultad de Ciencias. Universidad Central de Venezuela.

CUARTA PARTE.  Problemas derivados de la recuperación de la diversidad cultural que caracteriza al mundo.

Una primera constatación que salta a la vista es que el debate y la práctica sobre la cambio social se encuentran hoy inmersos en una discusión universal sobre la necesidad de recuperar el concepto de Diversidad Cultural, actualmente amenazado -como está amenazada la diversidad biológica-, por el peligro proveniente de las dramáticas asimetrías que caracterizan al mundo globalizado. Los intercambios culturales padecen la misma patología que el resto de los flujos comerciales, tecnológicos y comunicacionales. No es un dato aislado, sino de una misma lógica que tiene sus específicas consecuencias en el terreno simbólico y estético. La tendencia <natural> de los mercados culturales reproduce coherentemente la dependencia, la hegemonía que viene de los viejos tiempos del colonialismo, los asesinatos culturales que han sido y siguen siendo perpetrados.

Las cosas están cambiando en los tiempos que corren pero ingenuo sería creer que las fuerzas hegemónicas y los intereses históricos que están por detrás se han evaporado milagrosamente.

Esa conciencia mundial de las amenazas reales a la diversidad cultural –principio que está en la base de todo proceso de integración, de encuentro de civilizaciones-  nos impulsa en el camino de construir una plataforma de compromisos y obligaciones que pudieran revertir el cuadro de asimetrías que hoy constatamos. En tal sentido los esfuerzos de UNESCO -y de otras entidades-  para la protección de la Diversidad Cultural, a pesar de que  no significan todavía una garantía de intercambios culturales equilibrados, han sido sin duda alguna un aliciente para las batallas que se libran hoy.

Está suficientemente claro a estas alturas que el mercado cultural no funciona en clave de diversidad, es decir, su aparente <variedad> se inscribe en la lógica del pensamiento único, en la corriente unidireccional de las industrias culturales de los centros de poder mundial. Ese mercado de bienes y servicios culturales no hace si no reproducir la vulnerabilidad que está instalada estructuralmente en los modelos socio-económicos de una globalización hegemónica. De ese modo, las prácticas culturales autóctonas, las expresiones de culturas milenarias, de comunidades geográficamente aisladas, de grupos sociales marginados, pero también la ciencia y la tecnología local, los conocimientos y saberes populares generados, están amenazados severamente por la propia lógica de ese mercado cultural.

Es ese, reiteramos, un componente del contexto en el que se da hoy el debate que nos ocupa. No se trata simplemente de una discusión académica destinada a reflotar las viejas querellas entre tendencias de la antropología. Tampoco es una diatriba entre <especialistas en cultura> para ver quién define mejor el concepto. Está en juego ciertamente un concepción de la cultura en la que intervienen todos los debates teóricos que se libran—y se siguen librando—en las agendas de los <Estudios Culturales>, de los <Estudios posmodernos>, de las <Reformas Universitarias> y de muchos otros asuntos. Pero sobre manera está jugándose una intrincada red de intereses corporativos y geopolíticos que pocas veces aparecerán abiertamente. Se trata, entonces, de enfrentar la lógica del conservadurismo que, en la trastienda, conspira para obstaculizar los acuerdos con tácticas dilatorias y argucias legales.

Por otra parte, incorporar la discusión sobre la Diversidad Cultural y el Diálogo de Saberes, representa en si mismo, una derrota de los grandes intereses hegemónicos que han hecho lo imposible por evitarlo.

En este sentido, la cuestión de la producción cultural, y sus múltiples implicaciones con relación al Estado, a los movimientos sociales y a la comercialización de bienes y servicios de este signo, adquiere hoy la impronta de un escándalo mayúsculo; en buena medida, porque llegó la ahora de sincerar lo que se tiene en mente como cultura -tanto como arte, educación, ciencia o tecnología-. No es sólo una confrontación de opiniones en el seno de un foro sin trascendencia. Esta vez se trata de opiniones ligadas directamente con decisiones, con marcos normativos, con compromisos de empresas, gobiernos y personas -OMC, por ejemplo-. Por ello la discusión adquiere de inmediato el signo de una postura política, el carácter de un posicionamiento frente a líneas de acción con enormes repercusiones.

Ello encarna  de manera muy precisa la ética que mueve a los diferentes operadores políticos, el juego de intereses que está siempre por detrás de las distintas apreciaciones sobre la cultura los conocimientos y saberes, en fin, las correlaciones de fuerza que después de todo son las que dictaminan el curso de estos debates.

Tampoco se trata de que la orientación inspiradora de lo que hoy se hace desde muchísimos ámbitos locales, regionales y mundiales  en materia de  protección de la diversidad cultural, a favor del Diálogo de Saberes y del Encuentro de Civilizaciones, sea una suerte de <nacionalismo>. Sin embargo no es descartable que grupos etnocéntricos en diversos países del mundo puedan apelar a un arrebato xenofóbico para defender al país, la cultura o cualquier cosa relacionada. Pero confundir esta suerte de excrecencia ideológica con los fundamentos intelectuales que orientan esta lucha en todo el mundo, es una deliberada manipulación.

El asunto es otro: asumir cabalmente todas las implicaciones de una mundialización no hegemónica que privilegia la noción de intercambio solidario en todos los terrenos -incluido el campo de las industrias culturales, las prácticas estéticas, científicas y educativas en su radical diversidad-. No es la hipocresía de implorar equidad y justicia para los intercambios culturales dando por <buenos> los  otros mercados, es decir, omitiendo una consideración sustantiva sobre la naturaleza de los modelos socio-económicos que padecemos a escala planetaria. La estrategia neoliberal es perfectamente clara en esta materia: se trata de extender a todos los bienes y servicios de la sociedad, la misma lógica que funciona en el terreno de la economía y el comercio convencionales. Hasta ahora ha habido celos y restricciones en la comercialización de bienes y servicios culturales. El asunto para esta ideología es terminar de barrer esas limitaciones, lo cual es demasiado coherente con los intereses de las corporaciones que monopolizan el mercado de las industrias culturales en todo el  mundo.

Frente a estos intereses económicos y la ideología que le sirve de coartada lo que se está proponiendo es que la diversidad cultural -lo mismo que la bio-diversidad- no sea escamoteada en nombre del <mercado>, la <libre empresa> o la <libre circulación de bienes y servicios>. Es demasiado claro que las prácticas culturales de los pueblos del mundo no circulan libremente en el mercado de las industrias culturales. Esos bienes culturas -prácticas, discursos, tradiciones, patrimonios, sistemas axiológicos, etc.- están portados en la sensibilidad de la gente, en su vida cotidiana, en los imaginarios colectivos de grupos humanos repartidos en todo el globo terráqueo. Esos grupos humanos habitan territorios simbólicos, territorios socio-económicos y territorios geográficos desiguales. Estas asimetrías son estructurales; brutalmente excluyentes. Desde allí no hay posibilidad alguna de intercambio justo, de diálogo de saberes, de encuentro de civilizaciones. La falacia de un mercado <igualador> de estas asimetrías es justamente el truco de una globalización vendida como universalización. La cultura, la ciencia y la educación  no son  universales.

En todos esos ámbitos se juega siempre una matriz de contenidos específicos (de grupos dominantes que hacen aparecer sus intereses como si se tratara del <bien común>. Las asimetrías de ese mercado las paga alguien y sería una ingenuidad imperdonable aceptar al mercado como mecanismo natural para que la diversidad cultural se exprese, el diálogo de saberes se dé y las civilizaciones se encuentren.

Lo que estamos sosteniendo es que las prácticas culturales de todos los grupos humanos que pueblan la Tierra deben ser garantizadas en su preservación y evolución. Eso no tiene nada que ver con el <mercado> sino con la expansión creciente de todas las posibilidades de intercambio cultural que las enriquece, que las hace visibles, que las pone a disposición de otros pueblos. Lo que promovemos es una acertada combinación de autogestión cultural afirmada en la gente y sus prácticas, políticas públicas expresamente formuladas con estos fines,  marcos contextuales propiciantes del diálogo de saberes, del encuentro de civilizaciones, de una interculturalidad intensamente vivida por todos los pueblos el mundo.

En esa combinación hay una parte importante que corresponde a los Estados, a las agencias internacionales, a organizaciones para-estatales de diversa  índole y, por supuesto, a las instituciones de educación, ciencia y tecnología. Pero sobre todo, a las propias comunidades que son en fin de cuentas los actores fundamentales del asunto. Queremos impulsar políticas públicas que abran cauce para que la diversidad se exprese,  para que estimule la presencia de todas  las prácticas culturales en todos los escenarios  que les son consustanciales.

Esto es particularmente cierto para la región latinoamericana y para el tercer mundo en general, justamente porque el funcionamiento histórico de relaciones de dependencia, de coloniaje, de subordinaciones diversas han fragilizado de tal manera  los tejidos de sustentación de prácticas culturales de todo género que serían condenadas al ostracismo y a su lenta extinción. Es claro que en América Latina y el Caribe, al menos, los mercados culturales han funcionado desde siempre como maquinaria infernal de la violencia y la exclusión. Sería ingenuo creer que esto ha transcurrido indoloramente en todo este largo trayecto. Las consecuencias son visibles. Las huellas dejadas por esta historia están a la vista. Es un asunto no resuelto en la coyuntura histórica de hoy y por eso mismo se vuelve estratégico todo paso que pueda coadyuvar a la posibilidad  de salidas a los bloqueos que nos han marcado durante siglos.

Como se ve, este asunto es de crucial importancia en la coyuntura actual y para el debate. La controversia es inevitable. Lo más sano es que las posiciones se expliciten.

[1] Este texto es un ejercicio intelectual que toma elementos de nuestra actividad docente de Pre y Postgrado en la Facultad de Ciencias-UCV y el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES-UCV), así como de un trabajo previo a cuatro manos, acompañado de Rigoberto Lanz. En este ámbito, constituye un intento de reavivar el debate urgente y necesario, acerca de la ciencia, la tecnología, la educación, la diversidad biológica y cultural, la ética y otros temas, es decir, sobre los modos de pensar la situación actual de la humanidad, así como sus futuros posibles.

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Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

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