El mundo posterior al Covid-19 podría ser el mundo pre-Incheon – o incluso pre-Dakar

*Por: Sheldon Shaeffer 

Después del Covid-19, el mundo no será el mismo durante mucho tiempo. Puede que la vida sea tan diferente que ni siquiera habrá un mundo post-Covid-19 en el sentido de volver a alguna forma de normalidad. Deberíamos dedicar más tiempo a evaluar exactamente el efecto que esta pandemia tendrá en la viabilidad de lograr el ODS 4. Es hora de que pasemos de los debates sobre la logística de la apertura de las escuelas a las políticas que se necesitan para hacer frente a los daños a largo plazo de la pandemia. Hay al menos cuatro consecuencias significativas para la educación.

En primer lugar, los logros en prácticamente todos los sectores del desarrollo se invertirán e incluso se perderán.  La mortalidad materna, infantil y juvenil; las tasas de inmunización; la seguridad alimentaria; la pobreza; y las tasas de matriculación y finalización de estudios se verán afectadas.  Es posible que los padres ya no tengan los recursos para educar a sus hijos y que aumente el trabajo infantil.  También pueden decidir prolongar la educación en casa ante sucesivas olas de Covid-19 u otras pandemias, mientras que los estudiantes pueden decidir por sí mismos no volver a la escuela después de su prolongado receso.

En segundo lugar, los niños pequeños probablemente serán los más perjudicados por la pandemia. Su estado nutricional se verá dañado, su sentido de seguridad amenazado, su salud comprometida y su desarrollo cognitivo y socio-emocional gravemente perturbado.  También estarán expuestos con mayor frecuencia a entornos domésticos tóxicos –como consecuencia del aumento de la violencia doméstica y la pobreza– en los que muchos de ellos no prosperarán.

En tercer lugar, la educación y el desarrollo de la primera infancia (EDPI) sufrirán más que otros niveles educativos. Es probable que las escuelas y guarderías que reciben apoyo del gobierno sigan empleando a sus maestros (aunque tal vez con menores sueldos) durante la pandemia y la reapertura. Sin embargo, muchas escuelas privadas que no son de élite y muchos programas comunitarios de EDPI ya han cerrado; sin un salario, el personal podría irse y la capacidad laboral de EDPI, desarrollada a lo largo de muchos años, se vería gravemente erosionada. El lento pero constante aumento de la matrícula en los programas de EDPI en todo el mundo durante los dos últimos decenios puede retroceder a los múltiples problemas que afrontaban hace una década.

En cuarto lugar, se exacerbarán las disparidades existentes en el acceso a los servicios sociales, incluyendo la educación:

  • Los niños con retrasos y discapacidades, que a menudo contaban con apoyo adicional y servicios específicos en sus programas de EDPI y escuelas primarias, no los encontrarán en sus hogares y por lo tanto se quedarán más rezagados.
  • Los niños que viven en la pobreza y los que viven en comunidades rurales y remotas ya tienen menos acceso que sus pares a los instrumentos necesarios para beneficiarse de la educación a distancia; post-Covid-19, sus familias tendrán menos recursos para pagar los costos de (re)inscripción en programas y escuelas de EDPI.
  • Es probable que las niñas en algunos contextos también estén más desfavorecidas, es decir, que sea menos probable que vuelvan a la escuela, especialmente las de familias pobres, con mayores responsabilidades domésticas, y mayores probabilidades de embarazo y matrimonio precoz.
  • Los hijos de los refugiados y migrantes pueden sufrir una mayor estigmatización como “portadores” del virus, de un menor acceso a la tecnología, y de programas educativos con menos financiamiento.
  • Las minorías étnicas y lingüísticas también se verán afectadas. Los niños que aprendían en el idioma nacional se quedarán más rezagados, y los que aprendían en su idioma materno probablemente no tienen clases en línea, ni material impreso, en ese idioma para utilizarlo en casa.

Además, las instalaciones educativas pueden haber sufrido un desuso, el aprendizaje de los niños se habrá visto interrumpido, y los maestros se sentirán desmoralizados y desmotivados; puede que algunos incluso hayan dejado la profesión. El reto será volver a la situación educativa pre-Covid-19 y desarrollar la fortaleza que se necesita para alcanzar el ODS 4.  El discurso actual se centra en gran medida en las respuestas inmediatas a la pandemia y en los mecanismos de reapertura, y no en abordar su impacto a largo plazo. No ha habido prácticamente ningún debate sobre las soluciones a los problemas mencionados. Pero se pueden imaginar algunas soluciones; por ejemplo:

  • cambiar el énfasis del discurso sobre la apertura de las escuelas de las cuestiones logísticas a sus desafíos más amplios, especialmente los relacionados con las crecientes desigualdades y la exclusión a raíz del Covid-19
  • evaluar con mayor exactitud la naturaleza y la magnitud de los impactos de la pandemia en la consecución de los ODS
  • garantizar que se dé alta prioridad a los más desfavorecidos a medida que se reabran las escuelas y los programas de EDPI, especialmente a los programas y las escuelas de EDPI con base en la comunidad y a las familias más afectadas
  • promover actividades educativas (especialmente de baja tecnología y no tecnológicas) que hayan demostrado su eficacia con los niños desfavorecidos durante la pandemia; por ejemplo, equipos de aprendizaje para el hogar, materiales de lectura y libros de ejercicios adicionales para niños sin acceso a Internet, fotos de las tareas enviadas a los maestros por teléfono celular, uso gratuito de programas educativos, aplicaciones para pruebas y exámenes en el hogar, etc.
  • diseñar programas para niños desfavorecidos y excluidos para garantizar que reanuden su educación, compensar la interrupción que han sufrido, y abordar las brechas acrecentadas:
    • apoyo adicional a los niños con retrasos y discapacidades
    • apoyo académico adicional para los estudiantes que no han podido seguir los programas obligatorios de alta tecnología de educación a distancia y en línea
    • esfuerzos adicionales para asegurar que las niñas regresen a las escuelas
    • apoyo psicosocial para ayudar a los niños a controlar el estrés, la ansiedad y el trauma generados por el Covid-19
  • garantizar un fuerte apoyo a los maestros en reconocimiento de los desafíos que han enfrentado (a menudo sin remuneración o con una remuneración reducida) y alentarlos a prestar atención a los niños más desfavorecidos en la transición de regreso a la escuela
  • prestar apoyo a los líderes escolares quienes desempeñarán un papel esencial en la gestión de la reapertura de las escuelas, prestando especial atención a los que se encuentran en escuelas de zonas pobres, remotas o desfavorecidas
  • ajustar los presupuestos gubernamentales para satisfacer las necesidades de los niños que han sido los más afectados: asegurar que los fondos adicionales para la reapertura de las escuelas no se asignen simplemente por estudiante, sino que se basen en las necesidades de diferentes lugares y grupos

Existe el riesgo de que las pérdidas causadas por el Covid-19 regresen al mundo a donde estaba al empezar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y al adoptar la Declaración de Incheon (2015) o incluso a Dakar (2000).  Los avances que tanto ha costado conseguir, el impulso hacia un mejor desarrollo de la primera infancia y un mayor énfasis en el aprendizaje temprano exitoso, así como el fortalecimiento de los compromisos de muchos gobiernos para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, corren un alto riesgo de perderse, especialmente si los temas que se han abordado aquí no son subrayados por todos a medida que se reconstruyen en el futuro.

*Presidente, Consejo de Administración, Red Regional de Asia y el Pacífico sobre la Primera Infancia (ARNEC)

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El mundo posterior al Covid-19 podría ser el mundo pre-Incheon – o incluso pre-Dakar

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