Buenas prácticas para la educación inclusiva: tips para escuelas y docentes

                                                                     Por Cecilia Zolezzi

En los últimos 15 años creció cuatro veces el número de niñas, niños y adolescentes con discapacidad cursando en escuelas de modalidad común: 98.600 según el Anuario Estadístico Educativo 2018. Sin embargo, son muchos los desafíos y necesidades de mejoras que todavía enfrentan estas instituciones para brindar una respuesta realmente inclusiva y de calidad a todos sus alumnos.

¿Cuáles son las buenas prácticas en educación inclusiva? Los especialistas en la materia, destacan las siguientes:

  • Cambio de paradigma. La educación inclusiva supone, en primer lugar, un cambio de mirada, modificar el foco de atención, poniendo el énfasis en el contexto, no en el individuo. Es decir, en pensar cómo eliminar las barreras del aprendizaje, la participación y la presencia.
  • Altas expectativas. Partir de las fortalezas, respetando y reconociendo las necesidades de cada alumno; compartir, guiar, ayudar y cuidar, así como hacer ajustes y ofrecer apoyos.
  • Actitud docente. Las ganas del docente es otra de las claves. José María Tomé, pedagogo argentino especialista en educación inclusiva, interpela: “A veces escuchamos a los educadores primero decir ‘pero no tengo un baño, no tengo recursos, no tengo el pizarrón’. La primera pregunta para ser inclusivo es ‘¿tenés la actitud?’, ‘¿tenés las ganas?’ Si yo pienso que mi alumno no va aprender, no va aprender”.
  • Escuchar a los padres. Son claves el trabajo en equipo, la capacitación y la apertura a padres y profesionales.
  • Capacitación docente. Ofrecer herramientas para mejorar las prácticas de aprendizaje, donde todos aprenden y todos enseñan. “No va a cambiar nada si primero no cambian las cabezas. El profesorado te forma para alumnos ideales que no están en las escuelas”, sentencia Silvana Corso, directora de la escuela de educación media Rumania, para quien el agente de cambio es el docente. Su gestión está centrada en capacitar de forma permanente y aboga por una escuela preparada para dar lugar a la singularidad de cada chico.
  • Espacios de diálogo y reflexión para docentes y directivos. Es necesario que los valores de la inclusión se trabajen entre docentes y directivos, para que luego puedan reflejarse en el aula. “La escuela debe facilitar espacios para que aparezcan las verdaderas creencias de los docentes respecto a la diversidad. Que puedan expresar, por ejemplo, que no se sienten preparados o que necesitan ayuda”, detalla Elsa Guiastrennec, especialista en educación especial.
  • Trabajo colaborativo. Si el personal de apoyo trabaja de forma aislada con el alumnado con discapacidad, no hay inclusión; los maestros de apoyo pueden incluso funcionar como pareja pedagógica del docente y participar del proceso de enseñanza. Para Corso es clave trabajar en equipo y ejercer un liderazgo distribuido donde, por ejemplo, los coordinadores pedagógicos observan clases y ayudan a pensar nuevas estrategias para el aula, o un maestro integrador ofrece una capacitación al resto de los docentes. En esta línea, Guiastrennec destaca que lo colaborativo “ayuda a encontrar fortalezas, incentiva a equivocarse sin temor, a probar, a intentar, a crear en un ambiente de libertad”. El resultado son “equipos escolares fortalecidos”.
  • Estrategias innovadoras. La instrucción directa con abordaje de Diseño Universal del Aprendizaje (DUA) es una estrategia que evidencia alto impacto en las escuelas.
  • Alumnos en el aula. Si el niño o niña trabaja fuera del aula y los docentes lo excluyen del diseño curricular, no hay verdadera inclusión; se deben eliminar las barreras que impiden la participación del chico en clase.
  • Poco a poco. Se recomienda que las escuelas no intenten hacer todos los cambios juntos sino pocas cosas, bien hechas y compartidas por todos. Al respecto, Tomé opina que no existe una escuela inclusiva sino que la misma es una construcción permanente.
  • Transformación de la modalidad especial y redistribución de recursos. Gabriela Santuccione, de Grupo Artículo 24, hace hincapié en que “es necesario trabajar en la transformación de la modalidad especial en un sistema de apoyo para la común”. Y agrega: “Más allá de los avances, hace falta decisión política para tomar medidas antidiscriminatorias concretas y utilizar bien los recursos existentes y presupuestarios para lograrlo”. En este sentido, Tomé destaca que pensar en una escuela inclusiva, no implica el cierre de la escuela especial, por el contrario, implica un trabajo conjunto.

Fuente de la información: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/buenas-practicas-educacion-inclusiva-tips-escuelas-docentes-nid2411552

Fuente de la imagen: https://lamenteesmaravillosa.com/la-educacion-inclusiva-una-apuesta-segura/

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