Registro personal de lo cotidiano: el diario íntimo

Por  http://www.memoriachilena.gob.cl

La escritura del diario íntimo sucede en un espacio privado, donde el sujeto se vuelca sin restricciones al encuentro consigo mismo. Es un medio de expresión ajeno a las convenciones narrativas y al juicio público, que permite dar voz, sin tapujos, a la experiencia vital.

Los diarios, las cartas, las memorias y las autobiografías suelen ser considerados géneros menores, porque tanto su composición como la intención que alienta su escritura rebasan los márgenes de lo estrictamente literario. Entre los géneros discursivos referenciales -cuyo rasgo común es la coincidencia entre las personas del autor y del narrador-, el diario personal se distingue debido a que nace de anotaciones registradas día a día, que sitúan al autor dentro del marco de tiempo y espacio de los acontecimientos contemporáneos. De este modo, en él se manifiesta la relación viva que existe entre el autor como protagonista o testigo de la realidad y los cambios que experimenta la imagen del sujeto creada mediante la escritura.

Debido a sus condiciones de producción, el diario íntimo está envuelto en un halo de secretismo, ya que está concebido para tener como único destinatario a nadie más que el propio autor. Mientras en el ámbito de lo público el ser humano debe vestirse de máscaras y atenerse a pautas de conducta que permitan la interacción con los otros, la escritura del diario sucede en un espacio privado, de ocio y distensión, donde el sujeto se vuelca sin restricciones al encuentro consigo mismo. El diario de vida se convierte en un refugio, donde los aconteceres del mundo se hacen propios y las vicisitudes del ánimo se expulsan. El autor no busca representar el mundo real con la cohesión y el afán mimético de la obra de ficción; por el contrario, las convenciones de la narrativa -hilación estuctural, coherencia de los personajes, lógica de sentido- quedan al margen, en favor de una escritura instantánea, fragmentaria e introspectiva, flexible y abierta a una gama ilimitada de recursos discursivos. Todo tiene cabida en un diario: desde dibujos hasta esbozos de cuentos, desde anécdotas cotidianas hasta reflexiones filosóficas. Así, el diario íntimo se constituye como un espacio de libertad de formas.

Si bien en Chile la práctica del diario íntimo se consolidó recién durante el siglo XX, hay dos claros indicios del vigor de este género en los siglos anteriores. Por una parte, la escritura de monjas en Chile nació del ejercicio habitual de las religiosas de llevar un libro de anotaciones, las cuales funcionaban como examen de conciencia o, bien, como vehículo para comunicar sus experiencias místicas. Por la otra, existe una larga tradición de diarios de viaje que son verdaderas bitácoras de descubrimiento que el autor anota a medida que avanza por el camino de lo desconocido. Estas dos corrientes, la de la confesión y la de la observación de corte científico, tienen características que perduran en el género del diario una vez que se desvincula del ámbito religioso y del ordenamiento del territorio físico y político.

Durante el siglo XX, las fronteras del género del diario íntimo quedan delineadas gracias el auge del sentimentalismo romántico y de la psicología, partes de un pensamiento de influencia francesa que cristalizó en Chile a lo largo del siglo XIX. Aquel ideario, contrapuesto al del ilustrado tradicional, consiguió que muchas mujeres de la aristocracia encontraran un espacio discursivo en la poesía y en las escrituras íntimas. Así, los diarios íntimos de mujeres como Iris, Lily Íñiguez y Teresa Wilms Montt, enarbolan una voz femenina, incipientemente feminista, que forma parte central de su obra literaria.

Sin duda, el ámbito menor en que se ausculta la creación íntima cambia a lo largo del siglo a medida que otros sujetos de la sociedad que transitan hacia el centro de la vida cultural, publican diarios íntimos. Ya entrado el siglo XX, la publicación de los diarios de escritores, así como el uso político que se le encuentra a la escritura testimonial, logra consolidar a los géneros referenciales como un discurso más dentro de la literatura. Desde ese lugar legitimado, los escritores lo utilizan para retratar la realidad circundante a través de un relato situado, como sucede, por ejemplo, con los diarios de muerte, o como tema para obras literarias.

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