Género epistolar

Por http://www.memoriachilena.gob.cl

Las cartas conforman un tipo de género discursivo particular, cuyas leyes de composición nacen de la característica primordial de su existencia: la carta es una escritura que se realiza en la ausencia de uno de los interlocutores.

El análisis académico de cartas, diarios íntimos, autobiografías y memorias se ha realizado dando prioridad a una mirada histórica, es decir como una herramienta para acceder a épocas pasadas y como fuentes para su reconstrucción. Sin embargo, durante el siglo XX ha habido un renovado interés por examinar bajo un marco formal y estético los géneros no ficcionales, es decir, aquellas escrituras que se diferencian de los géneros literarios tradicionales -como la novela, la poesía y la dramaturgia-, por contener claras marcas que se refieren a su contexto de enunciación. Estos géneros llamados también “referenciales” o “géneros del yo”, han permitido acceder a las maneras en que se han construido las identidades de algunos grupos –mujeres, etnias originarias y ciertos segmentos sociales-, cuyas escrituras no estaban avaladas por los discursos públicos del saber y el poder.

Las cartas conforman un tipo de género discursivo particular, cuyas leyes de composición nacen de la característica primordial de su existencia: la carta es una escritura que se realiza en la ausencia de uno de los interlocutores. Este “diálogo diferido”, como lo ha llamado Patrizia Violi en su artículo “La intimidad de la ausencia”, se caracteriza porque “la presencia real del uno tan solo puede acompañarse de la reconstrucción imaginaria del otro, en un tiempo y lugar distintos” (p. 89). El resultado es un texto que exhibe una tensión entre la realidad concreta -del acto de enunciación y del sujeto real- y su representación discursiva, “verdaderos simulacros de una realidad pasada por el filtro de un individuo” (ibid.).

La carta es un tipo de texto sujeto a un canal de comunicación definido. Por lo general, el autor se dirige a una persona con la cual comparte un código al que muchas veces un lector ajeno no podrá acceder. Esta relación de intimidad está institucionalizada y goza incluso de protección legal. El ejemplo más extremo de este tipo de cartas, es el subgénero de la carta de amor, como las que Carmen Arriagada dirigió al pintor Juan Mauricio Rugendas. En este sentido, la publicación de las cartas podría considerarse una anomalía, que deja en evidencia las operaciones que el editor o compilador ejerce sobre lo escrito. Sin embargo, hay otros subgéneros de cartas que están escritas para circular en esferas públicas o para tener más de un lector. Es el caso de las cartas oficiales, las cartas de relación, las cartas de petición y las cartas abiertas.

En Chile, como en el resto de los países de Latinoamérica, se han escrito cartas desde el siglo XVI. Varias de ellas han sido publicadas en compilaciones reunidas por el editor según el tema, la época, la identidad social, política, cultural o sexual del emisor (Leonidas Morales, Carta de amor y sujeto femenino en Chile: siglos XIX y XX, p. 17). Otros epistolarios reúnen las cartas de un solo emisor, por lo general, con el objetivo de “conocer más a fondo” la vida de escritores, artistas, científicos, historiadores o políticos fundamentales en la vida nacional.

Fuente del artículo: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100640.html

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Género epistolar – Sarraute Educación María Magdalena

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