De la crisis sanitaria a la crisis educativa

Por:Santiago García Álvarez

 

El freno a actividades presenciales, derivado del covid-19, ha generado un importante impacto en la educación. Se calcula que 1,800 millones de estudiantes han sido afectados por el cierre de instalaciones. Según un informe reciente de Unicef, 106 países han tenido que cerrar instituciones educativas a nivel nacional. Esto representa el 99% de la población estudiantil a nivel mundial.

A pesar de que muchas instituciones educativas han logrado salir adelante gracias a plataformas online como Google Classroom o Fuel Education, existen muchos otros factores que preocupan en el entorno educativo. Si bien dichas instituciones están sufriendo en el corto plazo, las consecuencias de la pérdida de capital intelectual se reflejarán en la sociedad entera en el mediano plazo.

Existen distintos riesgos relacionados con un retraso intelectual y académico derivado de esta pandemia.

Es posible que las poblaciones pierdan grados escolares al detener o retrasar sus estudios. En otros casos, a pesar de dar por aprobado el grado escolar a los alumnos, existirán deficiencias en los temas cursados, los cuales traerán subsecuentes problemas futuros en los grados superiores. Al mismo tiempo, existe ya un atraso en proyectos de investigación que han sufrido recortes monetarios o cancelaciones debido a las medidas sanitarias. Tristemente, como suele suceder en las crisis, el problema se presenta especialmente en los países menos desarrollados y las poblaciones más vulnerables, los cuales tienen menos infraestructura digital para superar la crisis.

Según relata el químico John Richard Schrock, en el pasado, ciertas experiencias relacionados con el cierre de escuelas han derivado en un retroceso educativo.

Por ejemplo, China tuvo, entre 1965 y 1977, un cierre masivo que derivó en una generación perdida de la cual al país le tomó tiempo en recuperarse.

Por otra parte, en Camboya, un asesinato masivo de intelectuales, perpetuado por parte del Partido Comunista de Kampuchea, Khmer Rouge, generó un retraso académico que a la fecha siguen padeciendo.

Mientras que, en Estados Unidos, en el periodo posterior a los asesinatos de los hermanos Kennedy y al de Martin Luther King, entre 1962 y 1977, se reportó una baja en el promedio del examen estandarizado para la admisión universitaria, mejor conocido como SAT, de 49 puntos.

Las crisis sociales generan crisis educativas y estas, a su vez, dan lugar a nuevas problemáticas, en una especie de círculo vicioso que debe ser atendido en sus etapas iniciales para evitar daños mayores.

Hace poco se publicó información relacionada con la deserción en la Universidad Nacional Autónoma de México, como resultante de la inestabilidad.

Según informó el secretario general de la UNAM, en entrevista con El Universal, un 10 por ciento del alumnado se dio de baja y otro 10 por ciento está en riesgo de desertar, lo que representaría un total de 72 mil alumnos entre preparatoria, licenciatura y posgrado.

Esta es una preocupación de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero en realidad tendría que ser un “semáforo naranja” para todos, pues se trata de un numeroso grupo de personas con una importante afectación económica. Si hacemos un ejercicio análogo, sumando otras instituciones en el país, nos daremos cuenta que el problema no es menor.

De momento, nuestra preocupación está centrada, lógicamente, en los aspectos referentes a la salud y la economía, pues todos los hemos padecido de alguna manera. Sin embargo, en el mediano y largo plazo lo que más preocupa es, precisamente, la educación.

Si no tomamos medidas adicionales para evitar mayores deserciones y generaciones con retrasos educativos, entonces heredaremos un problema en cinco, 10 o 15 años. Por lo tanto, ¡manos a la obra! No solamente es un llamado para los educadores, sino también para la sociedad civil, de manera análoga al compromiso que se observa en materia sanitaria y en los primeros esfuerzos por rehabilitar las economías.

Fuente:

http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/de-la-crisis-sanitaria-a-la-crisis-educativa/1405441

 

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