España hace sin éxito el doble de grandes reformas educativas que los países europeos

Por: Alexis Rodriguez

Nuevo Gobierno, nueva ley de Educación. La fórmula es infalible. Se repite con cada inquilino de la Moncloa. Y tanto que, tras 42 años de democracia, sale a una media de una reforma integral cada poco más de cinco años. Si se tienen en cuenta las específicas para Formación Profesional y Universidad, incluso cada menos. Y es más, asoma en el Congreso un nuevo texto legislativo… Su número y su relevancia hacen así de España una rara avis en Europa: hace más reformas en profundidad, pero con resultados en el aprendizaje que no pasan de la mitad de la tabla respecto a los países europeos y un triste liderazgo en abandono escolar temprano.

Y es que a diferencia de nuestros vecinos, aquí las leyes casi calcan a los gobiernos: catorce legislaturas, siete presidentes desde Adolfo Suárez, siete –si llega a aprobarse la actual propuesta del Gobierno de Pedro Sánchez– leyes educativas que reforman el sistema en profundidad, con la habitual polémica sobre el papel de la asignatura de Religión, el equilibrio entre los centros públicos y privados y/o el contenido de los itinerarios y evaluación.

La consecuencia es una sopa de siglas que marea. En la España democrática se han aprobado normas educativas generales y de calado como la LOECE en 1980, la LODE en 1985, la LOGSE en 1990, la LOCE en el 2002, la LOE en el 2006 y la LOMCE, del 2013. Siglas y más siglas que se han desarrollado de la mano de las comunidades autónomas. Y siglas y más siglas que han ido configurando un sistema educativo incluso a veces derogado poco después de haber entrado en vigor.

Además, es que España es casi una excepción en Europa. En Francia, en el Reino Unido o en la tan citada Finlandia, por poner tres ejemplos de referencia, se acumulan reformas educativas, en número más que las que han salido hasta hoy del Congreso de los Diputados. Pero según nos explica Inmaculada Egido, catedrática de Educación Comparada en la Universidad Complutense, “no sólo se trata del número de leyes, sino del alcance que estas tengan.”

En el buscador de reformas de política educativa de la OCDE hay información sobre más de 1.000 en 35 países entre los años 1950 y el 2018, que crecen según pasan los años, con inicio tras la Segunda Guerra Mundial y acelerón a finales del siglo XX e inicios del XXI. “Prácticamente todos los países hacen reformas educativas, pero no siempre por medio de grandes leyes que modifiquen el sistema escolar en su conjunto”, señala Egido.

Una docente del colegio Jesús y María de València guía a sus alumnos al aula durante el primer día de clase.

Una docente del colegio Jesús y María de València guía a sus alumnos al aula durante el primer día de clase. (BIEL ALIÑO / EFE)

En Francia desde 1975 ha habido tres grandes leyes educativas, en 1989, 2005 y 2013, además de otra el pasado mes de julio pero que sólo han reformado aspectos concretos de su sistema educativo. En Inglaterra tampoco hay grandes cambios desde 1979, desde la etapa de Margaret Thatcher, es igual que en 1997 los laboristas llegaran al 10 de Downing Street. Y en Finlandia los expertos siempre resaltan la estabilidad y reforma progresiva y desde el consenso social que guía a su política educativa, en un país, a su vez, en el que es habitual gobernar en coalición desde la Segunda Guerra Mundial.

Dicho de otra forma: en Europa hay leyes educativas que, en su espíritu y pese a cambiar su redactado, llevan décadas en vigor pese al paso de diferentes fuerzas políticas y con la vista puesta en los resultados a largo plazo. Otra cosa es España. Aquí las reformas suelen ser de calado. Ya van unas cuantas. Y estas, a su vez, vienen desarrolladas por las autonomías, las encargadas de aplicarlas, de manera que su realización final también varía entre unas y otras hasta recibir la crítica de tener 17 sistemas educativos, tantos como comunidades la forman. Es este, precisamente, el origen de nuevos e imprevistos debates. El último, el del llamado pin parental promulgado tras el acuerdo de presupuestos en Murcia entre el PP, Cs y Vox.

El marasmo de siglas de reformas educativas en España, así, han tenido como resultado, si seguimos al informe PISA de la OCDE que compara los resultados de aprendizaje entre los países más desarrollados, un relativo fracaso: año tras año España se ubica lejos de los primeros puestos en comprensión lectora y competencia en ciencias y matemáticas, copados de manera habitual por los países asiáticos. En comprensión lectora en el puesto 23 de 42 países totales, en el 26 en cuanto a la competencia en ciencia, y en el 32 en matemáticas.

“La mayor laguna está en las competencias digitales y en la resolución de problemas de los alumnos, además de en la existencia de una brecha de género visible al elegir, por ejemplo, profesiones supuestamente más prestigiadas socialmente como ingenierías o ciencias. Y también en la casi secular diferencia entre regiones. Lo peor, en definitiva, para España en PISA es el alto porcentaje de estudiantes que no demuestran los conocimientos mínimos exigidos al acabar la escolaridad obligatoria”, nos resume Juan Manuel Fernández Soria, catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universitat de València.

Ver el ranking de PISA es situar el caso español en niveles intermedios, superiores, por ejemplo, al de EE.UU., pero a distancia de vecinos europeos, levantando, así, las dudas de rigor: ¿Qué se hace mal? ¿Por qué ley educativa tras ley educativa? ¿Qué han tenido de perjudicial? ¿Con qué consecuencias?

“Una ley sin consenso nace ya inútil. Las innumerables leyes de Educación, por ejemplo: mi hija acaba de licenciarse después de sufrir cinco leyes de Educación diferentes”, respondía en La Contra el catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra Oriol Amat este mes de julio. No es el único. Y las críticas suman a la vez que se añaden años y nuevas normas educativas, si bien la habitual suele coincidir en el problema de que la política de partido haga de la educación un “marcador ideológico”, en palabras de Fernández Soria, o una línea roja para su electorado.

Hay diferencias entre comunidades

Antonio Viñao, largo tiempo catedrático de Educación en la Universidad de Murcia, destaca, sin embargo, que “con la misma legislación hay comunidades autónomas y provincias que ofrecen, de una forma constante en el tiempo, desde el siglo XIX, resultados muy diferentes. Las leyes no cambian de un día para otro la realidad de las aulas y, menos aún, los procesos de enseñanza y aprendizaje”. Y por eso, según él, el que haya provincias y autonomías con resultados similares a los de los países que figuran en primer lugar en PISA, “provincias y autonomías que, curiosamente, ya figuraban entre las provincias y regiones con mejores porcentajes de alfabetización y de escolarización a mediados del siglo XIX”.

Las cifras más elevadas de gasto público por alumno están en el País Vasco, Cantabria, Asturias y Navarra y las más bajas, de menor a mayor, en Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia, y tal y como recoge Viñao, esto está en relación con las tasas de fracaso y abandono temprano de la formación, que en España es de un abultado 17,3% de media en el 2019 según el INE. Es mejor que el 30,9% del 2009, pero sigue estando a la cola entre los países de la Unión Europea.

Más allá, Fernández Soria lo asocia a su vez al vaivén legislativo en España, ya que según nos explica, en el camino habrían quedado afectados otros dos pilares de la educación: el profesorado, “inmerso en constantes contradicciones y burocracias y desmotivado además de sentirse excluido de las políticas consensuadas”; y el alumnado, al menos si se siguen los niveles de fracaso escolar sea por el abandono escolar temprano, las repeticiones de curso o los niveles competenciales que resaltan informes como el de PISA “además de en un incremento de la desigualdad y exclusión laboral y social”, señala.

Quizá la solución sea un pacto de Estado en educación entre partidos que comparten que la educación es una cuestión de Estado, se insiste. Aunque el filósofo Immanuel Kant dejó escrito que la educación es el tema más grande y difícil que se puede proponer el hombre. El debate sigue y seguirá.

 

 

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