Tradiciones y huacas milenarias: la religiosidad andina

Por http://www.memoriachilena.gob.cl

La cultura andina refleja el sincretismo de las antiguas concepciones prehispánicas y las prácticas religiosas católicas y evangélicas de nuestros días. Antes del siglo XVI en el Nuevo Mundo no existía el monoteísmo, la idea de un Dios único ni tampoco una palabra que lo expresara. Por el contrario, los primeros cronistas notaron como las poblaciones andinas utilizaban el vocablo quechua huaca para designar múltiples manifestaciones de lo sagrado. Huaca era empleado confusamente para los oídos hispanos, a elementos vivos de la naturaleza, diversos hitos geográficos, momias y lugares de origen mítico de los pueblos o pacarinas.

Disciplinas ocupadas en el estudio de la religión andina como la historia y la antropología, han identificado a un importante grupo de deidades con atributos y personalidades propias, pertenecientes a las diversas comunidades y territorios prehispánicos y coloniales.

A lo largo y ancho del territorio andino se hallaban divinidades mayores acompañadas de una vasta pléyade de antiguas huacas subalternas. Las diferencias entre las huacas dependían de la importancia otorgada por cada comunidad o ayllu. En las fiestas y carnavales multitudinarios cada agrupación de ayllus celebraba a una huaca en particular a través de sus atuendos, danza, ofrecimientos, sacrificios y parafernalia.

Una de las deidades regionales más importantes durante la época preincaica fue Tunupa, quien articulaba poblaciones radicadas en zonas tan distintas como el altiplano circum Titicaca, el lago Poopó, los valles ubicados al occidente de los Andes y la costa Pacífico.

Al interior de las comunidades el culto a los malquis o cuerpos de los antepasados ocupaba un lugar prominente en los ritos de cada unidad familiar. A los cuerpos momificados se les ofrecía una celebración específica que tomaba lugar en sepulcros abiertos y chullpas o mausoleos funerarios que hoy se encuentran abandonados en numerosas regiones serranas y altiplánicas de Perú, Bolivia, Argentina y Chile.

Durante el siglo XV, Pachacuti Inca Yupanqui realizó una de las más cruciales reformas religiosas en los Andes. Según el relato de Sarmiento de Gamboa el soberano, luego de reconstruir el Cori Kancha en Cuzco y dotarlo de objetos y adornos, ordenó que el Sol ocupara el sitio principal con Viracocha a su diestra, e Illapa a su izquierda. Esta última huaca representaba además al doble del Inca o huauque que quiere decir hermano en quechua. De esta manera, el Sol dejó de ser un objeto de culto exclusivo del grupo Inca y pasó a regir oficialmente la religión en el Tawantinsuyo. Se le consideró padre de los linajes reales y cada nuevo soberano esperaba la confirmación solar de su nombramiento.

Durante ese mismo período, se reconocía en la costa Pacífico y centro de Perú a Pachacamac como el dios más importante de la región.

Con el arribo español en el siglo XVI, todas las poblaciones andinas vivieron una profunda transformación religiosa debido a la conquista, la evangelización y extirpación de idolatrías. Este proceso intensificó la yuxtaposición y sincretismo cultural dando origen a nuevas formas de culto y comprensión del mundo sobrenatural en los Andes.

Fuente del artículo: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-790.html

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