Cómo afecta a los niños la falta de clases presenciales y qué pueden hacer los padres

Por Claudio Rodríguez Kiser

“La ausencia del aula no solo tiene que ver con que el niño pierda el año o los contenidos sino con la ausencia del lugar de sostén que es la escuela”, sostuvo Alba Picardi, presidenta del Colegio de Psicólogos y Coordinadora de la Comisión de Niñez y Adolescencia.

Se cumplieron 190 días sin clases presenciales, luego de que el gobierno nacional decretara el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio. Lo común y cotidiano cambió de un día para el otro y aún se desconoce cuánto va a durar.

El aislamiento trae problemas y uno de los grupos más vulnerables es el de niños y adolescentes.

El cierre de las escuelas y el distanciamiento social pueden representar un estancamiento o retraso en el desarrollo de las habilidades sociales del adolescente o el niño.

Para Alba Picardi, presidenta del Colegio de Psicólogos y Coordinadora de la Comisión de Niñez y Adolescencia “todo lo que tiene que ver con instituciones educativas y la presencia de los docentes siempre ha sido fundamental”.

“El trabajo que han hecho para mantenerse conectados con sus alumnos y sostenerse en el tiempo ha sido muy importante. Y esto no tiene que ver solamente con sostener los contenidos pedagógicos o curriculares, sino también con la presencia como institución que socializa, que genera vínculos y valores, y como institución intermediaria de las familias”, contó la profesional.

A raíz de esto, surge una pregunta obvia, 190 días después: ¿Cómo afecta a niños y adolescentes la ausencia del contacto diario presencial con sus pares y sus maestros y/o profesores?. Picardi lo explica:

“La ausencia del aula no solo tiene que ver con que el niño pierda el año o los contenidos, tiene que ver con la ausencia del lugar de sostén que es la escuela, donde el niño se encuentra con las pautas sociales y donde todos son iguales. También donde se busca generar vivencias y que crezcan a partir de ellas. Por eso, la institución educativa es fundamental, porque le da sentido a lo que estamos viviendo. También hay mucha desigualdad y muchos niños por cuestiones de acceso u otras causas no pudieron contar con conectividad y quedaron en desventaja”, explicó.

Para la psicóloga “fue distinto cómo impactó el aislamiento en los adultos, que en los niños y adolescentes. En los grandes tuvo como una percepción de la situación de gravedad o peligro que implicaba la pandemia, sobre todo en el inicio, donde había mucho desconocimiento y por lo tanto la reacción fue de acatar de manera masiva y con mucha prudencia. Los niños, en cambio, en un inicio fue una extensión de las vacaciones y la posibilidad de jugar más tiempo, por lo tanto, se generó una diferenciación entre los campos etarios”.

Sin embargo, “con el paso del tiempo los adolescentes fueron teniendo cierta noción, sobre todo al prolongarse el tiempo de aislamiento, y comenzaron a aparecer otros tipos de emociones, como la angustia, la irritabilidad, el enojo, la tristeza y las ansiedades. Incluso también en el orden de lo físico. Por su parte, algunos niños mostraron conductas regresivas. Todo esto era esperable ante tanto tiempo de aislamiento y frente a esta incertidumbre de lo que viene o va a venir”.

Cómo deben intervenir los padres

El distanciamiento social se presenta como una práctica para reducir el contacto cercano entre las personas y frenar la propagación del virus. Sin embargo, los más chicos sufren las consecuencias.

Picardi sostuvo que “en algunos casos hubo dificultades con las conductas del sueño, con las rutinas logradas y con la alimentación. Son reacciones o manifestaciones esperables, que no significan que serán permanentes. Los niños tienen mucha plasticidad y cuando comiencen a flexibilizarse algunas decisiones, estas situaciones se van a ir restableciendo. No obstante, si bien este evento traumático dejará su huella, no se transformará en un padecimiento de por vida”.

“Esto de a poco se reconvertirá si lo podremos incorporar a lo cotidiano y nos dará herramientas para manejarnos a futuro. En los casos donde hay una permanencia de conductas que preocupan, hay que recurrir a un profesional que pueda colaborar y ayudar a estos chicos”, expresó.

Para la presidenta del Colegio de Psicólogos, los padres, que también van sumando conocimientos en diversos escenarios –como la docencia–, “marcan la diferencia”.

“Es importante contar con la presencia de adultos que les permitan poner en palabras lo que les está pasando, que les permitan angustiarse y que los habiliten a expresar sus emociones, aunque no sepamos qué decirles. A veces, esto no es lo más importante, sino poder escuchar, acompañar y que sienta que no está solo en esta situación. Y el adulto también debe mostrar lo que siente, en un grado razonable. Que vea que esta situación es atípica y compleja, pero fundamentalmente también que se le diga que es transitorio y, de a poco, con los cuidados necesarios, vamos a poder hacer cosas y estar con gente que queremos y extrañamos”, apuntó.

Para Picardi, las respuestas no son iguales en todos los niños y adolescentes.

“Acá tiene mucho peso el contexto que está viviendo la familia. No es lo mismo sostener un aislamiento cuando la familia puede seguir percibiendo ingresos, vive en un lugar confortable, tiene las necesidades básicas cubiertas y una conectividad asegurada, al de una familia con la preocupación de cómo vivir el día a día. La pandemia visibiliza las terribles desigualdades que hay en nuestra sociedad”, opinó.

Al mismo tiempo, aseguró que “la forma de ir saliendo de a poco de esta situación implica tener siempre abierto los canales de diálogo con los niños y adolescentes, implica haber trabajado con ellos en la necesidad de sostener los lazos sociales y los vínculos y en estimularlos a que más allá de que estén cansados sigan conectados con sus amigos, sus docentes, sus abuelos”.

“Es importante alimentar el contacto afectivo de la manera que se pueda, entendiendo que la distancia física es necesaria, pero también entendiendo la necesidad emocional de estar conectados. Y eso sostenerlo. De esa manera, será más fácil cuando comiencen a abrirse algunas actividades. Todos los días nos vamos enterando cosas nuevas y tenemos que tratar de hacerlos lo más plásticos posible. Hay que ser graduales con los niños”, dijo.

“Las actividades extraescolares ayudan al crecimiento”

El aislamiento genera malestar, incertidumbre y molestia, entre otras consecuencias.

“En cada etapa tiende a afectar de manera diferente, los niños pequeños se van constituyendo y van aprendiendo a partir de los otros, a través del jardín, de los abuelos, de los referentes y es fundamental, por lo que el mantenerse aislado y no tener contacto con pares de su edad, que contribuye en la estimulación, es dificultoso y genera impacto. Hay que ser muy consecuente y explicarles a los niños que intentamos cuidarnos. El crecimiento se ve obstaculizado”, apuntó.

Y agregó: “Para el adolescente, en lo social, el grupo es fundamental, ya que constituyen su identidad y la necesidad de diferenciarse del adulto. Hoy se ven muchos adolescentes cansados, enojados e indiferentes con algunas cuestiones. A pesar de que era más común verlos conectados con lo tecnológico y pensábamos que iban a estar más cómodos, el contacto presencial sigue siendo muy importante para ellos. El aislamiento es perjudicial para todos y genera angustias y ansiedades. Por eso es vital expresar las emociones y lograr que no se generen efectos contraproducentes a largo plazo”.

Por último, señaló la importancia de las actividades extraescolares.

“Cualquier actividad extraescolar es muy importante en el desarrollo, porque ayuda en el crecimiento. Al chico lo inquieta estar alejado de toda actividad que le resulta estimulante y gratificante. Quieren volver rápido, por lo que hay que trabajar con el cuidado y hacerles entender de que no se lo alejó caprichosamente. Además, no debemos generar una aceleración y sensación de que recuperará todo en un corto plazo. Los adultos deben tener en claro qué se busca con estas actividades”.

“Ser docente en tiempos de pandemia”

Con las clases presenciales suspendidas desde hace 190 días, los maestros debieron cambiar su metodología de trabajo para enseñar a distancia y a través de una pantalla, responder consultas fuera del horario escolar y, al mismo tiempo, atender a su familia y ayudar a sus hijos.

   Laura, maestra de 5° grado en una Escuela Primaria de nuestra ciudad, contó que pensó que la virtualidad duraría un tiempo corto, debió modificar su estrategia con el correr de los días, y detalló que pasó de conectarse con 15/20 alumnos –en un curso de 30- a solo 4 o 5.

“Al principio nuestra experiencia fue complicada porque si bien teníamos alguna idea de computación, no estábamos acostumbradas a dar clases por zoom o mandar y recibir tareas por mail. Fuimos aprendiendo sobre la marcha, ayudándonos entre nosotras o incluso, en mi caso, preguntándole a mi hija para saber cómo armar una reunión de Zoom”, abrió su relato.

No fue sencilla la adaptación: “Por ejemplo, al principio me negaba a que los padres tuvieran mi teléfono personal, aunque a la larga lo tuvieron todos porque muchas veces hacemos zoom de consultas y algunos chicos necesitan una clase especial por lo que hacemos videollamadas. Algunas me llevan 5 o 10 minutos, pero también me pasó de estar una hora y media porque el chico no entendía y la madre tampoco y no es su función explicarle. Fuimos poniendo un poquito de todos para lograr esto”, sostuvo.

Laura dijo que “pensando que iba a ser un tiempo corto, habíamos organizado que una madre de cada grado recibiera todas las tareas y ella lo mandaba al grupo de padres. Después, nosotros nos llegaba por mail las respuestas de los chicos. Luego surgieron problemas con algunos temas, que eran más complicados y necesitaban más explicación, por lo que empezamos a hacer zoom de consultas, de mañana y de tarde”.

“Al principio esto nos dio resultado, ya que en cada grado hay entre 25/30 chicos y se conectaban más de la mitad, aunque hoy, pese a que los mails llegan con muchas preguntas, ya solo se conectan 4 o 5 chicos, en gran parte porque los padres empezaron a trabajar. También tuvimos chicos que les era complicado conectarse porque tenían un solo dispositivo por familia”, explicó.

La docente aseguró que el porcentaje de alumnos que mandan las tareas es “bastante alto”.

“Entre todos los 5° tengo 100 alumnos y el 85% mandan las tareas o se han conectado, por más que algunos tardan un poco más. Se nota el interés por aprender y no quedarse estancados. Obvio, algunos padres nos dijeron que no tenían tiempo o que las clases las debíamos dar las maestras y no ellos, aunque son los menos. Por eso es que cuesta estar conectados con todos. Incluso también nos pasó de chicos que se han conectado al zoom para charlar con sus amigos, pero después las tareas no las mandan”, comentó.

Al mismo tiempo, surgieron otras preocupaciones que fueron más allá de la enseñanza.

“Al principio eran muy poquitos los bolsones que se pedían, aunque cada vez se va agrandando el número. Nos pasó de padres que nos llamaron porque se quedaron sin trabajo y no podían más. Esto va creciendo con el correr de los meses. De hecho, con otras colegas armamos nosotros un bolsón para ayudar a una señora que estaba desesperada. También nos pasó tener familias que no tenían internet u otras que recién cuando pudieron volver a trabajar se conectaban los chicos”, expresó.

Sobre el regreso a las aulas, Laura lo ve muy difícil y dio sus explicaciones.

“El mayor déficit sería la higiene y no por el recurso humano, sino por el económico. Llevo 19 años como maestra y siempre el Estado promete mucho, pero lo que llega es mínimo. Generalmente lo pone la Cooperadora de la escuela, pero hoy no puede recaudar porque el chico no va. No obstante, en marzo, algunos chicos llevaban su alcohol en gel, pero todo lo demás lo compramos los docentes. En este momento que es tan importante la higiene dudamos que el Estado cumpla. Los padres quieren que los chicos vuelvan a clases, pero con seguridad, por eso es que dicen que no los mandarían en éstos momentos”, expresó.

También contó sus sensaciones personales y la de los chicos.

“Hoy no tenemos horarios. Los padres mandan consultas a cualquier hora o cualquier día. Incluso a veces se enojan y nos dicen que debemos estar al servicio para responder cuando sea. Igualmente, son los menos porque la mayoría nos agradece todo el esfuerzo que hacemos. Fue difícil ponernos un horario de freno para darle lugar a nuestras familias”, dijo.

“Nos ha pasado de madres que nos escriben porque sus hijos no quieren hacer más las tareas por la tristeza que tienen ante esta situación de aislamiento. En el zoom buscamos tener la mejor cara para alentarlos y decirles que pronto va a terminar esto. Quieren volver a las escuelas para ver a sus compañeros, para los recreos, para charlar con su maestro, porque ellos nos cuentan sus cosas. Hoy les cuesta y extrañan mucho no poder hacerlo”, agregó.

Y cerró diciendo que “nos falta el día a día con los chicos, el charlar, explicar o debatir con ellos. Ser docente no es solo corregir frente a una pantallita. El pizarrón es más didáctico, pero tratamos de ponerle todo lo mejor a lo que nos toca”.

Así lo viven los padres

Quedarse en casa y asumir el rol de la educación de sus hijos fue la nueva normalidad en esta pandemia.

Soledad es madre de un varón de 13 y una nena de 11, mientras que Laura es mamá de un nene de 10 y dos nenas de 8 y 6. Ambas contaron cómo fue la adaptación de los chicos a la nueva normalidad.

“Mis hijos se adaptaron muy bien a la virtualidad. No fue fácil al principio con tantas incertidumbres, pero pudieron desde la escuela hacer frente a esta situación de aislamiento, poniendo no sólo más horas de trabajo, sino también afianzando aún más el vínculo con los chicos. No es sencilla la virtualidad cuando nadie nos preparó para la misma en tan poco tiempo”, abrió Soledad.

Contó que “los chicos extrañan mucho la escuela, ya que es muy importante socializar, mirarse sin una pantalla de por medio y compartir momentos que solo la escuela lo genera”, sin embargo, sostuvo que “volver a clases por ahora no sería lo más conveniente. Debemos ser empáticos con el personal de salud que está al frente de esta batalla”.

También agradeció “a cada formador de nuestros hijos que han acompañado las trayectorias escolares y se han reinventado para llegar a cada hogar”.

Sobre las actividades extraescolares, dijo que “mis hijos van a inglés y también se adaptaron las clases a la virtualidad”.

“Tuvieron excelentes clases, interactivas, con juegos, respetando los horarios de clases como si fueran presenciales, entregando informes de valoración que indican un aprendizaje en proceso y acompañados de sus profes desde el primer mes de aislamiento”, cerró.

Por su parte, la situación de Laura fue distinta, aunque también se mostró agradecida por la labor del colegio donde estudian sus hijos.

“Mi trabajo es esencial y estoy separada, por lo que desde que empezó la cuarentena, con la modalidad virtual, nos fue muy difícil organizar el esquema de tareas y entrega en tiempo y forma. A su vez, los chicos a  las clases por zoom la mayoría de las veces no se enganchaban”, contó.

“Mi hijo más grande es muy inteligente y resolutivo, pero le costó motivarse. Y la más chiquita empezó primer grado y solo fue unos pocos días al colegio. Fue y es difícil la conexión. Por suerte, la institución acompaña y acompañó desde la paciencia y el entendimiento a mi situación personal”, agregó.

También detalló que “los chicos realizan dos clases por zoom por semana y el colegio acomodó los horarios para que no se superpongan. Además, tienen inglés y música en otros horarios. Al principio, me costó adaptarme al desánimo de los chicos”.

“El colegio no los presiona, aunque es complicado llevar adelante todas las clases virtuales. Además, los padres no estamos capacitados para enseñar. Como la escuela no hay”.

Laura dijo que su hija del medio realizaba gimnasia en un club, pero “no quiso hacer ni una sola clase virtual”, mientras que el varón iba a una escuelita de fútbol, “aunque la situación allí es totalmente diferente y al menos pudo hacer algunas clases individuales”.

 

Fuente:

http://www.lanueva.com/nota/2020-9-23-6-30-26-como-afecta-a-los-ninos-la-falta-de-clases-presenciales-y-que-pueden-hacer-los-padres

Deja un comentario

Cómo afecta a los niños la falta de clases presenciales y qué pueden hacer los padres – Sarraute Educación María Magdalena

A %d blogueros les gusta esto: