La evaluación de la práctica docente: importancia y cómo implementarla

La evaluación es una herramienta para conocer el impacto logrado en un centro escolar a través de las diferentes iniciativas educativas. Es un proceso básico tanto para dar seguimiento al progreso de los alumnos como para conocer si la respuesta de los docentes, del centro y de las propias Administraciones se adecúa al desafío que supone la educación en la actualidad. ¿Quieres saber más sobre la evaluación de la práctica docente? En UNIR analizamos su importancia y los principales métodos empleados para evaluar la labor docente.

La evaluación es una pieza clave del proceso de enseñanza-aprendizaje, un elemento fundamental para la mejora de la educación y la transparencia del sistema educativo, como recoge la Ley Orgánica de Educación vigente. Se configura como un proceso de documentación y recogida de datos sobre las habilidades, conocimientos y actitudes con el objetivo de mejorar los programas educativos que se implementan en los centros escolares.

Importancia de evaluar al profesorado

El proceso de enseñanza-aprendizaje requiere un seguimiento continuo de sus avances con el objetivo de detectar a tiempo aquellas iniciativas o metodologías que no están teniendo el resultado deseado y corregir aquellas fallas o errores que se encuentren. La evaluación de los maestros y profesores, lejos de pretender ser una crítica a su trabajo o limitar su libertad de cátedra, se configura como un proceso para mejorar el desempeño de su labor y garantizar que se alcanzan los objetivos educativos que se ha marcado un centro educativo. El alumno, su bienestar y su aprendizaje, está en el centro de esta concepción.

 

 

Es, además, una de las labores inherentes a la educación: los docentes deben dar seguimiento no solo del aprendizaje que logran los alumnos, sino también de la efectividad de los procesos de enseñanza que ponen en práctica.

El proceso de evaluación docente persigue, por tanto, unos objetivos que podemos sintetizar en:

  • – Analizar y detectar si la práctica docente se adecúa a las particularidades de un grupo y a las necesidades de los alumnos.
  • – Detectar dificultades particulares que puedan repercutir en el proceso de enseñanza.
  • – Comprobar que la implementación de la programación educativa se ajusta a lo planificado.
  • – Realizar un análisis crítico, individual y colectivo de la labor docente con la intención de mejorar en los aspectos posibles.
  • – Realizar un ejercicio de transparencia sobre la práctica docente de cara al resto de la comunidad escolar.

Herramientas y métodos para la evaluación del profesorado

El proyecto educativo de centro (PEC) de cada colegio o instituto es el documento que se encargará de definir los criterios, prioridades y planteamientos metodológicos para implementar su programa educativo. Esta “hoja de ruta” del centro educativo recogerá de forma más detallada las vías de evaluación y autoevaluación que se aplicarán a la comunidad educativa, incluidos los docentes.

 

 

No obstante, es a través del proyecto curricular del centro (PCC) como se lleva a la práctica, ya que este debe incluir los criterios para que los profesores evalúen y revisen su propia práctica docente. De hecho, algunas de las funciones del PCC son las de implicar más a los profesores en su práctica docente y reflexionar sobre la misma.

A la hora de evaluar la actividad docente, se prestará atención tanto a la competencia del profesional (su formación en la materia que imparte y las herramientas pedagógicas que pone en práctica) como a su labor efectiva en el aula (la planificación de las unidades, los recursos y metodologías que pone en práctica, cómo evalúa y da seguimiento a sus alumnos, etc).

Las herramientas y métodos más habituales para evaluar la labor docente son:

  • – Que los alumnos rellenen un cuestionario con preguntas sobre la labor del profesor (motivación, organización, actividades, clima del aula, diversidad…).
  • – Seguimiento de los resultados académicos de los grupos que tiene asignados cada docente.
  • – Intervención de un observador externo, ya sea de forma presencial en el aula mientras el profesor o maestro desarrolla su trabajo o de forma remota a través de grabaciones y entrevistas con compañeros del claustro que puedan aportar información objetiva.
  • – Reflexión privada del propio docente, con énfasis en el análisis de sus resultados y propuestas de mejora.

 

 

La evaluación de los docentes se desarrolla, necesariamente, de forma paralela al propio proceso educativo. No hay un único momento idóneo para realizar la evaluación. En función del método que se utilice podrá determinarse una periodicidad, pero los momentos habituales son al cierre de cada trimestre y del curso académico.

El proceso de evaluación que establece cada centro en su PEC y que se articula a través del PCC, muestra el compromiso con su alumnado y la comunidad educativa. El diseño de herramientas de evaluación a la altura del desafío que supone la actividad docente y la capacidad de dar respuesta a aquellas dificultades que puedan surgir, marcarán la diferencia en la calidad que un centro educativo ofrece a su alumnado.

La formación continua y complementaria de los docentes es básica. Además de la experiencia que se adquiere con los años, programas de postgrado como el Máster Universitario en Liderazgo y Dirección de Centros Educativos permiten a los profesionales del sector educativo adquirir las competencias necesarias para planificar, impulsar y evaluar medidas que mejoren la educación en sus diferentes áreas y funciones.

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La evaluación de la práctica docente: importancia y cómo implementarla – Sarraute Educación María Magdalena

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