Las Normales Rurales, un siglo de “enseñar a enseñar”

Por Marco Salas

Las Escuelas Normales Rurales surgieron en México en los años 20. Basadas en un modelo educativo francés han formado a maestros, técnicos, líderes y hasta luchadores sociales. Aquí un breve recuento de su origen y testimonios de egresados

La mayor satisfacción del maestro Gabriel Salazar es que con su labor sacó adelante a sus hijos, “por el camino del bien”, uno incluso estudió en la Normal Superior. “Antes se decía que aunque sea había que estudiar para maestro, pero para mí era una realidad porque los recursos de mi papá no alcanzaban, era campesino y yo no podía estudiar otra cosa aunque quisiera”, dice el profesor egresado en 1968 del Centro Regional de Educación Normal  (CREN) de Guerrero (fundado en 1960).

El tipo de educación normal enseña a enseñar con los recursos que se tengan, aunque sean escasos; instruye en mejorar el aprendizaje de los alumnos mediante teorías pedagógicas y dota de un gran sentido de responsabilidad social hacia las comunidades en situación de marginación, según se indica en una página de la Secretaría de Gobernación.

Este tipo de educación se divide en tipos: rural, urbana, para jardines de niños, primaria, secundaria, superior (de especialización en alguna materia a nivel primaria o secundaria, como la Escuela Normal Superior o la Nacional de Maestros), intercultural, plurilingüe y de educación física (como la Escuela Superior de Educación Física).

En la actualidad existen 17 Escuelas Normales Rurales, las cuales saltaron a la vista de muchos mexicanos a partir del caso Ayotzinapa de 2014, cuando desaparecieron 43 estudiantes de la Normal Rural de Iguala, Guerrero. Esta administración gubernamental se comprometió a dar a conocer la verdad sobre el caso para otorgar justicia a los padres de los desaparecidos, quienes buscan a sus hijos desde hace seis años.

Además, en el 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que, como parte de su propuesta de cambios en el ámbito de la educación del país, cancelaría la reforma educativa de sexenios pasados, detendría el cierre de escuelas rurales y reabriría la Normal “El Mexe” de Guerrero (cerrada en 2008).

La Estrategia Nacional de Mejora de las Escuelas Normales (Gobernación, 2019) propone que cada estado oferte al menos una licenciatura en educación rural, intercultural y de multigrado (de primaria o de secundaria), con el objetivo desarrollar una política nacional que fortalezca las Escuelas Normales a partir de la formación de maestros con conocimientos y aptitudes necesarias para desarrollar integralmente a su alumnado.

Enseñar a enseñar: un modelo adoptado de Francia

A finales del siglo XVIII Francia se reconstruía políticamente tras un siglo marcado por guerras para expandir su territorio. Se propuso instaurar reformas fiscales en el país y cambiar la forma de votar, lo cual trajo revueltas sociales que culminaron en la Revolución Francesa del año 1789.

Una de aquellas reconstrucciones se dio en la educación. Durante la Revolución, la Convención Nacional, en la que se concentraban los poderes ejecutivos, implementó escuelas con un nuevo modelo educativo caracterizado por enseñar cómo enseñar, mismo que años más tarde adoptaría México para fundar las Escuelas Normales.

Es importante aclarar que la primera fue la Escuela Normal Veracruzana, fundada en 1886 por Enrique C. Rébsamen, pero la primera Normal Rural (enfocada en formar maestros que se volverían líderes de sus comunidades rurales y a fomentar la actividad en el campo), se fundó en 1922 en Tacámbaro, Michoacán, según la investigadora educativa del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Alicia Civera Cerecedo.

A inicios de los años 20, José Vasconcelos tenía la intención de integrar a las comunidades rurales dentro de la educación del país y así se crearon las escuelas rurales, con la finalidad de unificar la cultura nacional y alfabetizar comunidades.

Para finales de los 20, las Normales Rurales eran reconocidas por la recién creada Secretaría de Educación Pública (SEP, fundada en 1921) como un acierto para el país.

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Fachada de la Escuela Normal Rural Mixta de Comitancillo, Oaxaca, en 1931, también observamos a sus alumnos en una clase de mimbre. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Entonces se diseñó un plan de estudios de manera formal, se estipuló que todos los planteles contarían con un internado y también que los alumnos tendrían acceso a becas, de acuerdo con la investigadora Civera Cerecedo.

Las becas continuaron por mucho tiempo, el maestro Gabriel Salazar recordó que en sus años de estudiante, en la década de los 60, todos los alumnos estaban becados con 250 pesos, lo que alcanzaba para el hospedaje y la comida, todo lo demás corría por cuenta de los padres. “Cuando recién llegué, como a los tres meses, tuvimos una huelga porque la beca no alcanzaba. Al final subió 50 pesos”.

También mencionó que asistía a clases en un horario discontinuo: iba por la mañana y después otras dos horas por la tarde. Además, la escuela fue fundada bajo una condición especial.

“Cuando construyeron la escuela dijeron que iban a dar el terreno con la condición de que ayudaran al pueblo de Iguala y circunvenidos… había muchos estudiantes de Guerrero, aunque había los que veníamos de otros estados. Yo soy de Morelos”.

Técnicos del ejido

Según Civera, en los años 30 se buscaba dar a México un crecimiento agrario, por ello, el plan de estudios de las Rurales se modificó y ahora debía responder a quehaceres específicos, lo que podría significar una falsa educación al campesinado disfrazada de control sobre él.

A causa de esto, explicó, un grupo de estudiantes fundó en 1935 la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), encargada de proteger a los alumnos de las injusticias por parte de los directores y maestros y que a la vez fomentaba el cooperativismo contra la pobreza de campesinos y obreros.

Años después, en 1988, este diario publicó: “el verdadero objetivo de los líderes de la FECSM era mantener la matrícula lo más alta posible porque ellos eran quienes manejaban las becas y los estímulos para alimentos y otros gastos”.
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Alumnos y profesores normalistas de Comitancillo en 1931, la escuela era mixta. Foto: EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Luego, el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) impulsó una educación socialista y aumentó el presupuesto de las Normales Rurales, el número de escuelas llegó a ser de 36, su mayor en la historia, también se propuso ligarlas a dependencias del Estado que actuaran en beneficio de las reformas agrarias.

Se formaron técnicos enfocados al ejido y se preparó teóricamente a quienes quisieran asumir el papel de líderes sociales y defensores del cooperativismo, de acuerdo con una investigación académica de Manola Sepúlveda Garza.

Durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) las cosas volvieron a cambiar para las Rurales: se redujo su presupuesto, algunos planteles cerraron con todo y los internados que tenían y finalmente, en 1945, el plan de estudios se cambió por uno común que ya no priorizaba el desarrollo del campo, según Civera Cerecedo.

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Alumnos de la Escuela Normal Regional del Sur de Veracruz en clase de apicultura y durante el almuerzo, en 1933. Archivo: Hemeroteca EL UNIVERSAL

El rostro guerrillero de las Normales

En la década de los 50 no hubo grandes modificaciones para las Normales Rurales, pero sí diferencias políticas que se agravaron para los 60: se trataba de un conflicto entre gobiernos estatales y el Grupo Popular Guerrillero, fundado en Chihuahua en 1964, inspirado en la guerra de guerrillas de Ernesto El Che Guevara.

Los líderes del Grupo Popular Guerrillero asaltaron el cuartel del Ejército Mexicano situado en Madera, Chihuahua. El ataque, que fue la primera acción insurreccional de la época de guerrillas en México, se ligó con las escuelas Normales porque algunos de los líderes formaban parte de ellas y desde entonces se les comenzó a tratar violentamente.

El ejemplo fue el de Lucio Cabañas, egresado de la Normal de Ayotzinapa,  jefe del grupo armado Partido de los Pobres de la sierra de Guerrero. En 1974, este diario publicó que el grupo de Cabañas secuestró al entonces candidato a gobernador por el PRI, Rubén Figueroa, como medio para demandar recursos y mantener la guerrilla en la sierra.

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Lucio Cabañas con un grupo de alumnos de primaria. Estudió en la Normal Rural de Ayotzinapa con muchas carencias, por ejemplo, el papel de estraza que le daban para guardar la masa lo usaba para anotar sus apuntes y compraba solamente el repuesto de la tinta de la pluma y la acomodaba en unas varitas que amarraba con hilo. Foto: Centro Histórico Lucio Cabañas.

Como Lucio mantuvo cautivo a Figueroa en la Escuela Normal de Ayotzinapa, esta fue tomada por elementos de las Fuerzas Armadas. El ejército ocupó la escuela por tres meses (lo que duró el secuestro) y al alumnado se le vinculó con la guerrilla de Cabañas.

Otro ejemplo es que las Normales Rurales mostraron su apoyo al movimiento estudiantil de 1968, lo que provocó el cierre de 15 planteles, según el artículo “Escuelas Normales Rurales en México: movimiento estudiantil y guerrilla”, de la Revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM Iztapalapa.

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“Miembros de la XXVII Zona Militar, con sede en Acapulco y al mando del general de brigada Eliseo Jiménez Ruiz dieron muerte ayer, a las 9 horas, a Lucio Cabañas y a 10 de sus seguidores en un enfrentamiento en la región El Otatal, municipio de Tecpan de Galeana”, se lee en esta nota publicada el 3 de diciembre de 1974. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

La generación normalista del 68

El maestro Cirilo Ramírez Leyva, compañero de Gabriel Salazar, contó en entrevista sobre la ocasión en la que compartió el campo de trabajo docente con egresados de la Normal Rural de Ayotzinapa, en la comunidad de Metlatónoc de Guerrero.

“Éramos cinco de nuestra escuela y dos de Ayotzinapa. Nos fuimos en condiciones deplorables. Si no hubiera sido por el espíritu de desarrollar nuestra labor, aunado a la necesidad de hacer nuestro trabajo, no hubiéramos ido. Nos enseñaron a trabajar a donde sea que llegáramos”.

Cirilo ayudó en la mejora de las cocinas de las casas de las comunidades de Metlatónoc, solicitó al gobierno una pareja de cerdos para reproducirlos y dirigió la construcción de dos aulas de clases con las condiciones de ventilación, iluminación y espacio adecuados.

“Los cimientos fueron de adobe, cargamos el material a lomo de bestia desde la comunidad de Tlapa”, relató Ramírez Leyva. En comparación, los egresados de Ayotzinapa se dedicaron a enseñar a los niños conceptos de cambio social en su propia lengua. “Teníamos enfoques distintos sobre la docencia”, comentó don Cirilo.

También recordó que en la década de los 60 los alumnos de la Normal de Ayotzinapa consultaban lecturas de Stalin, Lenin y otros autores que pugnaban por un cambio hacia el socialismo.

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Instalaciones de la normal rural General Matías Ramos Santos, en San Marcos, Zacatecas, en el 2000. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

“En la discusión nos barrían y cuando mis compañeros y yo pensamos en por qué nosotros no sabíamos del tema, uno de ellos dijo: miren, a nosotros nos formaron de otra forma. Somos muy fuertes en la visión del trabajo docente, sabemos dar clases, organizar a la comunidad, administración, planeación… ayudar a las comunidades a mejorar su forma de vida con sus propios recursos.”

Durante la década de los 70 las escuelas Normales fueron conocidas como nidos de guerrilleros, de ahí que se quisiera desaparecerlas mediante un desgaste gradual, según el artículo “Un recorrido histórico de las Escuelas Normales Rurales de México: el acto subversivo de hacer memoria desde los acontecimientos contra los estudiantes de Ayotzinapa” de la revista de Estudios Latinoamericanos de la UNAM.

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Alumnos de la Escuela Normal Rural de Atequiza, Jalisco, en el 2000, realizaban actividades de mantenimiento a la alberca de su escuela como estaba planteado desde su creación y también adaptaron algunos salones como dormitorios. Archivo: EL UNIVERSAL

El maestro Cirilo comentó la ocasión en la que visitó “a vuelo de pájaro” la Normal de Ayotzinapa. “Había un lugar que se llamaba el Foro donde los alumnos se reunían a discutir porque para ellos la política siempre fue muy importante. Tenían un edificio para el plantel, otro para el comedor y los dormitorios”, describió Cirilo.

“Había personas mayores (él y sus compañeros tenían entre 15 y 18). Vimos gente barbada, negros, nos dijeron: aquellos son argentinos, esos chilenos, ellos nicaraguenses… no me consta, pero parecía refugio de personas que salían de sus países”, continuó el maestro.

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“Mientras la pobreza exista, la escuela rural tiene su razón de ser”, consigna de los alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa durante una protesta del año 2007. Foto: Archivo El UNIVERSAL.

A fines de la década de los años 80 llegó el neoliberalismo con la idea de que el individuo se vale por sí mismo y el Programa para la Modernización Educativa 1989-1994 del ex presidente Carlos Salinas de Gortari que implementó salarios con base en las competencias de los maestros, un hecho que rompió la lucha gremial socio-política de las escuelas del país.

Las Normales Rurales pasaron a ser “fósiles del mundo de ayer” que no cumplían con los estándares de competencia en la educación de México, escribió Maider Elortegui Uriarte para el artículo de la UNAM mencionado.

Estudiar para vivir

Este diario entrevistó en marzo de 2000 a Alejandro, alumno de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío, Michoacán, quien aseguró que en la escuela comía mejor que en su casa. Sus compañeros de comunidades campesinas pobres asintieron con la cabeza en ese momento. Algunos iban a estudiar porque no tenían dinero para comer ni para una opción educativa diferente.

El texto narra también el caso de Yolanda González, estudiante de la misma escuela, quien quería terminar su carrera como normalista y después entrar como maestra a una escuela en situación de marginación. Su escuela era de internado mixto, pero sólo los hombres dormían, las mujeres debían pagar caras pensiones en domicilios cercanos.

El maestro Cirilo Ramírez Leyva llegó a la capital en 1972 a dar clases en una escuela primaria de la colonia Constitución de 1917, en Iztapalapa, y a realizar la especialidad en pedagogía en la Normal Superior. Después entró a dar clases en la Nacional de Maestros, que está cerca de Metro Normal, donde laboró hasta jubilarse en 2010.

“Tengo más satisfacciones que amarguras. No sé si cumplí bien o no, pero me siento satisfecho. Las Escuelas Normales son la espina dorsal del trabajo docente. Si no lo son, merecen una revisión para que así sea. Incluso los planes de estudio se deben actualizar cada diez años o menos, porque el conocimiento cambia”, concluyó Ramírez Leyva.

Fuente:

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/mochilazo-en-el-tiempo/las-normales-rurales-un-siglo-de-ensenar-ensenar

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