Construyamos todos juntos un nuevo sistema educativo

Por Esteban Bullrich
Está claro que la tecnología llegó para quedarse, pero no es suficiente. Pensar la escuela fuera de la escuela puede ayudarnos a encontrar caminos de solución.
Sabemos que la pandemia y la respuesta de una cuarentena excesivamente larga generaron un cuadro económico muy difícil para todos los argentinos. Sin embargo, una de las tragedias más grandes que estamos viviendo se da también en la educación.

La cuarentena estricta, que impidió el normal funcionamiento del sistema educativo, obligó a la utilización de caminos alternativos para que los millones de estudiantes continuaran con sus estudios. La tecnología jugó un rol fundamental proveyendo una alternativa útil, aunque no un reemplazo a la clase presencial. Pero el problema termina de agravarse porque en la Argentina todavía hay muchos estudiantes muy lejos del acceso a la tecnología.

Esto se vio en la polémica entre el gobierno porteño y el gobierno nacional. Ocurrió cuando la Ciudad detectó que más de 6 mil alumnos no habían tenido ningún contacto con la escuela en lo que va del año, entonces diseñó y presentó los protocolos correspondientes para una solución precisa, partiendo de la base que no se puede desatender una situación así y que hay que resolverla de la mejor manera posible. Sin embargo, el Ministerio de Educación de la Nación rechazó la iniciativa.

De más está decir que incorporar competencias y habilidades, aprender, no es un acto de voluntarismo, es un acto de esfuerzo que requiere de constancia y de un trabajo docente irremplazable. Porque la formación no es solamente conocimientos sino también capacidad de sociabilización, de trabajo en equipo, respeto a las normas y leyes, formación ciudadana y herramientas para cambiar el futuro. Hoy, para millones de alumnos, eso no está ocurriendo.

En la Argentina cerca de 350 mil jóvenes terminan el secundario cada año. Más de la mitad intentará seguir una carrera universitaria o terciaria. Muchos de esos estudiantes, el año que viene se frustrarán al darse cuenta de que no tienen los conocimientos necesarios. En algunos, esa frustración será vencida por la resiliencia, competencia que también se adquiere en la escuela. Otros, simplemente abandonarán su carrera y tratarán de conseguir un empleo. Así, por este camino, es que la Argentina tiene una de las tasas de graduación universitaria más bajas de la región.

Un país que atraviesa una crisis como la nuestra no puede desatender este problema y taparlo bajo la frazada cómoda de la cuarentena. El año educativo se pierde, no se recupera. Las competencias y habilidades que los jóvenes incorporan tienen su tiempo, su espacio y nosotros debemos dárselo. La presencialidad es necesaria, no reemplazable.

Tenemos una gran oportunidad para repensar nuestro sistema educativo. La escuela no necesariamente es el edificio; la escuela es la comunidad de alumnos, docentes y padres, y las fuerzas vivas. Pensar la escuela fuera de la escuela puede ayudarnos a encontrar caminos de solución. Pensar la escuela en espacios amplios, en los clubes o en los teatros. Y así pensar también en ampliar la jornada escolar con la inclusión de tecnología. Está claro que la tecnología llegó para quedarse, pero no es suficiente.

Deja un comentario

Construyamos todos juntos un nuevo sistema educativo – Sarraute Educación María Magdalena

A %d blogueros les gusta esto: