Fiestas religiosas y ritos políticos en Chile colonial

por  http://www.memoriachilena.gob.cl

La vida cotidiana en el período colonial estaba profundamente marcada por las fiestas y ritos religiosos y civiles que se sucedían a lo largo del año, los que reforzaban el sistema de creencias, organizaban a la población en torno a grupos identitarios y contribuían a reforzar la ideología oficial de la sociedad colonial.

La gran cantidad de fiestas religiosas, que en total llegaban a más de 90 al año, conformaban un nutrido calendario que llenaba la vida cotidiana de las personas y dominaba la vida social. En las fiestas religiosas cada uno de los grupos que conformaban la sociedad colonial cumplía un papel en el espectáculo público, ya sea a través de las ceremonias oficiales, cuya dirección estaba reservada a la elite, o a través del sistema de cofradías, las que identificaban visiblemente a cada uno de los sectores sociales y hacían presente su posición en el conjunto de la sociedad.

Las celebraciones públicas por el acceso al trono de un nuevo monarca, el nacimiento de un heredero real o la recepción de las autoridades coloniales llegadas a Chile formaban un segundo conjunto de fiestas, caracterizadas por el despliegue de un aparatoso ritual cívico-religioso orientado a legitimar tanto a las autoridades como a las elites locales, a la vez que reforzaban los soportes ideológicos de la monarquía. Las noticias eran anunciadas a los súbditos de las colonias americanas a través de reales cédulas, las que en muchas ocasiones llegaban con uno o más años de retraso, y en ellas se ordenaba realizar las ceremonias y demostraciones de alegría y fidelidad correspondientes. Dentro de este grupo de celebraciones, las Juras Reales tuvieron una especial importancia, puesto que eran el momento en el cual la comunidad local reafirmaba sus vínculos de fidelidad con la lejana monarquía española.

La organización y coste de las fiestas, tanto civiles como religiosas, eran responsabilidad de los Cabildos, los que destinaban gran parte de su presupuesto anual a ellas. Las festividades públicas se caracterizaban por el gran despliegue de elementos escénicos, tales como el paseo público del estandarte real, la creación de escenografías realizadas para la ocasión, procesiones, ceremonias, torneos, banquetes, obras de teatro, corridas de toro y todo tipo de regocijos populares.

El modelo que seguían las fiestas y celebraciones públicas era el de la metrópolis española y, de una manera más cercana, la corte virreinal de Lima. Sin embargo, la pobreza del país, acentuada por permanentes catástrofes, guerras y terremotos hizo que las fiestas públicas tuvieran un grado mayor de austeridad que en el caso peruano. De todas maneras, las permanentes dificultades económicas no fueron obstáculo para que los Cabildos y las demás autoridades civiles asumieran su responsabilidad de organizar y financiar el espectáculo festivo.

Tras la Independencia, las festividades reales fueron reemplazadas por otras de corte republicano y nacional. Así, se instituyó la fecha del 18 de septiembre como la principal celebración pública de Chile, en homenaje al día en que se estableció la Primera Junta de Gobierno.

Fuente del artículo: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-626.html

Fuente de la imagen: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-68592.html

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