Evelio Rosero habla de la reedición de su primera novela “Mateo solo”

Por Juan Camilo Rincón

Leer lo macabro de Evelio Rosero hiela las venas y, aunque deja un frío mortal en el pecho, es imposible no continuar su pirotecnia literaria, página tras página, de forma vertiginosa. Desde las primeras líneas, Mateo solo se nos revela como una historia tétrica contada desde la paradójica inocencia de un niño. Leerlo es regresar a las raíces de la obra de Rosero, que después de su primer trabajo, el poema novelado El eterno monólogo de Llo, se arrojó a las aguas de la novela con la trilogía de Mateo solo, Juliana los mira y El incendiado, advirtiéndonos desde los años ochenta sobre la fuerza de su prosa.

Mateo solo es una novela corta que para algunos lectores puede dar la sensación de prolongar la tradición de obras como Aura, de Carlos Fuentes, o Casa tomada, de Julio Cortázar, en las que una psique ensombrecida se ve obligada a transitar entre una atmósfera oscura y personajes casi sepulcrales, atrayendo al lector a un mundo donde la angustia no da respiro.

La filigrana de Rosero en la construcción de la historia de Mateo, quien reescribió varios fragmentos, nos permite acceder a un territorio psicológico pavoroso, desafiado por el candor de un niño de diez años abandonado junto con su hermana en la casa de una tía desesperada por las afugias económicas; una abuela con cáncer terminal, siempre a punto de morirse, y una señora del servicio llamada Pastora, cuya sonrisa, que nunca se borra, los castiga dándole un aire monstruoso.

Es, en síntesis, un texto envolvente que habla del lado más peligroso del encierro: el resquebrajamiento del ser humano bajo la presión y la impotencia; la culpa y la insatisfacción como disparadoras de las peores versiones de lo humano; el abuso y las muchas maneras de ser violentado en el hogar, ese espacio idílico en el que se presume no hay por qué temer a nada y a nadie. Es un rastreo vívido por la gran magnitud que suelen tomar los problemas pequeños, y que llevan consigo la marca de demonios que cobran una fuerza desproporcionada a medida que se acerca el final de una historia. Es, también, una apología de la imaginación como herramienta y recurso para escapar del tormento.

¿Cómo se sintió al leer de nuevo su novela y reencontrarse con un texto que escribió hace 36 años?
Fue mi primera novela publicada. Antes había escrito Papá es santo y sabio, en 1982, pero estaba inédita. Las dos obras prefiguran temas y ambientaciones que desarrollaría en novelas posteriores. La obra novelística de un autor, desde la primera hasta la última, no es sino la misma indagación; se trata de una conversación que se reitera; hay preguntas; las respuestas son las obras.

¿Por qué empezó su obra novelística con una trilogía?
Cuando terminé Mateo solo, me pareció que todavía quedaban muchas cosas por resolver en torno al tema de los niños, de la infancia. Ese fue uno de los motivos por los que no puse punto final en la novela, sino una coma. No solo porque el grito de auxilio de Mateo es interminable, sino porque la novela tenía que ser continuada. Y siguió Juliana los mira, la historia de amor de dos niñas, y por último El incendiado, la adolescencia, los colegios religiosos. De allí el nombre de la trilogía: Primera vez.

¿Qué huellas personales suyas, además de la escritura misma, hay en Mateo solo?
Camacho y José Luis existieron, o existen. Fueron mis amigos en kínder. Los paseos por el barrio, el teatro para adultos al que no se podía entrar son las huellas de la realidad que determinan la novela, igual que los sucesos plenos de ficción se enlazan con la realidad y edifican el total de la novela.

Al leer el libro, sentí una atmósfera que me recordó a Aura, de Carlos Fuentes. ¿Cuáles fueron sus influencias entonces, y cuáles son ahora?
Cada lector es otro creador a partir de lo que lee. En mi caso, como lector de mi obra, no veo nada de Aura, o de Fuentes, en Mateo. De hecho, Fuentes es un escritor que nunca aprecié. Lo leí con desánimo, o no lo terminé de leer. Me parece sobrevalorado. Cuando escribí Mateo solo estaba empapado de literatura rusa del XIX, de Kafka y Joyce. No podría definir influencias. Ahora bien, debo tener influencias como las tiene todo autor, pero me parece que soy dueño de mi voz y de mis temas; no pretendo Macondos ni Dublines; mi obra es mi realidad, siempre cambiante.

Para una historia tan oscura y siniestra, ¿de dónde nace la decisión de que un niño sea quien la narre?
El niño es el principal afectado. Tenía que hablar él. Y no es solamente la soledad del niño, sino que es un niño violentado, acosado. Pero de eso no se dieron cuenta, en su momento, los críticos de turno. Por lo general, se piensa que solo las niñas pueden ser acosadas y violadas. En un colegio femenino, una profesora me increpó como autor de una novela pornográfica. ¡Pobres niñas, qué profesora les tocó padecer! Lo oscuro y siniestro no es solamente la novela, sino el país.

Su primera obra fue un poema novelado, y en Mateo solo uno percibe rastros de la poética y una cadencia casi musical. ¿Esa fue su intención?
Bueno, en todas mis novelas se menciona la poesía como algo latente, inherente a mi prosa. No es algo voluntario, es mi estilo. Pero debo agradecer eso de “cadencia casi musical”. Una de mis correcciones finales es la lectura en voz alta.

Con todo lo que está ocurriendo a causa de la pandemia, la cuarentena y el confinamiento obligatorio, ¿ve el encierro de otra manera?

Desde hace dos años largos estaba embarcado en una novela. La terminé el mes pasado; 365 páginas. Con franqueza, puedo decirle que no había caído en total cuenta de la pandemia. La novela me acompañaba. En mi novela no había pandemia (aunque sí premoniciones), y solo cuando puse el punto final, solo entonces puse los pies en la tierra. No es un encierro igual. Que nos digan que no podemos salir hace las cosas distintas. Me parece haber regresado de un viaje por mares lejanos. Encuentro a todo el mundo ojeroso, cabizbajo y con esos tapabocas como bozales de fieras desconocidas. Es terrible. Y habrá que afrontarlo de la mejor manera. Y, como no se me ocurre otra novela (sería imposible ahora), creo que lo mejor será escribir una especie de memorias, aunque esa palabra no me gusta. Prefiero decir recuerdos. Voy a describir sobre todo los recuerdos esenciales, y principalmente las semblanzas de escritores que conocí en persona durante más de cinco minutos, desde García Márquez hasta el último de los últimos.

Aunque Mateo solo está escrito desde la mirada de un niño, es un libro evidentemente dirigido a un público adulto. Luego vinieron los libros infantiles. ¿Cómo fue esa transición y por qué optó en algún momento por esa literatura?

Años antes de Mateo solo había escrito cuentos para niños, La pulga fiel, El trompetista sin zapatos…, que fueron publicados en México y periódicos bogotanos. También tenía cuentos para adultos; el primero lo publicó Carlos Villar Borda en las Lecturas Dominicales de EL TIEMPO, en el 78, y se titulaba Juliana, que es el nombre que después emplearía para una novela. Cuando escribí Mateo, ya había trabajado bastante en el cuento, unos seis años. Si no se maneja el cuento, no es posible escribir una novela, por más breve que sea.

Me llama la atención que, en una de las páginas, la abuela de Mateo le dice: “… a lo mejor, si yo hubiera sido mala hoy estaría de pie (…), lamento que no fui mala todo el tiempo, cuántas veces tuve la oportunidad de ser mala y feliz…”. ¿Usted cree que, en Colombia, el que es bueno sufre y es infeliz?

Desde cierto punto de vista, y desafortunadamente, sí. Aquí imperan y ríen los malos: el resto son las víctimas.

¿Cómo han cambiado su concepto y su vivencia de la soledad desde que escribió esta novela al día de hoy?
Es que el día de hoy es indefinible, es lo más extraño a lo que nos hemos visto abocados todos. Es la incertidumbre plena. Y no nació de una sopa de murciélago en Wuhan. Nació de un laboratorio de virología, en Wuhan, especializado en buscar y lograr virus letales. El hombre mismo, su iniquidad, en manos de sistemas políticos y líderes aterradores y estúpidos, contra el ser humano. Eso hace que la soledad sea un millón de veces más triste y desoladora.

Fuente de la entrevista: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/evelio-rosero-reedita-mateo-solo-su-primera-novela-que-reflexiona-sobre-el-maltrato-infantil-540452

Fuente de la imagen: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/evelio-rosero-reedita-mateo-solo-su-primera-novela-que-reflexiona-sobre-el-maltrato-infantil-540452

 

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