El secreto de Adaline

Por  Salvador Llopart

Vivir para siempre, no envejecer jamás. Y a pesar de todo, ser infeliz. Borges habló de ello en El inmortal, la historia del tribuno Marco Flaminio que, tras bañarse en el arroyo de la vida eterna, busca, cansado, otro manantial que le devuelva su mortalidad. Porque vivir, cuando la vida no cesa, es agotador. Imaginemos ahora semejante paradoja borgiana pasada por el cedazo de Nicholas Sparks y nos haremos una idea de la atmósfera de romanticismo exacerbado que envuelve El secreto

El filme cuenta la historia de Adaline Bowman, la joven que por un inesperado y fantasioso giro del destino -donde tiene mucho que ver un accidente con nieve (en verano) y un rayo de por medio- se planta, como resultado, en los 29 años. Para siempre, sin envejecer jamás. Como si fuera un vampiro, pero sin temor de la luz del Sol ni necesidad de sangre.

Y así Adaline pasa por dos guerras mundiales y todas las convulsiones del siglo XX instalada en la eterna juventud. Quizá por eso tiene, en manos de la efectiva Blake Lively, la que fue estrella de Gossip girl, un aire de melancolía cansina, más propio de actrices como Gilliam Anderson o Cate Blanchett, con las que Lively comparte presencia y aura. Adaline se conoce bien la película de su vida y por eso se protege de los errores con desapego. El secreto… se mueve por las peripecias de su existencia con fluida elegancia, recreando el ambiente de los momentos históricos. El relato subraya la imposibilidad de amar por toda la eternidad y la necesidad de huir. Adaline cree que la persiguen pero en realidad huye de sí misma, de ver como todo envejece a su alrededor, incluida su hija (Ellen Burstyn). Hay que ver a la gran Burstyn transformarse en una niña en brazos de su madre, cuando en realidad parece su abuela.

Pero la llamada del amor finalmente llega de la mano del príncipe azul (Michiel Huisman. Para conocedores: el Daario Naharis de Juego de tronos), que aquí es un joven millonario capaz de devolver la alegría a la triste Adaline. O eso parece, hasta que un viaje a casa de los padres de este la retrotrae a momentos pasados más dolorosos. Entonces aparece Harrison Ford para dotar de humanidad un encuentro que podría resultar cómico.

Puede que El secreto de Adaline sea reiterativo en su romanticismo, por momentos empalagoso. No es un cuento de Borges. Pero tiene encanto y capacidad de evocación.

Fuente de la reseña: https://www.lavanguardia.com/cine/20150731/54434692756/el-secreto-de-adaline-critica-de-cine.html

Fuente de la imagen: https://www.tuversionplus.com/?id=164

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El secreto de Adaline – Sarraute Educación María Magdalena

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