El sistema educativo no entiende a la juventud

Por Karina Fuerte

Tengo un sobrino que este año termina el bachillerato. Hace unos días confesó que ha decidido que no quiere ir a la universidad, no si ésta va a ser en línea. Su experiencia de aprendizaje online durante la pandemia le ha hecho creer que la educación en línea es tediosa, pesada y desmotivante. Lleva clases frente a su computadora todos los días de 7:30 am a 3:00 pm, con pequeños breaks entre cada clase. ¿Pero es este el problema, la duración de las clases? ¿O su rechazo se debe más bien a que los contenidos de las clases no lo motivan? Porque muchos adolescentes (y adultos también) pueden pasar horas y horas frente a una pantalla sin aburrirse ni quejarse, ya sea viendo videos en TikTok o jugando Fortnite, FIFA o Animal Crossing.

¿Cuál es la diferencia? Estas actividades también se realizan frente a una pantalla. La diferencia es que estas últimas son actividades divertidas, crean un sentido de comunidad y pertenencia en quienes participan en ellas, y a que, en cierta forma, son actividades “manuales” donde ellos mismos crean videos, escenarios, y hasta vidas completas en el entorno virtual.

No así con la experiencia educativa que muchas niñas y jóvenes tienen en las escuelas. “Creamos escuelas aburridas”, dice Tom Vander Ark en un reciente artículo publicado en Forbes. Los maestros son los primeros acusados y a quienes se suele atribuir la mayoría de los problemas que enfrenta la educación, la semana pasada ya hablábamos de esto. Sin embargo, los maestros no son los culpables. “Es el sistema que nos han heredado”, agrega Vander Ark.

Este sistema permea todos los niveles educativos, pero es el nivel medio (secundaria y bachillerato) el que más sufre las consecuencias. La adolescencia es una de las etapas más complicadas que vivimos todos los seres humanos, es precisamente durante esos años en los que experimentamos una serie de cambios físicos, hormonales y emocionales, cuando más incomprendidos nos sentimos por los adultos que nos rodean. “Tenemos una educación que no entiende a los jóvenes y a los adolescentes, porque en general tiende a girar sobre sí misma”, señala Renato Opertti, director de la Escuela de Postgrados de la Universidad Católica del Uruguay y de la iniciativa EDUY21. Al sistema educativo le falta ampliar su mirada cultural, sociológica y antropológica hacia los jóvenes, “no como objetos de aprendizaje, sino como sujetos activos, que toman decisiones, que producen conocimiento”.

Solemos ser condescendientes con los adolescentes, pensando que son tontos, insolentes y flojos. No son ‘pizarras en blanco’ como suele decirse, “son agentes activos que aportan conocimientos y experiencias. El aprendizaje comienza conociendo a los estudiantes donde están”, advierte Vander Ark. En el newsletter de la semana pasada compartíamos un artículo de El País en el que María Ángeles Díaz, madrileña de 16 años, manifestaba su enojo ante las decisiones que los políticos llevan a cabo sin tomarlos a ellos en cuenta, como si no existieran.

Y es que si ya de por sí la adolescencia es complicada, imagínense ser adolescentes durante una pandemia. Las búsquedas en internet relacionadas con enfermedades mentales han repuntado significativamente durante la pandemia por COVID-19. “Conocer qué piensan los alumnos y cómo se sienten es fundamental para propiciar una vivencia estudiantil exitosa dentro y fuera de las aulas”, señala el profesor José Carlos Vázquez Parra en el Edu bit de esta semana titulado: ¿Se puede enseñar a ser feliz en tiempos de COVID-19?

El estado emocional de los estudiantes es una pieza clave en su proceso de formación, sin embargo, es un aspecto que se ha descuidado ampliamente en los planes de estudio. “El bienestar emocional es algo que pocas instituciones ponen atención, salvo que se vuelva un problema”, así lo perciben los estudiantes del Dr. Vázquez Parra. Aunque son cada vez más las universidades que están prestando atención al bienestar del estudiantado, no basta con proveer cursos de mindfulness, se necesita un cambio completo de la cultura universitaria y ésta incluye a todos los miembros de la comunidad: estudiantes, profesores (de planta y asociados), personal de investigación, directivos, administrativos, staff de apoyo. ¿Cómo pueden los docentes ayudar a sus alumnos a ser felices si ellos mismos necesitan apoyo emocional?

Sin duda, estamos viviendo un año que nos ha planteado grandes desafíos y cuestionamientos. Si ya de por sí el valor de la educación superior se venía cuestionando desde hace varios años, hoy el riesgo de deserción es cada vez mayor. Muchos jóvenes, al igual que mi sobrino, están dudando si vale la pena ir a la universidad, mientras que otros, a raíz de la pandemia, se ven obligados a desertar. Pero ni el coronavirus ni los docentes son los culpables de este posible éxodo estudiantil, de nuevo, es el sistema. “No es que los jóvenes abandonen, sino que son expulsados por un sistema educativo que no les da oportunidades de aprender de una manera sostenible, progresiva y fluida”, advierte Opertti.

¿Cómo resolver estas problemáticas? Creo que el primer paso debe ser asegurarnos que quienes están frente a las aulas (ya sea virtuales o presenciales) sean valoradas y cuenten con el apoyo económico, emocional y formativo necesario para desempeñar su labor docente. El segundo paso sería recordar que “no basta con formar futuros profesionistas”, la Universidad no debe centrarse únicamente en crear individuos competentes para el mundo laboral. Las universidades deben volver a ser espacios de conocimiento, reflexión, debate y crítica.

Fuente:

https://observatorio.tec.mx/editorial/no-entendemos-a-la-juventud

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El sistema educativo no entiende a la juventud – Sarraute Educación María Magdalena

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