REDONDO “On The Rocks”

Por Güiris J. Fry

 

Bajo el estigma de los Coppola y esa carretera fílmica que han ido construyendo a través de un sinuoso y ofusco camino temporal; debatiendo sobre si mismos, disfrazando en catárticos parajes sus ciclos familiares y revistiendo sus álter ego en histriones que expían o asumen la expiación que ha quedado en el variopinto avalúo de un legajo de conciencia, Sofia Coppola entrega su séptimo largometraje con un más que potente guiño a su segunda obra de larga duración: Lost in Translation (2003). En esta ocasión, claro, posiciona en un aparente primer plano su propio núcleo familiar; su rol de madre y pareja asumiéndose con una moderación cercana a la madurez, con el ruedo superficialmente controlado para resolver sus temores y dudas, aunque claro, al final el peso de su linaje acapara la resolución de todo lo acontecido en la trama.

Escrita sobre el cobijo de una comedia de tono aligerado, Coppola encuentra los elementos de su conflicto en la crisis de la medianía de edad –tradición hollywoodense por excelencia– y sobre ella construye un sencillo encadenado que pretende observar con un agridulce candor los dilemas de las relaciones de pareja. Más que el hastío (como lo hizo en aquel filme anterior ya citado), son las vacilaciones, pesadumbres, vaguedades, desventuras y titubeos personales, profesionales y hogareños los que reinterpretan el coloquial panorama guiando todo a un extremo de confusa imaginación: falsa intuición/aletargadas consideraciones: impuestas advertencias. En este caso, claro, con un pintoresco trazo que pinta la cinta en una carrera pseudo detectivesca por hallar una verdad que, sinceramente, es fácil de allanar a medio camino.

Para ello, claro, tenemos como referencia el ciclo de “Comedias y Proverbios” que Éric Rohmer filmara en la década de los 80; con una inexpugnable naturalidad y sencillez atrapa una dimensión reflexiva profunda, sobre todo honesta, que atañe de manera universal. Frases simples pero contundentes que compendian un análisis y estudio de aquello que ha de ser presentado/proyectado generando una fuerte atmósfera sugerente. El caso aquí en On The Rocks, claro, es muy distinto. Coppola hace un ejercicio de introspección severamente pop –como a bien es su estilo– que le concierne a un circulo muy cerrado; los suyos y aquellos que miden el dolo detrás de una vitrina autoimpuesta de decoro pero que, claro, se agobian cómodamente día a día. Los conservatorios que se presentan no son del todo naturales, fuerzan su entrada en cada línea de diálogo y son cuasi impuestos, aleccionadores, no tienen la fuerza afectiva necesaria. Son robotizados, sacados fríamente de un libro (manual) y no de la experiencia cruda y errante de la vida.

Protagonizada por Rashida Jones (hija de Quincy Jones) en un papel construido  histriónica y cinematográficamente para ella como una segunda parte del de Scarlett Johanson en Lost in Transalation (varios planos recrean su silueta confabulando con la luz y el vestuario), así como un Bill Murray que si bien genera el carisma esperado, ya comienza a notarse cansino en el rol que le han impuesto o bien se ha auto-impuesto en los últimos años. Resulta empático, sí, pero su poder dentro de una narrativa ya no tiene un volumen de peso. Su presencia resulta siempre un cameo, aunque sea un rol central. No hay densidad en su interpretación.

Los aspectos técnicos son en suma eficaces, tanto la fotografía de Philippe Le Sourd, el montaje de Sarah Flack y el diseño de Anne Ross se amalgaman para rodear de manera asertiva un guion que se construye de manera ortodoxa y cuadrada: todos sus elementos están colocados donde se debe, siguiendo la pauta requerida, todo igualmente se resuelve como lo dicta la norma, como las leyes lo imputan; en realidad la cinta resulta amena y divertida hasta cierto punto pero hay una disciplina tan cristalina que trae consigo algo de opacidad. Estamos ya, pues, ante la nueva normativa de la industria por la corrección política.

El cine puede llegar a ser una terapia, claro. Coppola nos los demuestra una vez más como tantos otros ejemplos hemos tenido a lo largo de las décadas. Pero los razonamientos que de ella emanen deben auxiliar a tener un grado de atención universal, apegado a los tiempos vividos: el cine como representación (social, temporal, histórica, etc.). On The Rocks no logra del todo ello. Lo que se evidencia aquí es una serie de cavilaciones que nos hablan más claramente de una generación que dice preocuparse por el mundo, gritándolo presuntuosamente en un mundo virtual, pero solo mira hacía sus adentros olvidando el diálogo y la disertación con los demás. Con el resto del mundo.

Fuente:

REDONDO “On The Rocks”

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REDONDO “On The Rocks” – Sarraute Educación María Magdalena

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