El camino del héroe: El héroe de las mil caras

Por David Hernández de la Fuente

La nueva traducción al español del gran libro de Joseph Campbell sobre la estructura psicológica del mito certifica su influencia en la narrativa literaria y audiovisual actual

¿Son cuatro las historias?, como intuyó Borges, ¿que estamos destinados a repetir “durante el tiempo que nos queda”? ¿O es una sola? Según la tesis del monomito de Joseph Campbell hay un esquema común, un patrón subyacente a todas las historias de la narrativa patrimonial del ser humano: es el periplo de un héroe que responde a una llamada aventurera para dejar su mundo conocido —tras una reticencia inicial superada gracias a un mentor—, atraviesa el umbral que lo lleva a un mundo extraordinario, descubre a sus aliados o enemigos, cumple una hazaña o supera una crisis decisiva y regresa a casa transformado y para transformar su contexto inicial. Esta es la idea de base del celebérrimo primer gran libro de Campbell, El héroe de las mil caras (1949), que vuelve a publicarse ahora en una nueva traducción de Carlos Jiménez Arribas.

La reducción de la narrativa patrimonial del ser humano a una gran estructura que se repite ad libitum es una genial intuición que comparte el mitólogo norteamericano con la propuesta paralela que hace, 20 años atrás, la Morfología del cuento (1928), de Vladímir Propp, curiosamente en el ámbito de la otra gran potencia del siglo XX, la Unión Soviética. Para su tesis inicial Campbell fue influido por la antropología clásica y la psicología arquetípica jungiana, pero no leyó a ­Propp, que tuvo una tardía influencia en Occidente, solo desde su traducción al inglés en 1958 (que, por cierto, precipitará el emerger del estructuralismo mitológico de Lévi-Strauss). Pero llama la atención lo mucho que sus dos intentos tienen en común: Propp desde la comprensión global de la narrativa folklórica, Campbell desde el psicoanálisis del mito. Les une el empeño por poner de manifiesto las etapas de la narración mítica y popular extrayendo las “invariantes” —por usar terminología estructuralista— de este tipo de relatos.

El intento de Campbell es heredero —como el de Propp— del gran desarrollo de la tradición comparatista que comienza a principios del siglo XIX con la lingüística indoeuropea, las compilaciones de cuentos de los Grimm, la religión comparada de Müller y el comienzo de la antropología científica. Pero la diferencia crucial es la incorporación de los sueños a esa amalgama primordial de narrativa básica a partir del psicoanálisis: las estructuras básicas del cuento o el mito pasan, sobre todo con los arquetipos de Jung, a compararse con la narrativa onírica. Campbell propone superar la dicotomía comparatista entre filiación y poligénesis, que había marcado la discusión en ámbitos como los del cuento enmarcado, el mito o la fábula, a través de la indagación psicológica.

Su explicación de esas grandes historias comunes de la humanidad marcó un hito: discutido por otros mitólogos, antropólogos, sanscritistas o clasicistas, no ha perdido, a mi ver, ni un ápice de su atractivo. Solo hay que fijarse en la enorme recepción de El héroe de las mil caras en la cultura contemporánea, en la novela, el cine o las series, ya desde su publicación. La escuela campbelliana se ha extendido, por ejemplo, a la narrativa audiovisual: el guionista Christopher Vogler popularizó en los ochenta los esquemas del libro en un memorándum, en principio para Disney pero que luego circuló por diversos estudios, que más tarde se transformó en El viaje del escritor (1992). Es conocida la admiración de George Lucas, creador del universo de Star Wars, por el monomito y su amistad con Campbell, quien se convirtió en una figura muy popular a raíz de una serie de entrevistas televisivas con el periodista Bill Moyers grabadas en 1988 en el rancho Skywalker. El viaje del héroe arraigó no solo en la escritura creativa, sino también en la psicología, como se ve en los populares estudios de otra discípula campbelliana, Carol S. Pearson, sobre los arquetipos heroicos. Entre psicología y narrativa, sueño y mito, hay que leer aun hoy a Campbell, epígono de Jung y, a la vez, estudioso de la narrativa de Joyce: su destacada vertiente literaria hunde sus raíces en el Finnegans Wake, que acuña el propio término “monomito”.

Resta añadir unas palabras sobre la nueva edición, que se publica en el marco del meritorio proyecto de la editorial Atalanta, tras su acuerdo con la Joseph Campbell Foundation, de publicar en castellano los opera omnia del mitólogo. La nueva traducción, sobre la base de su nueva edición definitiva por esta fundación que gestiona el legado del autor, ha mejorado mucho a Campbell en castellano. Se aportan además los textos citados, antiguos —grecolatinos o sánscritos— o modernos —Dante, por ejemplo—, siempre en traducciones de las lenguas originales, no a partir de la versión inglesa, tomándolas de ediciones de prestigio. Es un nuevo Campbell en español que permite reconsiderar su visión sobre el mito para comprender su relevancia en la creatividad actual. Hoy podemos evaluarla sobre todo en las ficciones audiovisuales, más basadas que nunca en esos argumentos universales: Jordi Balló y Xavier Pérez lo mostraron en su excelente libro La semilla inmortal(1995). Y sobre el monomito, sí, tal vez seguiremos contando la misma historia: no cuatro, se corregía el último Borges en una entrevista televisiva, al decir que siempre había reescrito su primer libro, Fervor de Buenos Aires, una y otra vez. ¿Es una la historia en todo formato y cultura? ¿Uno el héroe —el buscador de tesoros, el que vuelve a casa, el que descubre la tierra prometida— tras toda trama y estructura? El héroe de las mil caras sigue proponiendo respuestas y asociaciones enormemente sugerentes al respecto.

 

 

 

Libro en pdf:

El héroe de las mil caras

 

Fuente de la información e imagen:

https://elpais.com/babelia/2021-01-15/el-camino-del-heroe.html

 

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