Educación y Universidad

Por Raul Carranca

Don Justo Sierra pronuncia un discurso memorable el 26 de abril de 1910 en la Cámara de Diputados, en su calidad de Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, donde presenta su iniciativa para la fundación de la Universidad Nacional de México. En ella se refiere a un aspecto sobresaliente de la educación, cuestión ésta que por su importancia actual y en tiempos de pandemia deberían recordar, y aplicar, las autoridades educativas. Se trata de un legado extraordinario que por la educación virtual que hoy se imparte, alternada con la presencial donde haya semáforo que no sea rojo, es pauta para todo el proceso educativo que reclama el país.

Relata don Justo cómo siendo Ministro de Instrucción Pública convino con el Presidente de la República en aplazar la creación de la Universidad Nacional “para cuando estuviera suficientemente organizada y desarrollada la educación primaria, cuando la educación secundaria hubiese comenzado a dar todos los frutos que de ella se esperaban, cuando la educación profesional estuviera desarrollándose de un modo que le fuera propio y adecuado; sólo entonces, y después de la creación de una Escuela de Estudios Superiores, de Altos Estudios, era cuando podía sonar la hora de creación para la Universidad Nacional; tal es el momento actual, señores diputados”. Y continúa: “Si la Universidad tratase simplemente de dar vida a elementos que se distinguieran en el orden del estudio y de la ciencia, para separarlos del resto de la educación nacional; para convertirlos en una especie de aristocracia de grupos distinguidos por el saber, aislados por un Nolli me tangere y constituyendo una casta privilegiada que no tuviera su sustento y su vida en la savia propia de la democracia, la Universidad no podría ser creada por vosotros ni habría un ministro que osara presentar ante la Cámara un proyecto semejante. Se trata de una Universidad que sea el coronamiento de una grande obra de educación nacional… En cada escuela primaria, en cada escuela mexicana se educa a la nación… pero la educación nacional en su preparación genuina, en su base, la hace el profesor primario… porque la nación considera que la educación primaria es un servicio público de suprema importancia, y que por ser un servicio público de tamaña importancia necesita vigilarlo, regentearlo directa y constantemente, sin cesar, y por eso, tanto la escuela primaria, como las escuelas normales que preparan su profesorado y que están íntimamente unidos a ella, permanecerán bajo la dirección inmediata del gobierno, que considera a los maestros como verdaderos funcionarios de la nación, responsables ante la nación misma”. Palabras que hoy deberían resonar en la conciencia educadora del gobierno. Por eso los maestros de primaria y secundaria deben presentar un cuerpo uniforme, igual que los alumnos, para que el mensaje educativo llegue también de manera uniforme a los educandos, creando así una generación que no aprecie las cosas de manera distinta. El verdadero destino de México está aquí. Vivimos momentos de transición en que sería catastrófico dejar parte de nuestra herencia fuera del camino. En tal virtud las palabras de Don Justo nos indican que la Universidad es la meta a alcanzar, pero en uniformidad con los mismos ideales y la misma herencia. La unidad nacional de la que tanto se habla debe ser primero unidad en la educación, tanto del que educa como del que es educado. No hay otro camino.

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Educación y Universidad – Sarraute Educación María Magdalena

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