David Lynch cumple 75 años

Recibió la Medalla de la Filmoteca de la UNAM en el 2020 durante la XXIII edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato, donde el ganador de la Palma de Oro también impartió una clase magistral

Creador de imágenes perturbadoras y secuencias dignas de una pesadilla, el cineasta David Lynch cumple 75 años como uno de los realizadores más populares del séptimo arte. A lo largo de su filmografía a cosechado premios como el Oscar, que le fue entregado de manera honoraria en el 2020; una Palma de Oro y un reconocimiento a Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes; además, de la Medalla de la Filmoteca de la UNAM durante el la XXIII edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

Con motivo de su cumpleaños, hacemos un repaso por los puntos importantes de su obra:

Su carrera

El cineasta nació el 20 de enero de 1946 en el pequeño pueblo de Missoula, en Estados Unidos, inició su carrera en los años 60 con una serie de cortos animados que llamaron la atención de la crítica especializada gracias a su particular estética, digna de una pesadilla, que a larga se convertiría en uno de los rasgos característicos de su obra fuera y dentro de la pantalla.

Ese estilo, como lo narra la biógrafa del cineasta Kristine McKenna en el libro Room To Dream, se gestó desde la infancia de Lynch, un artista que siempre estuvo interesado en la “apacible” estética del pequeño pueblo en el que nació, lleno de bardas blancas y vecinos sonrientes, y lo que escondía cada casa del mundo exterior.

“Vivimos en un reino de opuestos, un lugar donde el bien y el mal, el espíritu y la materia, la fe y la razón, el amor inocente y la lujuria carnal, coexisten en una tregua siniestra; el trabajo de Lynch reside en la zona complicada donde chocan lo bello y lo maldito”, detalla McKenna.

Su primer largometraje, Cabeza de borradora (Eraserhead, 1977), se convirtió en un fenómeno de las funciones de medianoche de su país natal, a pesar de sólo tener un presupuesto de 10 mil dólares. La cinta cuenta la historia de Henry Spencer (Jack Nance, uno de los actores recurrentes de Lynch), un hombre que experimenta una fuerte crisis de vida gracias al nacimiento de su primer hijo, un pequeño mutante de pulmones incansables.

El éxito de esa pequeña producción lo puso en la mira de los grandes productores cinematográficos, en especial del italiano Dino de Laurentiis, quien lo contrató para dirigir 3 largometrajes: El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) –película que logró 8 nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor Principal–, Duna (Dune, 1984) –filmada en nuestro país y considerada un fracaso en taquilla– y Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), uno de sus obras más personales.

Después de la experiencia con De Laurentiis, el realizador llevó su carrera lejos de la industria hollywoodense, enfocando cada vez más su cine fuera de las presiones de los estudios, la taquilla y el público, como lo demuestra su trabajo en Salvaje de corazón (Wild At Heart, 1990) –por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes–, la serie de televisión Twin Peaks (1990-1991) y su “precuela” cinematográfica Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me, 1992) –ésta recibió un largo abucheo durante su premiere en Cannes, aunque con el paso de los años ha sido revalorada y, actualmente, es considerada entre lo mejor de su filmografía–.

El trago amargo de Twin Peaks: Fuego camina conmigo llevó a Lynch a tomarse un tiempo del cine (dirigió algunos cortometrajes, videos musicales y campañas publicitarias), su regresó a la gran pantalla se dió en 1997 con la pesadillesca Por el lado oscuro del camino (Lost Highway), a ésta siguieron Una historia sencilla (The Straight Story, 1999) –su proyecto más “normal”, fue distribuido por Disney–, y Sueños, misterios y secretos (Mulholland Dr., 2001), éste inició su camino como un “spin-off” de Twin Peaks hasta convertirse en un largometraje, con él obtuvo el premio a Mejor Director del Festival de Cannes.

A los triunfos cosechados por Mulholland Dr. siguió otra temporada en la que Lynch enfocó sus energías a dirigir cortos, performance, documentales y conferencias sobre la meditación trascendental, de la que es fiel seguidor. A esta actividad, siguió su largometraje más reciente: El imperio (Inland Empire, 2007), ganadora del Future Film Festival Digital Award en el Festival de Venecia y que en nuestro país fue estrenada con éxito en el extinto Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO).

Aunque no ha regresado al cine y ha concentrado sus energías en seguir dirigiendo cortometrajes, David Lynch volvió en el 2017 a una de sus historias favoritas gracias a la aparición en televisión de Twin Peaks: El regreso (Twin Peaks: The Return), donde el Agente Dale Cooper (Kyle MacLachlan) busca resolver –es un decir– de manera definitiva el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee). La miniserie fue considerada la mejor película de la década pasada por la prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinéma.

Entendiendo a David Lynch

“Lynch creo que es parte de una gama especial de cineastas que, ya desde hace muchos años, representan ese otro cine para los jóvenes. El cine extraño, underground, de culto, con el que das el paso y dejas de ser un mero espectador casual” explicó en entrevista Eric Ortiz, docente de la FES Aragón especializado en el cine de horror, sobre la fascinación que mantiene la obra del cineasta estadunidense entre los cinéfilos, a esto añadió:

“Actualmente parece que a la menor provocación, se le etiqueta como lynchiano a algo ‘extraño’. Pienso que, a diferencia de otros, Lynch trasciende estas etiquetas. Desde Eraserhead se estableció como una voz única. Su cine, más allá del debraye sin sentido de sus incontables bastardos, tiene más de una capa. Poderosas imágenes que al mismo tiempo siempre te dejan pensando por su riqueza temática.”

Es una idea de la que hace eco Jorge Negrete, colaborador de Derretinas –espacio cinematográfico de Resistencia Modulada, la barra nocturna de Radio UNAM–, “es un cineasta cuya visión es tan única y su estilo tan abrumador que inmediatamente se saturó de sí mismo, tan inusual que su esplendor y su decadencia están en el mismo punto. La perturbación inicial que sus películas parecen provocar en primera instancia, descansa sobre una armonía cáustica, aquella que viene después de una destrucción total. Ese es el tipo de paz que solo un sabio podría entender.”

La obra de David Lynch, como subrayó en entrevista el crítico cinematográfico, analiza el lado más oscuro de los Estados Unidos. Esto lo coloca como el “cineasta más típicamente estadounidense”, afirmó Negrete, “que es capaz de tomar los elementos más reconocibles de esa cultura para extraer lo que es puramente estadunidense: no el ruido y el absurdo, sino el silencio y la transparencia.”

Asimismo, consideró Eric Ortiz, editor de la revista digital Cinema Inferno, la carrera de Lynch puede leerse como una revisión perversa del cine norteanericano, donde los géneros que han marcado su historia son canibalizados y transformados. “Lynch es fan del cine clásico de Hollywood, diría que Hollywood como tal, como esa fábrica de sueños que se fue esfumando con el inevitable paso del tiempo o que quizá siempre fue parte de la imaginación, también está entre sus obsesiones: no por nada le encanta El ocaso de una vida (Sunset Blvd., 1950)”, agregó.

Esta visión crítica de los Estados Unidos, mezclada con su gran tradición cinematográfica, es la clave para entender la vigencia de David Lynch en el inconsciente colectivo, reiteró Ortiz, además de que se ha convertido en una especie de guía espiritual para las nuevas generaciones.

“Es curioso que aunque lleve 14 años sin estrenar una nueva película, Lynch parece estar más presente que entonces. El regreso de Twin Peaks es importante para entender su vigencia, pero creo que se ha convertido en una figura, más que enigmática o excéntrica, reconfortante. Años antes de la pandemia actual, Lynch era prácticamente un ermitaño en paz, que continuamente repite ‘bebes café, fumas cigarrillos, pintas, y eso es todo’. Esa es su filosofía de vida. Creo que, ahora incluso en redes sociales con su Reporte del clima, la gente encuentra en Lynch una tranquilidad más que necesaria”, puntualizó.

Por su parte, Jorge Negrete concluyó: “Lynch no ha cambiado, ni necesita hacerlo, su vigencia radica en su atemporalidad.”

Fuente:

https://www.gaceta.unam.mx/david-lynch-cumple-75-anos/

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