México: “Un virus demasiado humano”: los aportes de Nancy

Está claro para todos que la pandemia definirá un “antes” y un “después” en la historia del planeta. Y nos lleva, entre otras muchas cosas, a revalorar nuestros valores más íntimos y de identidad.

Por Julio Moguel

En un artículo signado por Giorgio Agamben el 22 de febrero de 2020, titulado “La invención de una pandemia”, el conocido teórico italiano se atrevió a asegurar, como indicaba el mismo título del texto, que el coronavirus no era más que un “pretexto” para profundizar el “Estado de excepción” (base de una parte muy relevante de su conceptualización en torno a la “forma de régimen” que priva o tiende a prevalecer en el planeta). Con una conclusión tajante –de la que seguramente después se arrepintió–, en el sentido de que “parecería ser que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una pandemia [podía] ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de los límites.”

Agamben puede ser perdonado acaso por este dislate sólo por el hecho de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no había declarado oficialmente aún, aquel 22 de febrero, la existencia universal de la pandemia. (Fue el 30 de enero cuando el Covid-19 fue considerado por la OMS como una Emergencia de Salud Internacional. Y fue hasta el 10 de marzo –40 días después– cuando la misma organización le dio el status de pandemia).

Pero desde la perspectiva indiciaria que nos regala el psicoanálisis, o desde las reflexiones ya viejas en torno a lo que significa “producir –realmente– un conocimiento”, el famoso y prolífico escritor deja mucho que desear, colocándose en un plano fundamentalista o metafísico inaceptable para cualquier tipo de estudio, artículo o reflexión.

No sé si su aproximación en torno a la “invención de la pandemia” haga perdurar su teoría sobre el “Estado de excepción”, pero esta es en sí misma sospechosa de no tener sólidos fundamentos pues, desde dicha perspectiva, prácticamente todo lo que sucede y sucederá en la vida de este mundo entra o entrará en la esfera de “la excepcionalidad”. Lo que termina por caer en un círculo vicioso de pensamiento que, como los que solía producir el althusserianismo, llevan a que se caiga en errores garrafales pues la realidad no puede leerse o entenderse derivando un concepto de otro concepto ad infinitum, en una línea especulativa que limita o anula en definitiva toda verdadera reflexión.

Giorgio Agamben (Foto: Getty).

II

A sólo cinco días de distancia de que Agamben produjera su breve ensayo sobre “la invención del virus” –también en el tiempo previo a la declaratoria de la OMS en torno a la generalización de la pandemia–, el conocido filósofo francés, Jean-Luc Nancy, escribió un artículo titulado “Excepción viral”, dirigido justamente a rechazar punto por punto lo que había escrito “su amigo”. Con una tajante conclusión: “Giorgio dice que los gobiernos toman todo tipo de pretextos para establecer estados continuos de excepción. Pero no se da cuenta de que la excepción se convierte, en realidad, en la regla”, lo que quita por tanto a esos mismos hechos su condición de excepcionalidad.

Pero Jean Luc-Nancy no quiso dejar las cosas en una simple crítica coyuntural o de paso frente a lo que había argumentado el influyente teórico italiano. De tal forma que, rompiendo todas las “reglas” no escritas del respeto –mal concebido– “entre intelectuales”, quiso mostrar que “detrás” del dislate del Agamben había un problema profundo en la lógica o en el método de la reflexión, haciéndolo a través de una especie de alegoría que lo implicaba de manera directa: “Lamento traer a colación un recuerdo personal, pero no me distancio, después de todo, de un registro de reflexión general. Hace casi treinta años, los médicos me prescribieron hacerme un trasplante de corazón. Giorgio fue una de las pocas personas que me aconsejó no escucharlos. Si hubiera seguido su consejo, probablemente habría muerto tarde o temprano. Uno puede equivocarse. Giorgio sigue siendo un espíritu de finura y bondad que puede ser llamado –sin ironía– excepcional.”

De esa manera, con estocada profunda, Jean-Luc Nancy prevenía a sus lectores de toda lectura egocéntrica e irresponsable, capaz de moldear “la realidad” desde un “saber” o desde un “conocer” omnipotente, negando sin más algunos de los hechos más simples que surgen en el cotidiano des-ocultamiento que produce, a veces con alguna pizca de azar o de milagro, “la verdad”.

Jean-Luc Nancy (Foto: European Graduate School Video Lectures)

III

En un libro recién aparecido de Jean-Luc Nancy, titulado Un virus demasiado humano, platica que en la India al coronavirus le suelen llamar el comunavirus. Es decir –señala el propio Nancy–, se trata de un virus que nos comuniza. Lo que es sin duda “mucho más profundo que el irrisorio ‘corona’, que evoca ciertas historias monárquicas e imperiales.”

Y Nancy festeja esta popularización, en la India, de una idea que rompe radicalmente con la forma en que la mayor parte del mundo está considerando a la pandemia. Pero ¿por qué dice el escritor francés que el virus nos “comuniza”? Porque “nos pone en pie de igualdad y nos reúne en la necesidad de hacerle frente juntos”.

¿Pero qué pasa con los efectos desastrosos del “confinamiento” al que obliga el tremendo coronavirus? ¿No rompe justo con todos los hábitos de convivencia y de comunalidad que forman parte de nuestra “normalidad”? De ninguna manera, responde el escritor, pues “el aislamiento de cada uno no es más que una manera paradójica de experimentar nuestra comunidad. No es posible ser único sino entre todos. Es lo que constituye nuestra más íntima comunidad: el sentido compartido de nuestras unicidades.”

Y Nancy sigue desde allí exprimiendo la naranja: “en la actualidad, y de muy distintas formas, la co-pertenencia, la independencia y la solidaridad nos interpelan.”

Quiere ello decir que, en efecto, si seguimos la pista marcada por el conocido filósofo francés, la pandemia no marca sólo tendencias de caídas y desastres, convirtiéndose, “en las malas”, en un espacio de grandes y significativas oportunidades de reconstrucción de nuestra mente y sociedad.

Creo que ya está claro para todos que la pandemia definirá un “antes” y un “después” en la historia humana y no-humana del planeta. Y nos lleva, entre otras muchas cosas, a revalorar prácticamente todos nuestros valores más íntimos y de identidad.

¿No es acaso ahora más obvia la necesidad de desarrollar una más seria y profunda reflexión ontológica? No caigamos en la trampa en la que al parecer quedó atrapado Giorgio Agamben, a saber, la que con una fórmula conocida hemos llegado a pensar: “Si la realidad no se ajusta a nuestra mente y a nuestras teorías, ¡al diablo con ella!”.

Fuente

https://aristeguinoticias.com/2701/opinion/un-virus-demasiado-humano-los-aportes-de-nancy-articulo/

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