Tras los pasos de Jane Austen, de Espido Freire

Por Espido Freire

Tras los pasos de Jane Austen, de Espido Freire

Con ternura y admiración, Espido Freire recorre los paisajes y lugares que marcaron la vida de Jane Austen, sin ocultar sus contradicciones. La autora británica que normalmente se asocia con el puritanismo y la imagen de una solterona compulsiva se desvela en estas páginas como una gran amante: una mujer en muchos momentos apasionada y revolucionaria.

Zenda adelanta un fragmento de Tras los pasos de Jane Austen (Ariel).

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En abril de 1774 el pequeño Francis llegará al mundo en Steventon y, con su nerviosa actividad, abrirá en un futuro el camino al mar a los Austen. Solo un año más tarde, el 16 de diciembre de 1775, por fin nacerá Jane.

 

Me detengo un instante aquí para recordar en qué momento y en qué país nace esta niña. Conocemos su contexto más inmediato, pero el apacible Steventon no permanecerá ajeno a cambios sustanciales que están ocurriendo muy lejos de allí y, por el contrario, ni siquiera se verá alterado por otros. 

En el último cuarto del siglo XVIII, Inglaterra llevaba quince años gobernada por Jorge III, que aún se mantendría veinticinco más en el trono. Nieto y heredero de Jorge II, pertenecía a la dinastía Hannover, y pasó parte de su reinado inhabilitado por una enfermedad mental que hizo que ya en 1788 se tomaran medidas en caso de que fuera permanente. En 1811 su locura resultó incapacitante, y su hijo, el príncipe de Gales, asumió la regencia del reino, que luego gobernaría con el nombre de Jorge IV. Posiblemente tanto la locura como la muerte del rey se debieran al envenenamiento por arsénico que le suministraban para curar la porfiria que padecía.

 

“La esclavitud ha quedado abolida en Inglaterra en 1772; Luis XVI es el nuevo rey de Francia, la preciosa y jovencísima María Antonieta dicta la moda desde una falsa aldea en Versalles; veinte años más tarde ambos acabarán guillotinados”

 

Con William Pitt el Joven como ministro de confianza, Gran Bretaña pasó a ser Reino Unido con la anexión de Irlanda en 1800. El fin de la guerra de los Siete años (1763), que había aportado a los ingleses Canadá y la Florida (antigua posesión española), confirmó su ascenso como potencia marítima; por otro lado, en 1775 la Revolución americana conllevó la pérdida de esas colonias. Pero los dos hechos más relevantes de esa época procederían de Francia: la Revolución francesa, que estalló en 1789, implicaría no solo un cambio de mentalidad determinante, sino que también afectaría a su familia a través de su prima Eliza; y las guerras napoleónicas, que desde 1792 y hasta 1815, es decir, durante casi toda la vida adulta de Jane, serían una presencia constante y una fuente de preocupación por sus dos hermanos marinos, Frank y Charles, que aún no ha nacido.

Durante todo ese periodo se pone en duda el absolutismo como forma de gobierno y de la aristocracia como clase dominante; comienza el ascenso de los nacionalismos europeos y, al mismo tiempo que Francia cede su papel como potencia dominante, Inglaterra toma el relevo y el poder de España queda completamente desmantelado. Serán los años de Washington y de Benjamin Franklin, del zar Alejandro I de Rusia (aunque aún gobierne Pablo I) y del sensato Carlos III en España. La esclavitud ha quedado abolida en Inglaterra en 1772; Luis XVI es el nuevo rey de Francia, la preciosa y jovencísima María Antonieta dicta la moda desde una falsa aldea en Versalles; veinte años más tarde ambos acabarán guillotinados.

La Real Academia Española publica la primera Gramática y el primer Diccionario de la lengua española; de hecho, en España, bajo el auspicio de Carlos III y su despotismo ilustrado, se han creado el Jardín Botánico, el Museo de Historia Natural (luego Museo del Prado), las Reales Fábricas, Correos, y el que luego será el Banco de España.

La ciencia y el pensamiento científico cobran una enorme importancia: Watt inventa la primera máquina de vapor, y abre con ello el camino a futuros trenes y maquinaria agrícola. James Cook ha fundado Sídney y sus descubrimientos geográficos irán de la mano de descripciones y logros científicos; su muerte en 1779 a manos de indígenas hawaianos no frenará su fama. Clemente XIV suprime la Compañía de Jesús y disuelve los jesuitas. Mueren Linneo, Rousseau y Voltaire, pero su herencia no desaparecerá.

 

“Precisamente ese brusco vaivén de mentalidad hará que, en algunos casos, la posición y la obra de Jane sean difíciles de enclavar, e incluso de comprender”

 

Cuando nace Jane, Mozart, ya en la veintena, está dejando atrás su época cortesana y busca un estilo propio en Viena. Solo le quedan dieciséis años de vida. El pintor Turner cuenta con unos meses, Beethoven, con cinco años, Constable está a punto de nacer, Goethe acaba de publicar Las desventuras del joven Werther y Stella. Kant está ultimando la Crítica de la razón pura. Es la época de las fábulas (Iriarte, Samaniego), y de la denuncia de Moratín y de Jovellanos contra los matrimonios de conveniencia y los privilegios. Mary Wollstonecraft es una quinceañera (como William Blake) a la que le quedan aún quince años para clamar por los derechos de la mujer.

No había manera de saberlo entonces, pero Jane nace en un periodo en el que se producen unos cambios irreversibles en muy poco tiempo, y presencia algunas de las transformaciones políticas, filosóficas y artísticas más importantes de Occidente. Europa se acostará en el Antiguo Régimen para levantarse revolucionaria, coqueteará con un breve periodo neoclásico para abrazar el Romanticismo, y Jane vivirá de manera exacta en esos breves cincuenta años en los que se experimenta ese cambio. Precisamente ese brusco vaivén de mentalidad hará que, en algunos casos, la posición y la obra de Jane sean difíciles de enclavar, e incluso de comprender. Será una excepción, una rareza, en un tiempo de potentes movimientos comunes y gregarios.

Pero volvamos al nacimiento de nuestra protagonista, a mediados de noviembre de 1775, cuando los Austen esperaban a su séptima criatura. En sus cartas a su cuñada Susannah Walter, Cassandra madre indicaba que se encontraba bien, y mucho menos torpe que con el anterior embarazo. Pero las semanas pasaron sin señales del bebé. Será el 16 de un diciembre muy frío cuando, en un parto sin complicaciones y rápido, y sin asistencia, nazca finalmente Jane Elizabeth. «Hemos tenido otra niña, un juguete para Cassy ahora, y en un futuro su compañera. Se llamará Jenny —anuncia el padre—, y creo que se parecerá tanto a Henry como Cassandra a Edward. Tu hermana, gracias a Dios, está perfectamente tras todo esto.»

 

“Puede que se equivocaran o que Jane naciera, efectivamente, a los diez meses. Era un bebé lar­guirucho, y siempre fue alta, aunque con mofletes saludables y de buen color”

 

Hay ternura en sus palabras, pero también otra cosa: la asignación inmediata de una función para la niña, a la que ubica más en relación con su hermanita que con sus propios padres. Jane será desde su nacimiento asignada a Cassandra, y desde ese mismo momento las dos chicas serán no solo inse­parables, sino a veces indistinguibles.

No sabemos si Cassy sintió celos o un lógico desplazamien­to con su hermanita recién nacida. Puede que ese proceso lo hubiera experimentado ya con el nacimiento de Frank y que, como ocurre en muchos casos, quisiera una niña que le hi­ciera compañía entre tanto varón. Quizás había sido tratada hasta entonces como una princesita y sintiera que otra niña la desterraba. A los niños de familias numerosas se les preparaba poco para la llegada de los nuevos hermanos, y se les expli­caba aún menos; sea como fuera, el vínculo entre las dos se estableció muy pronto y fue férreo: «más íntimo de lo que es habitual entre hermanas», afirmaba la familia.

El reverendo George Austen describe poco a la recién na­cida, pero sí se hace eco de su retraso al nacer: le da permiso a Susannah Walter para burlarse de ellos, porque «a nuestra edad, calculemos tan mal». Puede que se equivocaran o que Jane naciera, efectivamente, a los diez meses. Era un bebé lar­guirucho, y siempre fue alta, aunque con mofletes saludables y de buen color. Como sus hermanos anteriores, tras el breve tiempo de confinamiento con su madre fue enviada al campo, a Cheesedown Farm, donde, fantasías rousseaunianas aparte, aprendería a gatear, se llevaría todo tipo de cosas a la boca, per­seguiría gallinas (o huiría perseguida por ellas), lloraría des­consolada cuando le salieran los dientes y recibiría a diario la visita de su madre y de algunos de sus hermanos mayores.

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Autora: Espido Freire. Título: Tras los pasos de Jane AustenEditorial: Ariel. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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