Aprende a escribir con… Guadalupe Nettel

Por Álvaro Colomer

En su novela autobiográfica Nadja, André Breton definía el concepto de «azar objetivo» como aquel hecho inesperado que acontece en el momento idóneo. Y, para que entendamos a qué se refería, nada como unos ejemplos: resulta que un día descubrimos que hemos perdido la cartera y que no tenemos dinero para coger el autobús, y justo en ese momento bajamos la mirada y vemos cinco euros tirados en el suelo. O resulta que una noche decidimos quedarnos en casa, pero nuestros amigos se ponen tan pesados que acaban convenciéndonos para que salgamos a una tomar una copa, y es en ese mismo garito al que no queríamos ir donde conocemos a la persona con la que habremos de pasar el resto de nuestras vidas. O resulta también que sólo hemos estudiado un punto del temario y que al profesor le da por poner una única pregunta en el examen que ya imaginarán ustedes cuál es.

A este tipo de coincidencias las llamó André Breton «azar objetivo» y, tratando de buscarles una explicación, elaboró la teoría de que existe una ley superior que escapa a nuestra comprensión y que sin embargo justifica todas y cada una de esas casualidades. Dicha ley, pues, no sería otra cosa que el mismísimo Destino poniéndonos en el camino que prefiguró para nosotros. Ahora bien, el escritor más surrealista del siglo XX añadió un detalle que no conviene olvidar: para que el «azar objetivo» suceda, uno tiene que estar atento a las señales. Y eso es lo que hace Guadalupe Nettel cuando escribe: tener una «disposición receptiva» a todos los mensajes que el destino quiera lanzarle.

“Aunque conoce perfectamente el concepto de azar objetivo, prefiere llamarlo, en honor a las hermanas Wachowski, mátrix

Dice la escritora mexicana que cada vez que se sienta a escribir una nueva novela, su vida se llena de unas casualidades que, de un modo que no sabe explicar, guardan una relación directa con la temática del libro. Este fenómeno la tiene francamente intrigada y, aunque conoce perfectamente el concepto de «azar objetivo», prefiere llamarlo, en honor a las hermanas Wachowski, mátrix.

Pongamos de nuevo algunos ejemplos: mientras estaba escribiendo El cuerpo en que nací (Anagrama, 2011), autoficción en la que reconstruye su propia infancia pero en la que también habla de una niña que se suicidó en su vecindario, fue invitada a participar como jurado de un premio literario concedido en Chile. Aprovechando el viaje, Nettel se tomó unos días libres para visitar la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, y allí descubrió que el actual director de lo que hoy es un museo había estado exiliado en México durante la dictadura de Pinochet, y no sólo eso, sino que además había vivido en el mismo barrio que ella, y que todavía tenía familia allí, y que entre los miembros de esa familia estaba la niña suicida sobre la que Nettel andaba esos días escribiendo. Si esto no es «azar objetivo», que baje Dios y lo vea.

 

“Hay misterios tan hermosos en el mundo de las letras que sólo pueden ser resueltos pensando en términos mágicos”

Y un ejemplo más: durante el proceso de creación de La hija única (Anagrama, 2020), novela recién publicada en la que reflexiona sobre la maternidad, y en concreto mientras redactaba las páginas en las que recapacitaba sobre procesos de apareamiento, reproducción y puesta de los pájaros, apareció un nido en el alféizar de su ventana, que le permitió escribir, corregir y repasar todos aquellos párrafos mientras observaba en vivo y en directo el fenómeno de la incubación y nacimiento de unos auténticos polluelos. Y ahora que sea Breton quien baje y lo vea.

Todas estas casualidades han hecho que Guadalupe Nettel llegue a la conclusión de que la realidad no sólo se pone a menudo al servicio de la ficción, sino también de que es capaz de alterar su propio funcionamiento para beneficiar la creación de ese otro tipo de realidad que es la narrativa. Evidentemente, la autora es consciente de que muchas veces es el mismo escritor quien, de tan obcecado como está con un tema, no hace más que captar señales que en realidad no son tales, pero, como esta explicación le parece demasiado prosaica, prefiere agarrarse a la teoría de André Breton y, en todo caso, ampliarla con aquella afirmación de Friedrich Schiller según la cual «no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge siempre de fuentes más profundas». Y es que hay misterios tan hermosos en el mundo de las letras que sólo pueden ser resueltos pensando en términos mágicos.

Fuente:

Aprende a escribir con… Guadalupe Nettel

 

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Aprende a escribir con… Guadalupe Nettel – Sarraute Educación María Magdalena

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