Berlanga

Por Luis María Anson

 

 

Conocí a Charles Chaplin durante un almuerzo en Vieille Fontaine, la casa de la Reina Victoria Eugenia en Lausana. Estuvo sembrado. Habló, por cierto, con incontenida nostalgia del cine mudo. Chaplin figura entre los cien nombres más relevantes del siglo XX cultural. Manolo Summers, desaparecido demasiado pronto, ha dejado una obra cinematográfica de alta calidad. El autor de Adiós, cigüeña, adiós rozaba la genialidad. Cuando le conté el almuerzo con Chaplin, me dijo: “No me extraña. El teatro se expresa con la palabra, el cine con la imagen”.

La pintura, la escultura, la arquitectura, la literatura, la música, la danza cargan milenios sobre sus espaldas. El cine todavía balbucea y falta la profunda reflexión filosófica que su grandeza y su incidencia social exigen. Azorín fue el primero que se dio cuenta de que el pez chico se comería al grande y que la pequeña pantalla devoraría el cine convencional. Muchas series de televisión se construyen ya con calidad cinematográfica y no pocos de los grandes directores, guionistas, actrices y actores han anclado sus naves en las radas de la televisión. Claro que el cine convencional permanecerá y con él la hipnosis de las salas donde se contempla, pero vale la pena reflexionar sobre la estadística que hizo pública The New Yorker: el 80 por ciento de los estadounidenses han visto las grandes películas históricas en la televisión.

Media docena de nombres vertebran el cine español en el siglo XX: Luis García Berlanga disputa la cabeza. Manuel Hidalgo ha reeditado El último austrohúngaroel libro que, en torno a Berlanga, publicó junto a Juan Hernández Les en 1981. Y lo ha completado y mejorado. Su trabajo, las largas conversaciones directas con el cineasta, puede calificarse de excepcional. El Berlanga que ellos retratan es el que yo he conocido. Lo tuve muchas veces en el ABC verdadero y le escuché hablar de todo y de todos, braceando siempre en sus aguas, heridas por la ironía y el humor. Su hijo Jorge, tan inteligente y culto, alzado sobre la movida, colaboró conmigo en la época en que dirigí ABC, emborronado siempre su recuerdo por la inteligencia sagaz y la belleza intensa de Cristina Marsillach.

Los editores han ilustrado el libro con fotografías de casi todas las películas de Berlanga y han sabido desvelar al lector las cuchilladas que el director propinó al cuerpo inmóvil de la dictadura franquista. De posiciones ideológicas distintas, tanto a Berlanga como a Buero Vallejo corresponde una parte de la crítica a la ausencia de libertad de los años tristes. Ambos se desquitaron sin aspavientos cuando, tras la muerte de Franco, levantaron en la escena o llevaron a la gran pantalla la realidad de lo que había significado la dictadura para la expresión cultural.

Polvo serán, mas polvo enamorado, el culto que el autor de Patrimonio Nacional rindió a su amor por María Jesús. Y al referirse a El verdugo, Berlanga critica con acidez al ministro Sánchez-Bella y niega que su película fuera una alusión directa a Franco: “de haber sido así, hubiera resultado indigente para con Franco, porque yo retraté al verdugo como una víctima más de la sociedad”. Y al citar esta película me parece necesario recordar la interpretación de Emma Penella, una de las grandes actrices del cine español. En muchas de las preguntas, Hidalgo y Hernández Les deslizan críticas aceradas o elogios contenidos en torno a las películas sobre las que interrogan.

No voy a hacer comparaciones. He conocido a Buñuel, a Bardem y a Berlanga. Una parte sustancial del cine español del siglo XX gira en torno a ellos, como el del siglo XXI lo hace en torno a Pedro Almodóvar. He releído, sin nostalgia y con interés creciente, este libro sobre Berlanga, sobre un genio indiscutido del séptimo arte, al que estoy viendo entrar en el periódico tantas veces con sus pasos entrecortados y con especial satisfacción para asistir a la cena que en su día le ofrecí tras ganar el premio Príncipe de Asturias de las Artes. Y leo de nuevo las respuestas descarnadas y la cruda sinceridad con que Luis García Berlanga responde a las preguntas de Hidalgo y Hernández Les. Insustituible libro el que han escrito, y magnífico.

 

 

 

 

Fuente de la información e imagen:

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Berlanga – Sarraute Educación María Magdalena

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