El «superpoder» de los docentes para mejorar la educación

La infraestructura y la conexión a internet son las principales fortalezas de los centros educativos españoles. En cambio, las escuelas rozan el suspenso en la colaboración y evaluación del alumnado.

Lo primero que hacen los alumnos cuando entran en el foro de un aula virtual es pasarse los números de teléfono para poder crear un grupo de WhatsApp de la clase. En parte para socializar, pero también para solucionar cuestiones académicas, y eso es un problema. En medio de una pandemia, en un mundo hiperconectado y con herramientas que acercan a las personas separadas por miles de kilómetros, los centros educativos todavía no han logrado implementar la tecnología en el sistema para crear entornos de aprendizaje digitales. Es cierto que el coronavirus ha dinamizado la entrada forzosa de internet y que tanto el profesorado como el alumno han hecho un esfuerzo titánico para adaptarse a la situación y «salvar el curso», pero lo que se ha resuelto es la presencialidad en las escuelas a través de la videollamada.

Esta situación la evidencia el estudio «La capacidad digital de los centros educativos españoles», elaborado por el Ministerio de Educación, que sostiene que las principales fortalezas de los centros educativos de primaria y secundaria de nuestro país son la infraestructura tecnológica y la conexión a internet. Estas dos áreas son las que han obtenido una mejor valoración, lo que muestra que los primeros pasos de la digitalización en el sistema educativo ya se han dado. Ahora el reto es «avanzar en el desarrollo de medidas que apoyen usos innovadores de la tecnología», concluye el documento.

Sin embargo, el informe también destapa la parte menos avanzada de este proceso de digitalización y ve oportunidades de mejora en la colaboración entre los usuarios y en la evaluación. Por este motivo, los alumnos «prefieren salir del entorno del campus virtual, lo que evidencia que la plataforma de aprendizaje no está preparada para competir con otras herramientas externas», como puede ser WhatsApp o incluso las redes sociales, según explica a LA RAZÓN Mario Espósito, director ejecutivo y responsable técnico de la plataforma de gestión educativa Classlife.

2020 ha sido un año de cambio y transformación digital forzada en la educación, pero ¿qué pasará después de la pandemia? La presencialidad tiene que volver a llenar las aulas de vida, aunque la aparición de la tecnología jugará un papel importante en el futuro. Es posible que la evolución hacia un futuro modelo híbrido no sea tan rápida como esperamos, pero es inevitable pensar en las herramientas digitales como «el soporte que permita darle superpoderes a los docentes por encima de lo que te permite la presencialidad».

Las tecnologías que necesita implementar la educación ya existen, no es necesario inventar nada. Entonces, ¿cuáles son las principales barreras que limitan su uso? La encuesta del Ministerio de Educación sostiene que la primera de ellas es la falta de tiempo por parte del profesorado (56%), pero también el equipamiento insuficiente en el centro, aunque no la conexión a internet (48%) y la falta de financiación (43%). Los equipos directivos de las escuelas creen, además, que la falta de competencia digital de los profesores es un problema, aunque los docentes discrepan y son más críticos con la falta de equipos digitales.

Más allá de las videollamadas

En un año de pandemia el sistema educativo ha pasado de suspender las clases por el riesgo de contagio a elaborar una solución que ha permitido avanzar con el curso y convivir con el coronavirus. Las aliadas, en este caso, han sido las videollamadas. Se ha logrado tener al profesor delante de los alumnos, pero llevar al formato online todo lo que rodea a un centro educativo es un reto mayúsculo. «Parte de la formación es el crecimiento después de clase», comenta Espósito en relación a la forma en la que se relacionan los alumnos, cómo terminan de interiorizar los conocimientos, las charlas del pasillo o del recreo. «Estas dinámicas a través de una formación online que solo se queda en la videoconferencia, se pierden», añade. Una solución interesante sería llevar a la formación un formato interesante para los alumnos: la red social. Un campus virtual con un muro de publicaciones propio de cualquier red social, «me gustas» y comentarios fomenta la participación, incluso de los alumnos más tímidos que no se atreven a levantar la mano en clase.

Fuente:

https://www.larazon.es/educacion/20210319/7nutsyqf7bf25fflkrk3ggtvy4.html

 

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