La élite mágica del poder y el dinero

Por Santos Sanz Villanueva

Con Terra Alta dio Javier Cercas un fuerte giro a su obra narrativa. Abandonó la autoficción y renunció al peculiarísimo fraseo sintáctico que veía haciendo su prosa, distinta en el nivel verbal de cualquier otra de las actuales. Supuso, a la vez, el cultivo de la ficción plena, que insertaba dentro de un modelo hoy de mucho predicamento y frecuente, el relato policial. Terra Alta supone el arranque de una serie, quizás de tres o cuatro novelas, que bascula en torno a dos principios, la personalidad de un mosso, Melchor Marín, y el análisis del pasado cercano y el presente de la sociedad catalana.

El trabajo de ideación del ciclo novelesco sobre una firme, sólida y unitaria ideación preliminar, no simples peripecias encadenadas por el protagonista, se revela en la segunda entrega del proyecto, Independencia, que constituye una continuidad absoluta de la anterior. Tan es así que Cercas (narrador que cuida con máximo rigor y pericia la organización formal de la trama en todos sus relatos) dispersa en Independencia apuntes que resumen la línea argumental de Terra Alta con el fin de asegurar la continuidad de ambos libros. Incluso podría atribuirse a ese mismo propósito el detalle con que ahora se precisan las coordenadas temporales de la acción, en un futuro 2025 sin apelaciones distópicas, que no quedaban tan claras en la primera entrega y podrían causar el desconcierto que a mí me produjeron. Y desde luego satisfacen también esa intención las referencias —algo reiteradas, me parece— a una novela titulada Terra Alta, que algún personaje conoce, pero no su protagonista. Este eco y homenaje cervantinos valen, por otro lado, para plantear un importante tema tanto de la novela como, en general, de Cercas: los elásticos límites entre verdad y ficción.

“Cercas alumbra enquistadas enfermedades del alma sobre el paisaje de un sector fundamental del retrato colectivo de una sociedad”

La novela policial Independencia plantea un caso del todo nuevo. La alcaldesa de Barcelona, Virgina Oliver, sufre un chantaje que amenaza con difundir unos vídeos sexuales de antaño, cuando la ahora populista conservadora munícipe fue una persona de hábitos licenciosos y de creencias políticas transgresoras. Melchor ocupa un papel decisivo en el descubrimiento del complot que persigue, en apariencia, lograr buenas sumas de dinero y, en realidad, conseguir su dimisión, algo que está a punto de ocurrir. En la confabulación andan implicados desde el exmarido de Virginia y su grupo de señoritiles amigos de juventud hasta las cloacas de la policía municipal.

No es cosa de perjudicar el placer de la intriga, básico en este tipo de narraciones, a quien se interese por la novela y bastará con señalar que el grave enredo se desarrolla con solvencia, con interés intrínseco por lo que sucede, con afortunadas sorpresas e imprevisibles novedades y cambios de rumbo. Cercas consigue en este terreno una historia de plena narratividad que conecta su libro con el sustancial interés de una parte clásica del género por contar una buena historia. Los incidentes son literariamente valiosos y atractivos, y sujetan al lector por el deseo de conocer qué ocurrirá y cuál será el desenlace.

También el soporte humano responde a las expectativas propias del reflejo en la ficción de tipos atractivos. Roba el centro, claro, Melchor Marín. Aunque está bien arropado por sus colegas, caracteres distintos suficientemente personalizados, si bien con intencionados resabios de los tópicos del género criminal, la suya es una indagación compleja en la personalidad, por el peso en ella de un pasado turbulento, por la angustia con que vive el asesinato de su madre prostituta, por la ignorancia de quién sea su padre, por el afán de venganza y por un carácter violento, el que con lujo de brutalidad abre y cierra el libro. El otro núcleo humano de Independencia lo forman los acosadores de la alcaldesa. Este grupo de cuatro personajes —tres hijos de familia bien y un arribista— abren la puerta al análisis de la degradación moral unida a la condición de clase. Con finas percepciones en el fondo oscuro del ser, Cercas alumbra enquistadas enfermedades del alma sobre el paisaje de un sector fundamental del retrato colectivo de una sociedad.

“Cercas sitúa la diana de su narración en un sector social de la historia penúltima y última de Cataluña, su clase dirigente”

Al modo de la novela clásica, Cercas completa el cuadro humano con otras figuras complementarias, pero convenientes a la peripecia: el abogado que defendió otrora a Melchor, que guarda un estimulante secreto medio familiar; el excompañero de prisión de éste, que le inició en la pasión por las letras, línea vertebral de la novela, y la mujer de uno del grupo de chantajeadores, personaje tan bien ideado y sugerente que nos gustaría un mayor desarrollo. El discreto papel actual de Rosa Adell, hija de los asesinados cuyo caso investigó Melchor en Terra Alta, presagia una relevante trama sentimental de un posterior episodio.

El componente de exploración psicológica da a Independencia una dimensión intimista fuerte pero es el sustrato de una meta de mayor enjundia, un relato volcado hacia el exterior, atento a dibujar una estampa colectiva. Cercas sitúa la diana de su narración en un sector social de la historia penúltima y última de Cataluña, su clase dirigente. Por la actualidad política e institucional, el dictamen sobre el procés tiene una gran importancia y el autor expone, con perspectiva dialéctica, cómo se ha configurado la deriva secesionista, efecto de las mentiras y engaños perpetrados por unos políticos que azuzaron a los ciudadanos y los han llevado con dudosas apelaciones emocionales a la confrontación violenta.

La trascendencia del asunto, para España y para Cataluña, no debe, sin embargo, opacar el motivo de fondo de la novela, no separable de aquél, pero de mayor extensión y con personalidad propia. Se trata de la red de intereses políticos y económicos que ha sojuzgado a la sociedad catalana de tiempo atrás. El meollo de Independencia se localiza en la descripción y denuncia de, en palabras de uno de los personajes, no por casualidad un advenedizo desclasado, “la élite mágica del poder y el dinero”.

“Un Javier Cercas valiente persigue y logra dar dimensión alegórica al testimonio social en Independencia

Aunque un tratamiento discursivo —propio de un narrador dado siempre a lo argumentativo— se aplique a esa realidad, Cercas se socorre con una abundante munición de hechos que avalan su tesis. Corrupción, cinismo, arrogancia y toda clase de abusos incluso criminales marcan el modo de ser y de estar en el mundo de unos grupos privilegiados de ventajismo hereditario. Contra esa realidad social, un reducido número de familias, reencarnación moderna de las estructuras políticas y económicas feudales, herederas de la inútil burguesía galdosiana, dirige Cercas su discurso político y moral. Solo que no lo hace con un ensayo sociológico —si bien algo de ello hay también en el libro— sino con una fábula novelesca que aprovecha las posibilidades de la investigación criminal para levantar el velo que cubre el turbio fondo de una sociedad clasista y autocomplaciente.

Un Javier Cercas valiente persigue y logra dar dimensión alegórica al testimonio social en Independencia, comprometida novela moral y beligerante relato de denuncia.

Fuente:

La élite mágica del poder y el dinero

 

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La élite mágica del poder y el dinero – Sarraute Educación María Magdalena

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