Atribuyen el abandono temprano del alumno al «intenso rechazo» que sienten hacia la institución educativa

En los alumnos que abandonaron el sistema de enseñanza, lo que se conoce como abandono temprano, se ha detectado un «intenso rechazo hacia la institución educativa«, un rechazo «consolidado a lo largo de sus reiteradas experiencias de fracaso», según concluye la Fundación Europea Sociedad y Educación (FESE), que así lo refleja en su último Mapa del Abandono Educativo Temprano en España.

En este enlace se puede consultar el MAPA DEL ABANDONO EDUCATIVO TEMPRANO

Se podría interpretar como una llamada de atención a los centros educativos, a sus gestores y directivos, a quienes los expertos de la Fundación trasladan la idea, casi que el imperativo, de que «en las escuelas se deberían articular de manera complementaria procesos de renovación pedagógica capaces de generar un vínculo mayor entre el alumno y la escuela».

El Mapa del Abandono temprano vuelve, una vez más, a insistir en lo penoso de que un alumno abandone antes de lo previsto su formación más básica. Hasta el punto de que al poco, el propio alumno reconoce arrepentirse, tras constatar las dificultades con que se encuentra en el mercado laboral para lograr un puesto de trabajo acorde con sus aptitudes, que suelen ser limitadas, en estos casos.

Los expertos autores de este trabajo insisten por activa y por pasiva en que el abandono educativo temprano de la educación y la formación (AET) constituye un “problema de primer orden en España”; y, dadas las ramificaciones que posee en diferentes ámbitos socioeconómicos, “se puede considerar poliédrico”, apuran.

De las conclusiones, una principal es que el fracaso escolar o no haber completado con éxito la educación secundaria obligatoria constituye una característica común de una parte muy destacable de los jóvenes que abandonan sus estudios.

Este fenómeno, no se oculta en el estudio, guarda relación con el entorno socioeconómico de los jóvenes y sus hogares, ya que tanto la renta familiar disponible como el país de origen y el nivel educativo de los padres y madres influyen de manera decisiva en las cifras de abandono.

Así, la vulnerabilidad económica del hogar, junto con la existencia de unos niveles de estudios escasos en los progenitores, pueden ser factores determinantes del aumento de la tasa de abandono educativo temprano.

Los chicos, menos estudiosos

De igual modo, el abandono educativo temprano (AET) se configura como un fenómeno claramente masculino, que aumenta a medida que crece la edad de los jóvenes. De ahí que una intervención preventiva y temprana, focalizada en la educación primaria y en los alumnos varones, podría incrementar el éxito en la política del programa de reducción de la tasa de abandono, según plantea el estudio.

Y pese a que entre 2005 y 2020 se ha producido una importante reducción en la tasa de AET en España (48,4%), el índice promedio es todavía alto en comparación con otros países con nuestro mismo nivel de desarrollo, mientras que las diferencias regionales son muy abultadas.

Las menores tasas las registra la cornisa cantábrica; el sur y el este de España y los archipiélagos, por su parte, concentran las mayores cifras. Detrás de esta diversidad regional se encuentra sobre todo la diferencia de sus factores socioculturales y económicos, junto con la diversidad de políticas y programas aplicados.

El análisis de la situación de los que abandonan la educación de manera temprana (AET) en el mercado laboral arroja una primera realidad: La tasa de empleo de los que abandonan suele ser menor que la de los que continúan los estudios y obtienen niveles educativos superiores y los que abandonan sufren más el paro y tardan más en salir de él, además de que tienen peores empleos.

Cuando se considera el tiempo desde el fin o el abandono de los estudios, los que abandonan sufren más la temporalidad y, además, reciben salarios algo menores. En la segunda etapa de la juventud, entre los 25 y 35 años, la situación de los que abandonan sigue siendo peor que la de los que continuaron los estudios.

Si bien en periodos de bonanza, la situación de los que abandonan no es excesivamente mala, durante las crisis, se deteriora mucho. Otra conclusión es que no es lo mismo abandonar con la ESO que hacerlo sin haber obtenido ese título, y se recuerda que fomentar el estudio más allá de la primera etapa de la secundaria es uno de los objetivos de la Comisión Europea; pero muchos de los indicadores laborales analizados en este informe muestran que, al menos hasta los 35 años, la brecha fundamental se da entre los que no han obtenido la ESO y el resto de los niveles.

Por tanto, insisten, “sería necesario, por tanto, centrarse como objetivo prioritario en aquellos que están en riesgo de abandonar sin haber obtenido el título de la ESO, sin descuidar a su vez la continuación de los estudios más allá de la ESO”.

Causas del abandono temprano

A lo largo del estudio cualitativo llevado a cabo, se ha puesto de manifiesto que el abandono educativo temprano es un fenómeno complejo, multicausal y en el que interactúan factores personales (falta de motivación, percepción negativa sobre la propia capacidad, malas decisiones), factores asociados a la institución escolar (transiciones educativas, repetición, relación negativa con el profesorado, orientación insuficiente, bullying) y factores asociados al contexto (desestructuración y problemas familiares, malas influencias entre iguales, pertenencia a minorías).

Una vez conocidos los factores desencadenantes de la decisión final de abandono desde la perspectiva del alumno, los autores del Mapa sugieren algunas medidas positivas dirigidas a la mejora de la situación actual. Uno de los aspectos más llamativos es el escaso “grado de conciencia” de los alumnos en el momento en que se produce la decisión de abandono, un hecho que deja patente el alto porcentaje de arrepentimiento posterior respecto de dicha decisión.

En ese sentido, arguyen, parece lógico pensar en la necesidad de articular procesos de orientación educativa más eficaces que traten de mitigar los aspectos personales (atención personalizada), educativos (orientación académica y profesional) y sociales (consecuencias a largo plazo de la decisión) vinculados al abandono.

En este punto, inciden en lo que podría considerarse una corresponsabilidad por parte de los centros educativos: La vivencia de las clases escolares por parte de personas con trayectorias susceptibles de abandono suele ser, por lo general, muy negativa. Son muchos los que consideran, por una parte, que los aprendizajes de la escuela no son útiles para la vida; y, por otra, que los estándares de aprendizaje superan sus capacidades.

Al respecto, parece razonable llevar a cabo una flexibilización de los estándares de aprendizaje y de los mecanismos evaluativos, ya que las consecuencias a largo plazo de un alto porcentaje de abandono son más perjudiciales que las que se derivarían de dicha flexibilización. Además, en las escuelas se deberían articular de manera complementaria procesos de renovación pedagógica capaces de generar un vínculo mayor entre el alumno y la escuela.

Otro aspecto que merece reflexión es la percepción que existe del itinerario educativo exitoso. En ese sentido, sería oportuno que el sistema educativo admitiera formas de éxito escolar distintas de las más academicistas y dirigidas a la formación universitaria, así como ofrecer esta variedad de formas de aprendizaje de manera proactiva, y no como mera reacción frente al fracaso en el currículum general.

Porque hay una realidad incuestionable, y es que en los alumnos que abandonaron el sistema de enseñanza se ha detectado un intenso rechazo hacia la institución educativa; un rechazo consolidado a lo largo de sus reiteradas experiencias de fracaso que, en muchos casos, retrasa o incluso llega a impedir el posterior retorno escolar.

En cuanto a la decisión de retorno, se ha visto cómo la relación entre los que abandonan y el mercado de trabajo (que se traduce en desempleo, empleo precario y estancamiento) es el principal desencadenante de dicha decisión, aunque también se recogen otros motivos como migraciones forzadas, el aliento familiar, o la simple necesidad de “hacer algo”.

Fuente:

Atribuyen el abandono temprano del alumno al «intenso rechazo» que sienten hacia la institución educativa

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