Reflexiones sobre la elaboración de libros de texto gratuitos

Por Irma Fuenlabrada

En estos días, la publicación de la  Convocatoria para el rediseño de los Libros de Texto Gratuitos (LTG) de primaria 2021 ha desatado una fuerte polémica. Esta convocatoria menciona que se rediseñarán 18 libros de dicho nivel educativo; a diferencia de otras convocatorias, en esta ocasión se formarán 12 equipos de trabajo y a los participantes se les ofrecerá una “constancia por sus materiales didácticos con valor curricular”. No se ofreció ningún otro tipo de estímulo —por ejemplo, económico— como había sucedido en otras convocatorias similares.

Posteriormente, el director general de materiales educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga, señaló, en la capacitación para el rediseño de los libros de texto gratuitos 2021, que los libros ahora se elaborarían de forma colectiva con los docentes, a los que se les está ofreciendo una oportunidad inigualable de participar en el proceso de preparación y hechura de los libros. Igualmente, señaló que se solicitaba la participación de los diseñadores, que su pago sería ver publicados sus diseños y darse a conocer. Agregó que se trata de una forma de convertir los libros en “una pieza clave para la solidaridad y la integración del país desde una visión humanista”.

En mi opinión hay al menos dos problemas: en primer lugar, el liderazgo en la SEP; en segundo lugar, que este tipo de convocatorias colectivas ya se han hecho y no les ha ido nada bien. A continuación analizo ambos temas.

1. Las dudosas credenciales de algunos titulares de la SEP

Al ser nombrada secretaria de Educación, la maestra Delfina Gómez destacó: “El honor que representa asumir este encargo, no como un cargo político, burocrático, sino como el encargo más hermoso que puede existir, que es el de coadyuvar en el proceso de educar a millones de personas”. Lo anterior suscita, de entrada, algunas dudas. Si bien es cierto que pasó por varias escuelas primarias (la inestabilidad en el trabajo ya da de qué pensar), en realidad siempre mostró interés en sus actividades políticas por encima de su vocación docente. Tan pronto le fue posible, logró ser subdirectora de proyectos en la Secretaría de Educación del Estado de México y obtuvo una plaza de directora, nombramiento nada despreciable para efectos de la jubilación futura.

Como ella misma lo señala, si bien se enteró de las reformas educativas desde la de 1993 hasta las subsecuentes, al parecer no tuvo suficiente tiempo de comprenderlas porque sus intereses en los hechos siempre estuvieron puestos en su carrera política: militante de Morena, presidenta municipal de Texcoco, senadora, diputada y candidata a la gubernatura del Estado de México. Presumo que por ello declaró que había que “terminar” con la enseñanza enciclopédica y que eran los maestros los que realmente deberían tomar la voz para decir qué es lo que se tiene que enseñar y cómo. Llama la atención su discurso ochentero, por decir lo menos, que muestra un desconocimiento de un tema como “conocimientos clave” que aparece en el plan y programas de estudio del Modelo educativo para la educación obligatoria, editado por la SEP en 2017. Valdría la pena recordar que la idea de “los conocimientos clave” proviene de un planteamiento de César Coll de 2006 sobre la consideración de pensar en los conocimientos básicos imprescindibles sin los cuales las niñas, niños y jóvenes verán obstaculizado su aprendizaje. Además, dicha selección es necesaria para garantizar, en la medida de lo posible, la realización en aula de una metodología para la enseñanza desarrollada desde una perspectiva socioconstructivista del aprendizaje —posicionamiento teórico que por primera vez aparece en la reforma de 1993 para la escuela primaria en el sistema educativo mexicano, y que ha encontrado distintas expresiones en las reformas educativas de los últimos veinte años—. En un sentido, el socioconstructivismo desestima las clases magistrales y la conducción del hacer y deshacer de los niños bajo la dirección de sus profesores; en cambio,  busca  dar lugar a expresiones espontáneas de los educandos y, con ello, propiciar el aprendizaje por aproximaciones sucesivas sobre los conocimientos objetos de la enseñanza.

Desde luego que la selección curricular de los programas de estudio de la reforma de 2017 podría depurarse más; de igual manera, la metodología propuesta para la enseñanza y el aprendizaje requiere, sin lugar a duda, de mejores procesos de acompañamiento a los docentes para propiciar su incorporación a las prácticas docentes. Aun así, hay avances importantes; pero estos planteamientos, si bien son perfectibles, distan mucho de ser una “propuesta enciclopédica”, como lo ha dicho la maestra Delfina Gómez. La práctica docente de los maestros, en una franja importante, todavía viene de concepciones conductistas del aprendizaje que han tratado de desecharse, no sólo en México desde la década de los noventa sino a nivel mundial desde antes; es decir, en este momento, la voz de los maestros en general no necesariamente es la más calificada para opinar sobre el rumbo de la educación. En todo caso, habría que convocar a aquellos —la convocatoria no debió de haber sido masiva— que han hecho suyo el nuevo conocimiento sobre la enseñanza y el aprendizaje de las diferentes áreas de conocimiento generado por la investigación educativa que no puede omitirse por razones políticas, ni menos justificar su exclusión porque es conocimiento generado por “otros” (que no son profesoras y profesores de banquillo).

Por otro lado, tenemos a Marx Arriaga, director de materiales y métodos educativos de la SEP quien ha generado varias polémicas —desde sus declaraciones sobre las mujeres y su emancipación, o la reafirmación de que la propuesta de la convocatoria es válida y reivindicativa—. Esto hace pensar sobre su capacidad para ostentar un cargo público que, al parecer, le cayó del cielo.

Ya conocemos la reacción de una buena parte de diseñadores e ilustradores, aunque siempre cabe la posibilidad que algunos respondan a la convocatoria. Pero el diseño y la ilustración de un LTG no es un “agregado” al texto: forma parte de un todo que integra los distintos componentes de la autoría y requieren de un coordinador que logre homogeneizar todas las partes. Por la manera en la que se está convocando a los diferentes actores, es difícil imaginar que el producto de esa mezcolanza sea bueno. Cabe destacar, además, que los creadores visuales van a trabajar a ciegas; según se señala en la convocatoria, van a hacer sus propuestas con base en “un portafolio de trabajo con la secuencia didáctica que debe ilustrar, así como la guía de imágenes respectiva y el tiempo en que se requerirá dicho desarrollo de imágenes”. Pero no se señala cómo es que los autores van a resolver la secuencia didáctica del LTG que les haya tocado en suerte.

2. Las convocatorias para autores, diseñadores e ilustradores de LTG

Respecto a la propuesta de la convocatoria para formar parte de uno de los 12 grupos de autores, hace dos semanas se eligió a 2,365 profesores; no se sabe quién o quiénes van a coordinar estos grupos, pero sí se sabe que los profesores están recibiendo una capacitación para que en dos meses hagan las secuencias didácticas de los 18 nuevos libros que la SEP pretende entregar en el ciclo escolar que iniciará en agosto. Las capacitaciones que han recibido los maestros van desde “cómo elaborar un material didáctico”; definiciones de conceptos como “aprendizajes esperados”, “contenidos transversales” o “recursos didácticos”; hasta hacerlos entender que su participación tiene como objetivo “eliminar discursos autoritarios”. Esto, en sí mismo, ya es un disparate (nada original, por cierto).

Es importante recordar que Ernesto Zedillo, siendo titular de la SEP, también organizó, bajo la dirección de Matemática Educativa del Cinvestav, un jaleo masivo nacional e internacional para elaborar un plan y programas de estudio (antes  de la reforma educativa para la primaria de 1993). Si no recuerdo mal, alrededor de 120 personas (incluidos maestros, empresarios, investigadores y más) fuimos seleccionadas para la materia de matemáticas; nunca acabamos por ponernos de acuerdo, se agotó el tiempo y lo único que salió fueron los programas emergentes de los que se suponía iban a derivarse los programas definitivos. Al final, ni siquiera se tomaron en cuenta porque Zedillo se fue de candidato a la presidencia y hubo cambios en la administración. De hecho, el subsecretario de educación básica y normal, Olac Fuentes —con un grupo pequeño de autores— depuró los guiones técnico-pedagógicos con los que se elaboraron los LTG.  Dichos guiones fueron el antecedente inmediato del enfoque metodológico para la enseñanza y el aprendizaje, así como de la propuesta curricular del plan y programas de estudios para la escuela primaria de la reforma educativa de 1993.

En su momento, Fernando González Sánchez —mejor conocido como “el yerno incómodo”, quien comenzó su carrera como profesor y director de la escuela primaria rural de San Cayetano, en Culiacán, Sinaloa, para saltar al escenario político en 2006 como subsecretario de Educación Básica— también tuvo la ocurrencia de invitar a numerosos autores (profesores en su mayoría) para que, bajo la dirección de una persona, se hicieran cargo de los libros, revisados por otros profesores, por los miembros de los consejos interinstitucionales, agencias internacionales, entre otros.  Esto terminó siendo un gran circo político que derivó en unos muy cuestionados LTG. Los de matemáticas, por ejemplo, ni siquiera vieron la luz; fueron sustituidos a última hora por los Desafíos Matemáticos, libros en general muy deficientes con algunas partes bien logradas pero, sobre todo, que no respondían a un plan ni a programas de estudio porque de origen eran un complemento para el aprendizaje y no propiamente un LTG, lo que desconcertó mucho a los maestros quienes, en su mayoría, organizan sus clases alrededor de los libros de texto.

Algunos colegas suponen que, de haber mejores condiciones para la elaboración de los libros, quizá “de una convocatoria masiva bien conducida pueda salir algo bueno”. Pero me parece que este optimismo no considera que la maestra Delfina Gómez declaró hace unos días que “para mayo van a estar listos los 18 títulos de la convocatoria”. Así, las condiciones para elaborar los LTG no han cambiado en relación con las administraciones anteriores. Si a ello se agrega el arrejunte de aproximadamente 200 autores de cada uno de los 12 grupos bajo la dirección de quién sabe quién y la convocatoria para diseñadores e ilustradores que hizo Marx Arriaga, para mí, de publicarse esos nuevos libros, el desastre y el retroceso serán mayúsculos. Hace falta recordar que, además, todo se basa en el supuesto proyecto de “la nueva escuela mexicana”, o lo que se entienda por ello. (Por cierto, estoy segura que no debo ser la única persona que ha leído los documentos y sigue viendo únicamente un discurso de buenos deseos y grandes aspiraciones.)

En el mismo nivel de lo desconcertante, y a falta de planes y programas de estudio, está el rescate del Acuerdo 592 de la Reforma Integral para la Educación Básica (RIEB) que realizó el exsecretario Esteban Moctezuma. Dicho Acuerdo es un documento que rescata, en principio, los planteamientos metodológicos para la enseñanza y el aprendizaje de la reforma educativa de 1993 y que quedó en el nivel de lo discursivo porque estaba en franca contradicción con la propuesta curricular de la RIEB. En esta Reforma se recuperó el enciclopedismo y, en consecuencia, las clases magistrales eran la única posibilidad para gestionar esa propuesta en el aula en caso de que los profesores quisieran “enseñar” todo el programa previsto para un ciclo escolar. De tal suerte que la única posibilidad para los docentes era hacer resúmenes de los diversos contenidos, informar de estos a los estudiantes y pedirles que los memorizaran; no había tiempo para el descubrimiento, la discusión y/o la reflexión sobre los temas de estudio como se plantea en el Acuerdo 592.

Además, también tenemos las novedades curriculares de la “vida saludable” que, a decir del mismo exsecretario, son prioritarias “para impulsar tres hábitos de vida personales: una sana nutrición, practicar el ejercicio y vivir con limpieza e higiene”; salvo que estos temas, dicho sea de paso, también están en el plan y programas de estudio del Modelo educativo para la educación obligatoria 2017, específicamente, en el área de desarrollo personal y social que fue derogado por el presidente López Obrador al inicio de su gestión.

Por lo tanto, no se vislumbra nada bueno para la educación. Una y otra vez se ha dicho que una parte importante de la problemática educativa es que cada nuevo gobierno cree que debe borrar todo lo anterior, que nada de lo hecho anteriormente vale la pena ser rescatado. La llamada cuarta transformación parece sentir que en ello radica su originalidad, pero es más de lo mismo, con el agravante del retorno del componente populista de convocar a las masas, bajo el supuesto derecho a opinar que todas y todos tenemos. Sin embargo, no todos están facultados para opinar sobre educación; no se requiere de opiniones de sentido común o con base en la práctica docente que supone que los niños y jóvenes aprenden a través de recibir información organizada del conocimiento socialmente validado y su consecuente repetición. Nada de esto asume que el aprendizaje sucede de la interacción del sujeto con el objeto de conocimiento, y que su posicionamiento sobre el aprendizaje es realizable en el salón de clases.

Lo que se necesita son opiniones sustentadas en el conocimiento generado por las investigaciones en didácticas específicas, en práctica docente, en currículo y desarrollo curricular, por mencionar algunas. Es decir, en el conocimiento de cómo se aprende y en consecuencia cómo debería organizarse la enseñanza; qué pueden aprender los niños y jóvenes en función del tipo de pensamiento característico de su edad; la redefinición del conocimiento disciplinario como un objeto de enseñanza, y la consideración de los tiempos previstos por las jornadas escolares para la enseñanza y el aprendizaje. Para quienes no se han enterado, es conocimiento que subyace en las reformas educativas nacionales de los últimos veinte años, salvo en la llamada Reforma Integral de la Educación Básica (que retornó al enciclopedismo) que, aunque indiscutiblemente era una reforma necesaria, fue mal lograda por la administración de Fernando González Sánchez. Así que estaremos muy pendientes de este proceso de cambio de los libros de texto de 2021 sin esperar, desafortunadamente, las mejores noticias para la educación mexicana y aceptando que las niñas, los niños y los docentes tendrán que usar los materiales resultantes de este cuestionable proceso.

*Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav.

Fuente:

Reflexiones sobre la elaboración de libros de texto gratuitos

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