Apuntes para una estrategia de comunicación emancipadora

Por: DAVID G. MARCOS. 

“No ver el mundo con los ojos del adversario era la primera condición para poder desarrollar un espacio político y social de contestación al orden existente”. Josep María Antentas escribía esto sobre la apuesta del periodista y militante revolucionario Miguel Romero ‘Moro’, fundador de la revista viento sur, por construir comunicación emancipadora frente a la desinformación de los medios convencionales.

Hacer propia esta hipótesis requiere de dos premisas. La primera es un supuesto intencional, esto es, la propia voluntad de subvertir un (des)orden actual por ser considerado absolutamente cruel e irracional para con valores de justicia social, igualdad y libertad. En general, el propósito por cambiar de base un mundo desgarrado cuyo rumbo y cuadro de mando no se orientan hacia la optimización social del goce de la vida colectiva.

La segunda premisa podría ser a la vez conceptual y metodológica. Requiere dejar de pensar la composición mediática y los dispositivos de producción y reproducción ideológica como elementos deshistorizados. Una mirada crítica a la concepción liberal de los medios de comunicación permite desembarazarse de supuestos falsos como que “la realidad es solo y tal como se muestra” o que “los intercambios entre productor y consumidor se producen en condiciones de objetividad e igualdad”[1].

Ante este marco conceptual asumiremos, en línea con la que apellida el Foro de Espacio Público, uno metodológico: el de la dualidad de poderes. En sus “Elementos centrales de estrategia revolucionaria”, François Sabado dialoga con experiencias en las que el poder popular alcanza su auge entre la combinación de un altísimo nivel de organización de movimientos sociales de masas y una situación de crisis en las instituciones existentes en un momento histórico determinado[2]. En este diálogo subyace la idea de construir un contrapoder de fuerza propia, arraigado en el sustrato de los sectores oprimidos que persiguen su liberación frente a la clase dominante. Aquí encontramos la fuerza motriz de una hipótesis revolucionaria de referencia para una práctica política y comunicativa emancipadora.

Poder y comunicación

Partiendo cada uno de su especificidad, no puede entenderse la composición mediática (espacio comunicativo) sin la arena pública (espacio político). Tomando prestadas unas definiciones que lanzaba Manuel Garí, entenderemos “política” en la más amplia acepción del término: los asuntos de la ciudad y la ciudadanía. Asimismo, nos referiremos a “comunicación” como esa amalgama compuesta de información de hechos, vivencia cultural compartida, intercambio de ideas e interpretación del sentido velado de los acontecimientos, las acciones y los discursos.

Considero que la propuesta lanzada a este foro -encaminada a avanzar hacia un periodismo independiente y en la exploración de un contrapoder mancomunado- gana en riqueza si concebimos que la comunicación pueda servir, no únicamente para el ejercicio efectivo del derecho a la información, sino para la contribución hacia la conquista de otros derechos. Esta sería, en efecto, una articulación más ambiciosa y, sin embargo, al mismo tiempo, posiblemente la única que puede verdaderamente alcanzar el primero de estos objetivos.

El deterioro en la percepción de la labor de los medios de comunicación por parte de la ciudadanía ha venido empeorando a lo largo de los últimos años. Esta erosión se profundiza en un proceso de solapamiento de crisis entrecruzadas y multidimensionales. Según el CIS, con la crisis del coronavirus, la imagen de los medios de comunicación empeoró hasta un 47,7%[3]. El despido de un trabajador de RTVE por escribir un rótulo sobre la Princesa Leonor, el silencio de las principales portadas ante los casos de terrorismo ultra contra sedes de Podemos, la vulneración de los principios de neutralidad y de rigor por parte de la televisión pública que recientemente ha denunciado el sindicato CC OO o el silencio de determinadas asociaciones de periodistas ante la agresión por parte de la policía a profesionales de la información en el acto squadrista-electoral de Vox en el barrio de Vallecas no contribuyen a revertir -si acaso ponen más de relieve- una situación de anemia democrática que atraviesa de lleno esa cadena helicoidal en forma de ADN que constituyen periodismo y poder.

Ante esto, retomando esa voluntad para cambiar de rumbo, conviene apostar por una combinatoria entre reflexión y acción. Por un lado, debemos profundizar en la elaboración colectiva de diagnósticos sobre las tendencias y estrategias del poder que han derivado en este déficit en la función pública del periodismo. De otro, debemos explorar, probar fórmulas, aprender y perseverar en estrategias para esa visión informativa que busca contribuir a la emancipación.

Las estrategias del poder

Según datos de Global Wealth Report, el 1% de la población relativo a las personas más ricas del mundo tendría ya más del 45% de la riqueza total[4]. La creciente desigualdad se produce bajo el paraguas de un proceso sostenido de acumulación y concentración del capital. Cada vez más poder en menos manos. El exceso de concentración de la propiedad de los medios de comunicación es una derivada de este fenómeno. Los datos previos a la pandemia ya señalaban que el 58% de los medios de comunicación en el Estado español estaría controlado por sólo tres compañías[5]. Los efectos nocivos de esta concentración mediática son de sobra conocidos. El deterioro de la pluralidad informativa deviene en una importante carencia de democratización de la comunicación.

Por su parte, el horizonte democratizador que profetizaban los sueños ciberoptimistas con la extensión del uso de Internet quedó truncado. Como en otros tantos episodios y temporadas de esta serie llamada capitalismo, capacidad y viabilidad técnica no supusieron un progreso mecanicista. Sin embargo, los fenómenos de clickbait o de la jibarización comunicativa, entre otros, reflejan un elemento dimensional de la nueva temporalidad que irrumpe con la digitalización, y un pánico a ser efímeros que alimenta el tiránico monstruo de la inmediatez. Nuevamente, cantidad no es sinónimo de calidad en el volumen de producción mediática.

Teniendo presente que, en muchos casos, las facilidades tecnológicas han favorecido la experiencia de nuevas formas de comunicación democratizantes (incluso de autogestión y de impulso de medios libres y comunitarios), existe también una cierta ficción sobredimensionada de mayor pluralidad con la irrupción de nuevos medios digitales. En muchos de estos casos al fenómeno subyace una realidad mercantilizada en la que se conciben los dispositivos comunicativos como un catálogo de cosmovisiones empaquetadas que se distribuyen mediante técnicas de targeting para optimizar tráfico de visitas o interacciones (engagement) y retorno de inversión (ROI, Return of Investment). En cambio, salvo contadas excepciones, llegamos a los mismos conglomerados mediáticos siguiendo el rastro del dinero.

Tampoco escapan a esta crisis las condiciones de las personas trabajadoras de la comunicación y la información. La flexiseguridad, la uberización y, en definitiva, la precarización laboral y social limitan considerablemente las posibilidades materiales de periodistas y comunicadores que pretenden frenar y revertir el sentido de esta rueda de hámster.

Se suman entre los obstáculos a imaginar otro tipo de comunicación los episodios, campañas y regulaciones orientadas a la limitación de la libertad de expresión por parte de ciertas administraciones o poderes represivos del Estado. De la Ley Mordaza hasta Hásel, Strawberry, Toledo, Mongolia, o el Santo Chumino Rebelde, y tantos otros ejemplos. Muchos de ellos aderezados con delitos medievales como el de injurias a la Corona o contra sentimientos religiosos.

Pistas para una estrategia de emancipación

A diferencia del fenómeno de irrupción de nuevos sectores y demandas en la esfera pública que caracterizó el impulso del ciclo 15M, el momento actual parece estar marcado por una sensación general de pasividad (y desafección) política y una actitud defensiva (frente a la ofensiva neoliberal autoritaria).

Romper con esta inercia se vuelve fundamental para los objetivos a medio y largo plazo de los medios de comunicación independientes del poder. La sostenibilidad de un contrapoder mancomunado de información está condicionada a que tengan lugar nuevas experiencias de movilización social, autoorganización y cristalización de espacios ligados al movimiento popular. Será clave, por tanto, la simbiosis entre dispositivos de producción política y comunicativa. Poner a disposición de los movimientos transfeministas, ecologistas, antirracistas, etc. los altavoces y herramientas de difusión de los que se dispongan. Necesitamos favorecer y revitalizar espacios comunitarios para la información, fomentar medios que se articulen con las luchas y movilizaciones, que se piensen desde los lugares de conflicto social.

De forma complementaria, y en la línea que planteaba la Plataforma de Medios Independientes (PMI), debemos exigir a los Gobiernos mayor protección de la pluralidad y la calidad informativa[6] favoreciendo la independencia y sostenibilidad de este tipo de medios. Y en esta estrategia multidimensional, será también necesario redoblar los esfuerzos por reivindicar una mayor calidad informativa en los medios públicos de comunicación.

Habrá que seguir remando, y en muchos momentos deberá ser contracorriente, hacia el rumbo que señala la experiencia de la PMI. Señalando la dovela central de los arcos que sostienen hoy estructuras de privilegio como la monarquía, el poder judicial o los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, aún sin depurar, o la propia arquitectura mediática que (re)produce su ideología dominante día tras día.

Habremos también de impregnar la importancia de lo comunicativo en los movimientos, de incorporar esta visión estratégica en la práctica militante y activista para la disputa hegemónica. Deberemos construir lo que Moro llamaba “disenso eficaz”, encontrar sinergias en la tríada política – movimiento – comunicación para transformar la sociedad.

29/04/2021

David G. Marcos es militante anticapitalista, consultor tecnológico y director del programa Contratiempos.

Este artículo es una versión ampliada del que apareció en el Foro Espacio Público: https://espacio-publico.com/independencia-periodistica-contrapoder-mancomunado/comment-page-1#comment-7083

[1] Rebeca Martínez, “Medios de comunicación, democracia y emancipación social” – https://vientosur.info/medios-de-comunicacion-democracia-y-emancipacion-social/

[2] “Elementos centrales de estrategia revolucionaria en países capitalistas desarrollados” – https://anticapitalistas.org/IMG/pdf/TC_Estrategia.pdf

[3] “La pandemia pasa factura a los políticos y a la prensa: un 60% tiene peor imagen del Gobierno, según el CIS” – https://www.eldiario.es/sociedad/47-espanoles-preocupado-efectos-coronavirus-salud-consecuencias-economicas_1_6403262.html

[4] The Global wealth report – https://www.credit-suisse.com/about-us/en/reports-research/global-wealth-report.html

[5] Alerta por el exceso de concentración mediática en España – https://www.elnacional.cat/es/cultura/alerta-exceso-concentracion-mediatica-espana-periodismo-libertad_101078_102.html

[6] “Dieciséis medios independientes piden al Gobierno que proteja la pluralidad y la calidad informativa” https://www.publico.es/sociedad/dieciseis-medios-independientes-piden-gobierno-proteja-pluralidad-calidad-informativa.html

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Fotografía: Viento sur

mariamsarraute Ver todo

Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

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