Entre PISA, Planea y la necesidad de evaluación

Por Laura Delgado Maldonado

En los últimos días se ha debatido sobre la posible salida de México en las evaluaciones internacionales de PISA. Para quienes tenemos particular interés en la mejora de educación y de los procesos de evaluación, antes de celebrar la continuidad de esta evaluación en un futuro próximo en la medida en que las condiciones sanitarias lo permitan, vale la pena reflexionar sobre qué ganamos o, en su defecto, qué perdemos al administrar estas pruebas en nuestro país.

¿Qué nos dice PISA?

PISA se enfoca en aquellas habilidades que son consideradas relevantes y predictoras del éxito futuro de los estudiantes, ya sea que continúen con sus estudios en posteriores niveles educativos o que inicien su vida laboral. Por lo tanto, la información obtenida a partir de estas pruebas se centra en identificar las fortalezas y debilidades de los sistemas educativos nacionales y, sobre todo, intenta detectar los factores asociados al desempeño educativo. Además, al evaluar el nivel de competencia de los estudiantes en comparación con los de otros países participantes, establece los precedentes para un diálogo internacional que permita la colaboración entre los países en temas educativos. Así, una ventaja de continuar con la aplicación de PISA es que nos da un referente internacional que le permite al Estado mexicano fijarse metas de largo plazo en materia de política pública educativa. Los datos de los resultados de México, desde su primera aplicación hasta la de 2018 en las asignaturas que se evalúan —comprensión lectora, matemáticas y ciencias— siempre han sido públicos y se presentan en la siguiente gráfica.

Gráfica 1. Tendencias en México en comprensión lectora, matemáticas y ciencias
PISA 2000-2018

Informes de resultados de México en PISA en 2000 y 2004, 2007, 2016, 2010, 2009, 2013, 2015. México: INEE y México en PISA 2018.

En esta gráfica destaca que, entre la primera y la última medición, se observan cambios positivos y estadísticamente significativos en la asignatura de matemáticas. Asimismo, la OCDE reportó que:

A pesar de que existe esta estabilidad general, oculta tendencias más positivas entre los estudiantes de competencias más bajas. El puntaje alcanzado por al menos un 90% de los estudiantes en México (percentil 10) aumentó, en promedio, en aproximadamente cinco puntos por cada período de tres años en cada una de las tres áreas (lectura, matemáticas y ciencias). Como resultado de las mejoras entre los estudiantes de bajas competencias en matemáticas y ciencias, las brechas en el rendimiento entre los estudiantes de mayor y menor rendimiento en estas dos materias se redujeron con el tiempo.

Incluso cuando es posible observar cambios marginales en la escala durante casi dos décadas, es relevante saber que en matemáticas ha habido progreso —aunque sea pequeño—. Esto invita a reflexionar sobre lo que se está haciendo bien y, por supuesto, sobre aquello que obligadamente debemos cambiar o fortalecer.

En otras palabras, llevamos casi dos décadas con resultados por debajo del promedio de los países que aplican la prueba (500 puntos en la escala de PISA); de tal forma, el sentido común nos lleva a pensar que, de administrarse las pruebas, los resultados serían nuevamente por debajo del promedio. ¿Qué tanto? No lo sabremos hasta que se administre y se publiquen sus resultados. Aunque la prueba no está hecha con esos propósitos, sabremos también, por el ranking que típicamente se publica, qué países quedan por debajo de México, cuáles están por arriba de la media y, más aún, qué países encabezan los primeros lugares de las puntuaciones en la escala.

Pero me permito establecer otra pregunta que resulta incluso más pertinente: ¿qué tanto cambiaron los resultados de México respecto a sí mismo? Ahora más que nunca necesitamos información que nos permita hacer inferencias válidas para fortalecer los pilares educativos en nuestro país, que nos dé una medida de cambio con respecto a nuestros propios resultados, y que nos aporte elementos para la toma de decisiones con mayores certezas.

Si bien es cierto que en todo el mundo la pandemia ha ocasionado cierres totales o parciales en los centros escolares con amplias diferencias en la temporalidad, su efecto en el desempeño formal académico de los estudiantes también presentará diferencias. En México, la situación ha llevado al cierre de los planteles escolares durante más de un año natural, lo que afectó la conclusión del ciclo escolar anterior y del actual, que previsiblemente será llevado en su totalidad a distancia en casi todo el país. Por lo anterior, ha sido necesario que los distintos niveles educativos reformulen y flexibilicen los objetivos de aprendizaje, considerando incluso la disposición de recursos materiales, educativos y tecnológicos con los que cuenta la población a lo largo del territorio nacional. La pandemia también ha hecho más evidente la desigualdad de condiciones en las poblaciones y, probablemente, ha ampliado las brechas educativas.

¿Qué nos aportó Planea?

Además de las pruebas PISA, en México el extinto INEE diseñó las pruebas Planea1 a partir de la experiencia de sus antecesoras pruebas EXCALE. Las pruebas Planea también han aportado información relevante sobre el estado que guarda la educación en México a nivel nacional, para cada una de las entidades del país, y por algunos dominios de interés (por ejemplo, en primaria se distinguen las diferencias obtenidas por el tipo de escuela: indígena, comunitaria, general pública o privada).

Estas pruebas de evaluación del sistema educativo nacional nos permitían conocer pequeños avances en subpoblaciones. Como ejemplo, me referiré a la presentación que Teresa Bracho, en esos momentos consejera presidente del INEE, llevó a cabo en noviembre de 2018. Los resultados fueron sobre Planea 06, en ellos, hubo a nivel nacional un incremento muy pequeño de las puntuaciones obtenidas en 2015 con respecto a 2018; sin embargo, las diferencias no fueron estadísticamente significativas entre las mediciones de lenguaje y comunicación (500, 501 respectivamente) y matemáticas (500, 503 respectivamente). Aunque parezca decepcionante, era de esperarse que los cambios en la mejora educativa a nivel nacional fueran así, es decir, marginales o mínimos en el periodo de tiempo entre ambas aplicaciones. Para comprender mejor este enunciado habría que imaginarse lo que representa movilizar en pro de la mejora a todo el sistema educativo en una misma dirección (asumiendo previamente los consensos en el currículo): 32 entidades, distintos tipos de escuelas, miles de planteles, docentes y figuras directivas; millones de alumnos y, por supuesto, miles de familias y actores sociales involucrados en este entramado educativo. Eso sin mencionar las distintas condiciones económicas, regionales, culturales y educativas, por mencionar algunas, que representan la realidad de la población mexicana. Complejo, ¿verdad?

Pero entonces, considerando la dirección deseada en la mejora de la calidad educativa, ¿qué debemos hacer para saber si hay cambios significativos? La pista se dio en esa misma conferencia: es indispensable mirar a las subpoblaciones en donde los pequeños pero significativos cambios se están gestando. Observemos, por ejemplo, los Resultados Nacionales Planea 2018: “La diferencia en los resultados entre hombres y mujeres en ambos campos formativos es favorable a las mujeres de manera significativa. En lenguaje la diferencia es de 29 puntos y en matemáticas de 8 puntos. Esta tendencia se observó desde 2015 y se amplió ligeramente en 2018”.

Con base en estos datos, algo bueno está ocurriendo con la educación de las niñas mexicanas que han mejorado su desempeño académico en lenguaje y comunicación y matemáticas; para que ese movimiento sea significativo a nivel nacional debe existir un enorme esfuerzo y cambio cultural por apoyar su desarrollo académico. ¿Qué está pasando en las familias, aulas, escuelas y entidades para que se refleje en el dato nacional? Bienvenidos los estudios educativos con perspectiva de género en los que especialistas en el área nos ayuden a comprender estos datos.

Y después del covid-19, ¿qué sigue?

Es claro que tanto PISA como Planea han contribuido a la comprensión de los procesos educativos en nuestro país, así como a la cultura de la evaluación. Sin embargo, la vida no es ni seguirá siendo la misma a partir de la pandemia y eso trastoca la educación en todos los niveles. Sin duda el sector salud y educativo han sido los más afectados durante esta crisis sanitaria pero, como característica del gremio educativo, la creatividad se ha dejado ver de múltiples maneras y ha permitido que muchas maestras, maestros, directivos, estudiantes, padres de familia, entre otros actores involucrados en los procesos de enseñanza-aprendizaje, hayan sorteado los grandes retos que ha representado este encierro obligado. Por otra parte, también es evidente la necesidad de implementar nuevas estrategias y métodos de enseñanza, así como diversificar los recursos empleados para lograr un aprendizaje significativo en los alumnos que se reflejen en distintas evaluaciones más allá de PISA y Planea.

Bajo un enfoque más dinámico, la evaluación también está obligada a reinventarse y ser más sensible a la instrucción y a las múltiples trayectorias de formación académica que pueden derivarse del desempeño de los alumnos; debe aportar al docente elementos que le faciliten darle seguimiento a sus estudiantes, ya sea para fortalecer contenidos, detectar áreas de oportunidad o bien para presentarles nuevos retos. El objetivo, en cualquier escenario, es fomentar en ellos la creatividad, el gusto por el aprendizaje y la autonomía.

Por lo anterior es fundamental mirar los procesos de evaluación para la educación como sistemas dinámicos que nos permitan acceder a información actual, integral, holística, diagnóstica y formativa. Estos sistemas pueden ayudar a identificar oportunamente grupos de población en donde se observen cambios: ya sea por prácticas pedagógicas, o bien, grupos en los que sea necesario intervenir para brindar el apoyo integral de la sociedad en pro del desarrollo y bienestar de la población estudiantil.

Laura Delgado Maldonado
Especialista en diseño y desarrollo de instrumentos de evaluación educativa, profesionista independiente.

Esta entrada es una colaboración entre Distancia por tiempos y Desarmar la corrupción.


1 En el programa de evaluación de Planea se incluyeron un conjunto de pruebas basadas en tres modalidades distintas: Evaluación del logro referida al sistema educativo nacional (ELSEN); Evaluación del logro referida a los centros escolares (ELCE) y; Evaluación diagnóstica censal (EDC). No nos detendremos a describir cada una de estas modalidades, pero sin duda el lector podrá buscar información disponible e inferir el enorme esfuerzo de coordinación y colaboración interinstitucional entre la SEP y el INEE que, junto con las autoridades educativas estatales y las comunidades escolares hicieron en su momento.

Fuente:

Entre PISA, Planea y la necesidad de evaluación

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Entre PISA, Planea y la necesidad de evaluación – Sarraute Educación María Magdalena

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