Andrea Marcolongo: «Contar la historia de una palabra es contar la historia de las personas»

Raquel Jiménez y Jiménez

Andrea Marcolongo, Fotos: Victoria Iglesias
Andrea Marcolongo: «Contar la historia de una palabra es contar la historia de las personas»

 

 

Atesorar las palabras, aprender sus desviaciones semánticas, respetar la lengua de las civilizaciones que nos encumbraron… estas son algunas de las tareas que ha emprendido en los últimos años la escritora milanesa Andrea Marcolongo. Con La lengua de los dioses y La medida de los héroes (obras traducidas a casi 30 lenguas) consiguió que nos acercásemos de nuevo a la mitología y la lengua griegas y nos contagió, gracias a estos dos títulos, su amor por las lenguas clásicas.

 

Con Etimologías para sobrevivir al caos (Taurus, 2021) ha vuelto a hacerlo. Si Mina cantaba a las palabras, Marcolongo las transita: emprende en las páginas de esta obra un viaje filológico, histórico y emocional por 99 palabras escogidas a conciencia. 

Este título es un puzle de palabras y de Historia, un catálogo fértil de conocimiento, una brújula que nos conduce a la civilización y a la memoria. Este viaje consciente a los étimos comienza con una palabra, “caos” (al inicio todo fue el caos) y concluye con “lenguaje”. Sin las palabras no es posible encontrar la iluminación en la oscuridad. Sin el uso del lenguaje no dejaremos atrás el caos. Sólo existe, en definitiva, lo que puede ser nombrado. Hablar es una manera de interpretar el mundo.

La voluntad de Marcolongo es clara: difundir su amor por el lenguaje, conseguir —con este título que llega a nuestras librerías— que sintamos los lectores el mismo amor por las palabras, que hagamos nuestros estos vocablos, con los sorbos de conocimiento que se vierten entre las páginas.

Hablamos en Zenda con Andrea Marcolongo sobre literatura, Humanidades y palabras. Viajamos, en esta breve conversación, al origen de 99 palabras elegidas por placer. Disfrutemos.

—Su primera obra publicada (La lengua de los dioses) fue un fenómeno literario sin parangón, también en España. ¿Cómo espera que reciban sus lectores Etimologías para sobrevivir al caos?

 

“Este libro no es una novela que se lee de principio a fin, se puede elegir una palabra y leer”

 

—Con curiosidad. Este libro nace de la curiosidad y… es verdad que nuestra lengua está en peligro, pero no nos damos cuenta de lo bonitas que son nuestras lenguas latinas y el viaje tan maravilloso que han hecho las palabras para llegar hasta nosotros. Una cosa que hago a menudo es regalar la etimología de una palabra a alguien. Este libro no es una novela que se lee de principio a fin, se puede elegir una palabra y leer. Es como regalar una palabra a alguien, ¿no? Es curioso.

—¿Cómo convencería a alguien que nunca ha leído sus libros para que leyera esta obra?

—¡Qué buena pregunta! Yo diría que no hace falta ninguna competencia especial para leer mis libros, ni conocer ningún idioma… Hace falta mucha curiosidad en relación con la vida. Si alguien encuentra sorprendente, curiosa, interesante la manera que tenemos de llamar a los objetos, por ejemplo un árbol, la palabra “árbol”, esto es suficiente.

—¿Qué va a encontrar un lector que se acerque a Etimologías para sobrevivir al caos?

—Encontrará 99 pequeñas historias, porque es verdad que contar la historia de una palabra es contar la historia de las personas que utilizan esas palabras todos los días. Estas palabras no las he elegido por ser las más importantes, las más inteligentes o las más antiguas, sino porque son las que más placer y fantasía me han suscitado descubriéndolas.

—¿Cree que con un libro como éste llegaremos a amar las palabras?

 

“Las palabras no nacen para estar en un diccionario o para venerarlas, sino para usarlas”

 

—Ser curioso o amar las palabras significa amar nuestra capacidad de pensar. Las palabras no nacen para estar en un diccionario o para venerarlas, sino para usarlas. Por eso, después de haber leído el libro, tendremos más ganas de usar estas palabras.

—“Deconstruir una palabra para reconstruirnos como seres humanos”. ¿Por qué es tan importante el lenguaje?

—El lenguaje es un espejo de cómo pensamos. Un lenguaje frágil, o poco cuidado, o perezoso, es sólo el reflejo de una manera de pensar y de vivir, poco cuidado y frágil. El lenguaje lo dice todo de nosotros. En una época histórica como esta, donde las palabras se manipulan muy a menudo, volver a los orígenes es como volver a la fuente donde el agua es pura y cristalina y todos los ríos de nuestras lenguas han llegado hasta nosotros. Es una bocanada de aire fresco.

—Al inicio de este título señala que durante mucho tiempo ha hojeado el libro de su memoria para encontrar las palabras que le eran necesarias. Después de esta investigación y de esta búsqueda, ¿diría que ahora tarda menos tiempo en encontrar las palabras precisas?

—No, para nada. Ayer, por ejemplo, en el aeropuerto de Madrid pensé —mientras oía anuncios o conversaciones— que soy hipersensible a las palabras: soy italiana, vivo en Francia, he estudiado siempre griego y latín, tengo un novio español… pero no es la palabra justa la que busco, porque para eso abres el diccionario y la encuentras. Busco descifrar lo que siento y luego encontrar la palabra que siento también de esa manera.

—Según afirma, con Etimologías para sobrevivir al caos está construyendo un léxico contemporáneo, un relato de palabras que han de ser imprescindibles en nuestro día a día. ¿Cree que la lectura de este título conseguirá que nos quedemos con las palabras? ¿Las consideraremos propias?

 

“Cuando se descubre la historia de una palabra esa historia ya no la olvidamos”

 

—Creo que sí. Cuando se descubre la historia de una palabra esa historia ya no la olvidamos, no nos abandona. Cada vez que usemos la palabra “leer”, por ejemplo, que significa etimológicamente “escoger”, ya no vamos a recordar algo porque sea curioso o agradable, sino que cada vez que abramos un libro o un periódico sabremos que estamos eligiendo dónde queremos estar leyendo.

—En los últimos tiempos se han consolidado algunos movimientos de apoyo a las lenguas clásicas, impulsados principalmente por alumnos y profesores que demandan un mayor sostén institucional para la enseñanza clásica, para las Humanidades, dentro de los currículos educativos. ¿Existe en Italia alguna iniciativa semejante? ¿Cree que se encuentran los italianos con un escenario tan devastador?

—Sí, en todo el mundo. Desde que escribo libros he encontrado este tipo de iniciativas en Francia, en Italia, en América Latina, en Asia… Me encantan las lenguas clásicas y me encantaría que las estudiara todo el mundo, pero no es solamente esto de lo que se trata aquí. Merece la pena reconsiderar en qué estado está nuestro sistema educativo, las letras, las ciencias… Todo esto es necesario para pensar como seres humanos. Las letras son necesarias para el progreso de la ciencia. Si la ciencia se convierte en un conjunto de datos (como parece que se está convirtiendo), nadie se pregunta ¿por qué estamos recogiendo estos datos? En ese caso estamos destinados a un sistema educativo, social y económico donde solamente producimos sin preguntarnos por qué estamos produciendo eso.

—“Este libro nace del deleite, de la delicia, de la delicadeza”. ¿Cómo preparó Etimologías para sobrevivir al caos? ¿Cómo seleccionó las palabras? ¿Qué criterio siguió para ello?

—Es exactamente así: por deleite, o por elección, una elección sobre la base del placer. Está muy bien preocuparnos por el estado en que se encuentran hoy nuestras lenguas, en qué mal estado están, pero es menos frecuente decir: “¡Qué bonitas son!”. Desde siempre mis amigos me han tomado el pelo, han dicho que soy rara porque les hablaba de la etimología de las palabras. Así que al final decidí escribirlo todo en un libro, un libro sobre las etimologías de las palabras que me interesaban. Algunas palabras me han sorprendido y me han suscitado mucha curiosidad y he elegido incluirlas en el libro. Otras me aburrían y no lo he hecho.

—Dice que este no es un índice o un catálogo de palabras. Cierto es que leyéndolo uno piensa que es una revelación, una confesión personal, íntima. Habla de palabras, pero también de personas. ¿Cuánto le ha costado, emocionalmente hablando, escribir, o más bien descubrirse, en esta obra?

 

“No se pueden contar las historias de las palabras sin contar las historias de las personas que las usan”

 

—Este libro ha sido definido como «diccionario autobiográfico» y, en efecto, es así. No se pueden contar las historias de las palabras sin contar las historias de las personas que las usan, porque las palabras sirven para eso, para permitir a las personas expresarse. Por eso el libro cuenta mi historia, que a veces, a menudo, me ha costado mucho. También cuenta historias de otros escritores, cantantes, artistas… pero es que… ¡usan las palabras y las hacen memorables!

—De las 99 palabras que conforman la obra, ¿con cuál se quedaría y por qué?

—¿Tengo que elegir solo una? “Libertad”. En este momento, después de un año de pandemia, hay que recordarnos qué quiere decir ser libres. “Libertad” no significa hacer lo que nos da la gana, cuando nos da la gana, sin límites… Etimológicamente “ser libres” significa tener el derecho y el deber de elegir dónde quieres posicionarte. Solamente los hombres libres pueden elegir dónde quieren posicionarse. Los esclavos, sin embargo, se ven sometidos a esa posición, no se pueden posicionar en ninguna parte por libertad. Por eso es un derecho, es un deber la libertad, tenemos que utilizarla.

—¿Este Etimologías para sobrevivir al caos es un acto de amor?

 

“Es muy sorprendente, rico y único el modo de pensar de las gentes mediterráneas que hablamos todos una lengua que deriva del latín”

 

—Es un acto de amor hacia el lenguaje. Pero, sobre todo, un acto de amor hacia nuestras lenguas latinas. Es muy sorprendente, rico y único el modo de pensar de las gentes mediterráneas que hablamos todos una lengua que deriva del latín, de nuestra lengua madre.

—¿Cree usted que los clásicos nos ayudan a entendernos, a interpretar el mundo que nos rodea?

—Sí, por el momento es el único modo que he encontrado en la vida. “Clásico” no significa “lo que es viejo o antiguo”, sino que es algo que vive siempre, fuera del tiempo, no podemos datarlo. Es algo que nos permite comprender cualquier momento. Hoy día todo ha cambiado: la economía, la tecnología, hemos estropeado el clima… pero el cerebro humano es el mismo hoy en Madrid y hace 2500 años en Atenas. Merece la pena usar el cerebro.

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