Poemas de Fermín Herrero

Por Laura Di Verso

poesía
Poemas de Fermín Herrero

 

 

Fermín Herrero (1963) es natural de Ausejo de la Sierra, Soria. Premio de las Letras de Castilla y León otorgado en 2014 al conjunto de su amplia obra poética, cuyo núcleo lo conforman seis libros publicados en Hiperión: Echarse al monteUn lugar habitableEl tiempo de los usurerosTierras altasTempero y Sin ir más lejos, con el que obtuvo el premio de la Crítica a nivel nacional en 2016. Ha recibido, además, varios de los galardones punteros de la lírica española: Hiperión, Gil de Biedma, Fray Luis de León o Jaén, entre otros. A pesar de todos estos reconocimientos nos encontramos ante un poeta casi secreto, con una voz singular alejada por completo de escuelas y tendencias contemporáneas.

 

En la línea de Tempero y La gratitudEn la tierra desolada reafirma la poética de raíz castellana, descarnada y vitalista, del autor. Así, aunque el desamparo sea el estado natural del hombre, máxime en estos tiempos enrarecidos y sombríos, el libro apela en última instancia a la esperanza y al deber de alegría en su mejor lugar posible: el poema. 

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Únicamente flor el guindo. Al levantarse
el solano reparo en las formas de las nubes
y quisiera entender al mismo tiempo
lo cambiante y lo fijo, todo lo habido
y por haber: la vertical. La vertical
de lo insondable. El resto es apariencia
y cuánta vida y cuánta muerte y cuánto
espacio en blanco, flor y nube. Por mucho
que lo intente me quiebra su fragilidad, sé
que algo está sucediendo, pero qué.

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En rencor machacados sus gestos, en medio
de la helada, delante de mí, con un niño
arrebujado entre sus brazos y el chal, escupe
la gitana, masculla y, al tiempo que le da
la teta, va pidiendo por la calle. Estoy
nervioso, como casi siempre, por pequeñas
miserias, incomodidades, varapalos
para mi vanagloria: quizás que me recuerde
alguien. Después de adelantarla vuelvo la vista
no sé por qué disimuladamente. O sí lo sé.

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Hay muchas formas de comprar
un silencio, de sacudir las alfombras, de estar
a bien con el que manda. Aunque a nadie
me debo sé de sobra que existen porque
las he probado. Dije la noche azul, el viento
verde y una mentira lleva a otra y a otra
y con su mismo espanto acaba convirtiéndose
en naturalidad, sin rebullir apenas. Es
entonces cuando vemos la soga en la mano
tendida, cuando vemos que nada es lo que era.

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Clara a punto de nieve por tus pechos
la levedad se quiebra en las caderas, escucha
y nunca escucha, se enardece y toma. La cintura
le quema, se abre, hasta enervarse, en el vientre
y exalta mientras tensa. Si con tu boca fuera
diría lo complejo de comprender, un desasirse
que prende. Nuestro amor. Mas seamos triviales
por si acaso, la carne acaba. Luego pongamos
que está durmiendo en ti, vuelta de espaldas
una palabra nada lírica, escozor, por ejemplo.

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Al encender la chimenea vuelvo
a los fríos del pueblo con un calor
que entonces nunca imaginé, cuando
pensaba que librándome de ellos me saldría
de mí. Qué equivocado estaba. Ahora
sé que todo es ceniza, que lo mejor
es caldearse donde uno pueda, a merced
del momento. Y que siempre se va por donde
se vino porque nunca se sabe cuándo
nos calentamos de verdad, ni dónde.

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Autor: Fermín Herrero. TítuloEn la tierra desoladaEditorial: Hiperión. Venta: Todostuslibros

Fuente

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