España: Apenas el 13% de las carreras de nueva creación responden a las últimas demandas digitales del mercado

Por Elisa Silió 

Los rectores pusieron el grito en el cielo cuando en 2013 una comisión de expertos recomendó en un informe al ministro de Educación, José Ignacio Wert (Partido Popular), que las carreras estuvieran más orientadas a la empleabilidad de los jóvenes; argumentaron entonces los mandatarios universitarios que un grado tiene que amueblar la cabeza para luego pensar en el trabajo. Pero la demanda de los empresarios ―no encuentran titulados con el perfil necesario― y de los estudiantes, hartos de las colas del paro, les han hecho virar su oferta hacia el mercado. Pese a ello, apenas el 13% de las nuevas carreras que han ideado los campus en la última década responden a las necesidades de la empresa ―la mayoría digitales―, según datos del sistema universitario español recogidos por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), que han presentado este jueves su U-Ranking. Según estas instituciones, en los últimos años se han creado 1.760 títulos, de los cuales 190 se consideran innovadores ―que tienen que ver con la digitalización―. Pese al bajo porcentaje de títulos, hay una evolución positiva.

Ya no hay las 116 licenciaturas y diplomaturas distintas fijadas por el Estado en un catálogo, sino que, desde 2007, tras el Plan Bolonia, las universidades son libres de idear titulaciones y tiran de imaginación para tratar de atraer al nuevo alumno; por eso los distintos grados se cuentan por cientos en un país en el que el 23% de los jóvenes de 25 a 29 años están en paro. “Una mayoría de titulaciones innovadoras se apoyan en la digitalización: el uso de datos masivos en las actividades creativas y el diseño, la comunicación, la gestión y analítica de negocios, las nuevas ingenierías, etcétera”, se subraya en el informe.

Francisco Pérez, director del IVIE y del estudio, explica que la mayoría de las 190 titulaciones nuevas en el sistema tienen que ver con la digitalización en todo su espectro: “No solamente desde la perspectiva más tecnológica, no son solo titulaciones relacionadas con la inteligencia artificial, sino también de Humanidades. Tienen que ver con la penetración de lo digital en el diseño de videojuegos”. En realidad, estos 190 títulos no responden a 190 carreras distintas, ya que en muchos casos se trata de estudios que responden al mismo área de conocimiento, pero bautizados con distinto nombre según la universidad en la que se cursen.

Un 6% menos de alumnos

Fruto de la caída demográfica, los nuevos ingresos en la universidad han menguado un 6,2% entre 2014 y 2021 y la competición por pescar al nuevo estudiante es enorme. Casi el 70% de las titulaciones innovadoras se han ideado en las universidades de Madrid y Cataluña, explica el documento, y casi se reparten a partes iguales entre las universidades públicas (54%) y las privadas (46%). Los campus públicos han visto en los últimos años cómo los privados les comían terreno, en parte porque fueron los primeros en ofertar nuevos títulos acordes a las necesidades que el mercado dijo tener. Así, mientras la demanda de plazas ha caído en la pública en 19 de las 26 áreas de conocimiento, en la privada ―con los ojos puestos en la empresa desde hace más tiempo― ha crecido en 21 de las 26. Ahora las públicas se han subido al carro en medio de un auge desaforado de titulaciones. En la última década, por cada tres carreras que se han creado solo ha desaparecido una. Del catálogo actual, el 40% de los grados se han creado en los últimos 10 años.

Joaquín Aldás, coautor del documento y catedrático de Comercialización de la Universidad de Valencia, explica que las instituciones privadas se han duplicado desde 2001 ―rozan la cuarentena― y “al partir de cero se han fijado en lo que no había en el mercado para crear sus titulaciones”. Pero Aldás recuerda que además de la oferta, hay que tener en cuenta la demanda, porque hay muchos grados técnicos, ingenierías, que no cubren sus plazas aunque sus titulados encontrarían trabajo porque existe. Son grados técnicos que no resultan atractivos a los jóvenes. Es un “cambio generacional coste-beneficio, son carreras muy duras y creen que no se compensa el esfuerzo en el empleo”. Algo que no pasa, sin embargo, en Medicina, donde la lucha por entrar es hasta la última milésima pese a su gran exigencia académica. “En ese caso es una cuestión de vocación”, sostiene el economista.

Las universidades están atentas a los cambios que se producen en los campos científicos, a las preferencias de los estudiantes ―estas ofertas conectan mejor con las demandas de los alumnos― y a la empleabilidad. El director del IVIE detalla: “Por ejemplo, hay algunas familias de especialización de Ciencias Sociales o de Humanidades en las que se perciben problemas de empleabilidad y en ellas el ritmo de cambio ha sido más activo”. Y añade: “Pero, en otros casos, como en ingenierías, también se observan bastantes cambios porque sus altas tasas de empleabilidad se pueden mejorar ofreciendo más titulaciones en esos ámbitos. En Ciencias de la Salud no hay cambios porque no hay que cambiar el perfil profesional”.

La Fundación Universidad Empresa, que beca a alumnos desde hace 46 años, presentó en marzo una encuesta modesta, pero demoledora, que puso sobre la mesa un sentir general entre los matriculados. Casi un 30% de los encuestados estudiaría un FP Superior en lugar de una carrera en la universidad si pudieran elegir de nuevo, una muestra de cómo estas enseñanzas están conquistando parte de su terreno. Un 60% de los encuestados por la fundación creen que la universidad no es la mejor vía para llegar al mundo laboral y, para el 74% de los participantes habría que incluir más prácticas en las carreras para mejorar esta situación.

La especialización que busca el mercado a veces se encuentra en las carreras de tres años que van a desaparecer con el nuevo decreto de organización de enseñanzas. El Ministerio de Universidades sostiene que en muchos casos ofrecen una especialización tan grande que faltan cimientos de conocimiento para irse adaptando a los tiempos. Un problema grande de parte de estas carreras es que se quedan pronto desfasadas, a veces lo están ya incluso en el momento de nacer, porque los trámites para ponerse en marcha se demoran hasta dos años. Los grados cortos pasarán a durar cuatro años o desaparecerán, aunque el ministerio cree que muchas tienen su encaje natural en FP Superior.

A veces se habla de sobrecualificación universitaria en España, pero los datos desmienten esta afirmación. Si el país quiere ser competitivo en la sociedad del conocimiento ―y no anclarse en el sector del turismo y la construcción― necesita que en 2050 el 38% de sus trabajadores tengan estudios universitarios ―el porcentaje se sitúa ahora en un 26%― y un 17% con un título de FP Superior (ahora hay un 11%).

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