5 poemas de Cristóbal Zapata

Por Juan Domingo Aguilar

5 poemas de Cristóbal Zapata

Foto: Galo Mosquera.

 

Cristóbal Zapata es un poeta, editor, gestor y crítico cultural nacido en Cuenca, Ecuador, en 1968. Ha publicado los poemarios Corona de cuerpos (1992), Te perderá la carne (1999 y 2013), Baja noche (2000), No hay naves para Lesbos (2004), Jardín de arena (2009), La miel de la higuera (2012) y los libros de cuentos El pan y la carne (Premio Nacional de Cuento “Joaquín Gallegos Lara” del Municipio de Quito, 2007) y Lecciones de abismo (2019). En 2015, la editorial Renacimiento publicó su antología personal El habla del cuerpo. Ha escrito, además, numerosos ensayos sobre arte y literatura. Sus textos constan en varias selecciones de poesía, cuento y ensayo ecuatorianos.

 

 

***

KARINA

Le decían Karina.
Se parecía a la cantante venezolana de moda (entonces).
Ella adoptó el apodo como su nombre de guerra.
Trabajaba en un prostíbulo de cuatro reales
en una calle oscura de Puerto Bolívar
donde siempre parecía de noche
(incluso al mediodía, como en un cuadro de Magritte).
Era pintora aficionada.
En sus ratos libres se sentaba en el balcón de su casa
y hacía bocetos del muelle, de la vereda de enfrente,
de sus pocos y apurados transeúntes.
Oí la historia y fui una tarde.
Tenía una dulzura contenida y ejercía sin esfuerzo
la distancia aprendida en el oficio.
Mientras yo procuraba
hacer algún amor sobre ella
(por el placer de tocar en el ocaso su cuerpo de pintora)
la descubrí mirando el paisaje portuario tras la ventana
con sus ojos puros de artista que busca la luz,
donde sea que se encuentre.

***

MUJERES PEINADAS POR LA LUNA

Para asegurar el crecimiento
de sus cabellos,
las mujeres y las niñas
se lavaban el pelo con la primera lluvia
de mayo.
Entonces, un aura lunar
flotaba sobre sus cabezas.

Había niñas cuarto creciente
cuya luz iba aumentando con los días
bajo sus cerquillos taciturnos.
Un ejército de muchachas luna llena
con sus cabelleras curvas como el deseo.
Y una multitud de mujeres menguantes
con sus hermosas crines de yeguas profundas.

Durante algunas semanas
las mujeres brillaban
como hadas noctámbulas.
Y nosotros nos quedábamos de pie,
mirando hipnotizados
sus peinados llovidos,
sus metamorfosis secretas
a la luz de la luna.

***

LAS MUCHACHAS

Se llamaban Nube

Tránsito

Caridad

Esperanza

como un coro de sustantivos abstractos,
como la encarnación campesina de las virtudes
teologales/

Pero portaban lo concreto y lo profundo:
las trenzas tejidas como fustes barrocos,
las axilas húmedas de rocío,
las piernas crecidas como ríos,
los sexos-bisagras entre el pasto

y la noche.

***

BOCCACCIO

Todas las mujeres y los hombres por igual alabaron el novelar.
Decamerón, “Jornada primera”

Entonando canciones de amor,
con paso lento,
los jóvenes se internaron en el jardín.
En la hora nona de la ciudad apestada
comenzaba a nacer otro cuerpo,
extremadamente florentino.

***

SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA

(Museo Thyssen-Bornemisza)

Con un hisopo delicado
el restaurador limpia el rostro de la Santa,
como si curara las heridas del tiempo.
Sobre el lienzo aún late el cuerpo de Fillide Melandroni,
la hermosa cortesana que amó y pintó Caravaggio
(muerta a los 37 años).
Debajo del aura
todo la delata:
la mano sobre la empuñadura de la espada,
su escote pronunciado,
la mirada desconfiada, de reojo (al espectador).
Debajo del aura
hay una mujer que sospecha.

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