La matrioska del escritor

Por Guillermo Busutil

La matrioska del escritor

 

 

La sombra desobediente del yo es la que escribe desnudo, atreviéndose a la piel, sin miedo a quedarse solo y sin nada cuando cuenta, ni después. Se lo explica llano, a mano abierta y de frente, Pedro Juan a Pedro Juan Gutiérrez, cubanos los dos, en la prestidigitación de un ventrílocuo que desvela lo íntimo y visceral del oficio de escribir hablando consigo a través de otro, en un acto de voyerismo de sí mismo.

 

En esto consiste Diálogo con mi sombra, un ensayo/entrevista sobre la escritura como catarsis cuyo jugo es pura papaya para quienes sueñan con adentrarse en la literatura, sin más fiebre en la mano que la de la querer hacer de su historia la de otros, se tenga o no voz propia y talento para contagiar como tanto suele ocurrir en el mercado que devalúa lo literario. Por eso vienen bien las claves que reúnen las 234 páginas de esta estupenda biografía de escritor encarnada de vida, encarnada de literatura, encarnada de dudas, indagaciones y certezas que segregan angustia en el vientre del escritor, y en ocasiones en su entrepierna. Más aun tratándose del autor de Trilogía sucia de la HabanaEl nido de la serpiente y Carne de perro. Puro Caribe de sexo, de hambre, de excitación de lenguaje, de antihéroes del realismo sucio y de una crueldad pícara en su rebeldía superviviente, canalla a veces. Las señas de identidad de un Gutiérrez que busca liberarse de sus demonios confesándoselos a uno de ellos: el Pedro Juan que pregunta, reta y juega a consentirle al otro melancolía y ternura en su relato literario

“Qué tiempos aquellos en los que la juventud con vocación de aventura literaria era consciente de la obligatoriedad de enrolarse en la lectura”

La vida hablando en voz baja con su sombra es la poética de este curioso libro donde resuena la voz de Yemanya, el espíritu de la maternidad —la de la escritura en este caso— y la de Eshu, el espíritu de las encrucijadas, las travesuras, el destino. De la danza entre ambos resultan las confidencias del joven con vocación de cantante y letrista de boleros, de seductor de acrósticos de amor y que, al igual que Cabrera Infante, cambió la saciedad de la sardina por el mar blanco de la pantalla de cine en la que alimentarse de los sueños de Renoir, de Polanski, de Bergman, lo mismo que de las lecturas a escondidas de Lezama Lima, Dumas, Kafka, Hemingway, Faulkner, Cortázar, los tatuajes del escritor educado a sí mismo. Qué tiempos aquellos en los que la juventud con vocación de aventura literaria era consciente de la obligatoriedad de enrolarse en la lectura, de atravesar desde ellas tormentas, cabos de Hornos, naufragios e ir aprendiendo la técnica, la mecánica, el rigor, la artesanía de las oraciones cortas, el cuidado del adjetivo, la capacidad de improvisación, sin dejarse en el tintero el coraje de la amputación a cuchillo y la importancia de creerse capaz de cazar la ballena blanca de una futura novela que arribar a puerto.

Pocos autores del panorama actual pueden exhibir esas cicatrices o en sus dedos muestran los efectos de esa vieja marinería del escritor, capaz de transformar los poemas en cuentos, los cuentos en poemas, la carne en verbo, el verbo en knout, la oralidad de las historias en estructuras de atmósferas y de narraciones con huella de pie con raíces, atreviéndose a explorar sus ángulos muertos, el lado oscuro de sus personajes y dejar que se independicen de la guía de su voz. Bien les vendría el ron de este barril de literatura acerca del dolor de la escritura, de la búsqueda, del rechazo a la corrección política, de poseer a los referentes para matarlos después sin violencia y extrayendo de ellos lo mejor de su aceite, como revela Pedro Juan Gutiérrez en su conversación con los diferentes yoes de los que fue creciendo entre el periodismo, la cotidianeidad de los cuentos de Grace Paley, la manera de expoliar la realidad como Capote, el hechizo de la musicalidad de Carpentier, la fruición sexual de Bukowski, y la premisa de Milan Kundera de que un tema, cualquier tema, es una interrogación existencial.

 

“Lúcido, sincero, con la soltura de quien ha vivido mucho, Pedro Juan Gutiérrez le muestra a Pedro Juan y al lector todos los escritores que ha sido, todos los que caben en una Matrioska”

 

Diálogo con mi sombra es la disección también de la Habana como centro de un territorio narrativo de vivencias de piel, de historias contadas por vecinos, de momentos fugaces, de la capacidad del escritor como médium y catalizador de olores, de sonidos, de asombros con los que aderezar la obscenidad de escribir sin tapujos. Se dice deudor en su vocación y madurez Pedro Juan Gutiérrez de Miller, de D.H. Lawrence, de Céline en su concepción del sexo en la novela, tanto como instrumento dramatúrgico como de la visión moral del escritor, que para Norman Mailer era fundamental para la democracia, para la verosimilitud de lo que se quiere contar, para escudriñar las vergüenzas que toda sociedad oculta y para que la memoria y la imaginación copulen en lugar de jugar al escondite, o peor aún al entretenimiento.

Todo cambia. Todo es impermeable. La independencia se lo persigue, le conversa a su amigo Guillermo Arriaga en un apéndice final donde aparecen los influjos de sus películas como Amores perros y 21 gramos desde las que abordar patologías, las contradicciones, el síndrome del cazador, la obligación del arte de caminar por el borde de la vida y de la muerte. Lo que importa es disfrutar con lo que se hace, de lo que uno escribe después de tenerlo claro y casi completo en su cabeza —no le gusta enloquecerse al galope por la escritura sin llevar las riendas—, sacudiéndose la luz y la oscuridad, el infierno y el Buda que cada uno lleva dentro. Lúcido, sincero, con la soltura de quien ha vivido mucho, Pedro Juan Gutiérrez le muestra a Pedro Juan y al lector todos los escritores que ha sido, todos los que caben en una Matrioska, y deja encendido para los jóvenes la dirección de su brújula: Un escritor tiene que ir a donde nadie va.

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Autor: Pedro Juan Gutiérrez. TítuloDiálogo con mi sombra. Sobre el oficio de escritorEditorial: Anagrama. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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