México: Claudia Sheinbaum: ¿del CEU a la presidencia de la República?

México/ 22 Septiembre, 2021/ Fuente/ https://julioastillero.com/

Por Ivonne Acuña Murillo

Foto: @Claudiashein

Por: Ivonne Acuña Murillo

Por primera vez en la historia de México una mujer tiene posibilidades reales de ocupar la silla presidencial. Por supuesto estoy hablando de Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de gobierno de la Ciudad de México (CDMX). Sostienen esta certeza varios factores, entre ellos: el apoyo y simpatía del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador; una buena gestión al frente del gobierno de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo y el escaparate político que esta supone; la existencia, por primera vez en la historia del país, de un gabinete paritario y de mujeres ocupando las principales carteras del mismo; la existencia también de un Poder Legislativo igualmente paritario; y, una ciudadanía que, en la elección presidencial de 2012, dio muestras de estar dispuesta a votar por una mujer para el mayor cargo de responsabilidad de la Nación.

Prácticamente tuvieron que pasar 68 años, desde que se reconoció el derecho de las mujeres a votar y ser votadas, en 1953, para que se dibujara en el horizonte la posibilidad de que una estudiante defensora de derechos estudiantiles se convierta en presidenta de la República además de ser una científica destacada.

La primera mujer en intentarlo fue la gran luchadora social por los desaparecidos y los derechos humanos, Rosario Ibarra de Piedra, quien en 1982 compitió por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) alcanzando el 1.84% de los votos. En 1988, volvió a competir por el mismo partido logrando una votación menor, tan solo el 0.39%.

Siguió sus pasos Cecilia Soto González, quien fuera candidata del Partido del Trabajo (PT), creado en 1990, alcanzando el 2.75% de los votos en la elección presidencial de 1994. Ese mismo año, una mujer más apareció en la boleta, Marcela Lombardo Otero, cuya votación fue del 0.47%; ella se registró bajo las siglas del Partido Popular Socialista (PPS), instituto fundado por su padre el sindicalista de izquierda Vicente Lombardo Toledano.

El 2006, Patricia Mercado Castro compitió por el Partido Alternativa Socialdemócrata, siendo favorecida por el más alto porcentaje de votos hasta ese momento, el 2.78%. Tan solo 6 años después otra candidata, esta vez representando al partido en el poder, el Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota, dio un salto cuantitativo extraordinario al obtener el 26.1% de la votación total. El dato no es menor si se tiene en cuenta que, al no ser la candidata que el entonces presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa hubiera querido, se enfrentó a la campaña presidencial con escaso apoyo de su partido y de su presidente. “La dejaron sola”, me comentó un reportero que por aquel tiempo cubría la fuente del Estado de México.

Antes de ser candidata por el PAN, venció en la contienda interna de su partido a los dos hombres que supuestamente podrían ocupar la candidatura a la presidencia en el sexenio de Calderón: Ernesto Cordero Arroyo (el favorito del presidente) y Santiago Creel Miranda (quien desde el sexenio de Vicente Fox Quesada coqueteó con dicha candidatura). El primero obtuvo el 40% de los votos y el segundo el 6%, Josefina se alzó con el 54%., en contra de todo pronóstico y de los deseos presidenciales.

Pero Josefina no se arredró, enfrentó el reto de una campaña en esas condiciones con las herramientas que tuvo a la mano. Se armó con un discurso, tal vez no muy afortunado, orientado hacia la maternidad y los valores del cuidado. Emitió frases afortunadas y otras no tanto, como aquella de traer los pantalones muy bien puestos abajo de la falda remitiendo, a sabiendas o no, a una visión patriarcal de la política. Grabó sus primeros spots con muy pocos recursos, como pudo observarse, etc. Y, aun así, remando contracorriente, logró mover a su favor al 26% de las y los votantes.

Menos afortunada fue Margarita Esther Zavala Gómez del Campo, candidata independiente en la elección de 2018, quien no logró hacer una campaña exitosa y se retiró de la contienda después del primer debate y de que su intención de voto no superara el 3.8%, compartiendo con el candidato Jaime Rodríguez Calderón (El Bronco) los últimos dos lugares, muy por debajo de José Antonio Mead, Ricardo Anaya Cortés y López Obrador, el puntero durante toda la campaña.

No pudo Margarita superar el escollo que supuso Ricardo Anaya quien al interior del PAN le disputó y arrebató la candidatura de su partido a la presidencia. Una derrota más fue la sufrida al no poder convertir su asociación, México Libre, en un partido político. Actualmente, se desempeña como diputada federal por su expartido.

Toca el turno de contender a Claudia Sheinbaum, quien tiene en Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Relaciones Exteriores, al competidor más fuerte. Ambos se disputan el favor del presidente de la República, así como el apoyo de sus correligionarios al interior del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Como es sabido Marcelo tiene entre sus operadores al actual presidente de Morena, Mario Delgado Carrillo y al parecer una especie de pacto con el senador de la República Ricardo Monreal, de quien se dice ha perdido la confianza del primer mandatario. Por su parte, Claudia cuenta con el apoyo de los llamados “Puros”, encabezados por Bertha Luján Uranga, presidenta del Consejo Nacional de Morena. En este grupo se encuentra también Citlalli Hernández Mora, actual secretaria general de Morena.

A diferencia de Marcelo, que cuenta con una larga y sólida carrera política, Sheinbaum tiene una carrera poco común, comenzando porque se ha distinguido por ser una científica reconocida internacionalmente. Estudió la licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM y la maestría y el doctorado en Ingeniería Energética, siendo la primera mujer en ingresar a este posgrado, pasando cuatro años del mismo en Lawrence Berkeley National Laboratory. Desde 1995 se desempeña como investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM. Ha publicado 2 libros y más de cien artículos científicos. Recibió el premio Nobel de la Paz junto con el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones formado por más de 2 mil científicos. También fue integrante de la Comisión para Políticas del Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Recibió igualmente el Premio Jesús Silva Herzog versión Problemas del Desarrollo y el Premio Joven Investigador de la UNAM en Innovación Tecnológica. Es parte activa del Consejo Editorial de las revistas Energy y Energy for Sustainable Development, de la editorial Elsevier, ambas reconocidas en el Science Citation Index. También es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias. Fue asesora de la Comisión Federal de Electricidad en la Gerencia de Estudios Económicos y de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía, consultora del Banco Mundial y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y también es miembro de la Comisión para Políticas del Desarrollo de Naciones Unidas.

Su paso por la política comenzó con su participación en movimientos sociales desde que era estudiante en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH). En sus últimos años de licenciatura formó parte del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), movimiento creado en 1986 para frenar el “Plan Carpizo”, en referencia al entonces rector Jorge Carpizo McGregor, cuyas reformas buscaban aumentar la colegiatura y eliminar el pase directo.
También formó parte del movimiento que puso en evidencia el fraude electoral en contra de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988. A partir de este momento se involucró con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fundado en 1989, y estableció contacto con los principales líderes de la izquierda política: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Ifigenia Martínez Hernández, Porfirio Muñoz Ledo y, por supuesto, el actual presidente López Obrador.

Desde entonces su relación con el primer mandatario ha sido prácticamente inquebrantable pues ella se ha convertido en su alumna más destacada, leal y disciplinada, capaz de imitar en todo los actos de su maestro e incluso de superarlo en alguno de sus aspectos, más de corte técnico y administrativo que político, ámbito donde es sumamente difícil alcanzar a AMLO. Es este, por cierto, uno de los puntos débiles de la gobernante capitalina, que bien puede ser suplido, hasta donde sea posible, con operadores políticos del corte de Martí Batres Guadarrama.

Es innegable que la mano de López Obrador ha construido su carrera política. Fue secretaria de Medio Ambiente cuando él ocupó el cargo de jefe de gobierno del Distrito Federal, entre 2000 y 2006. Bajo este mismo mandato, estuvo al frente de la construcción del Segundo Piso del Periférico, la primera línea del Metrobús en Insurgentes y el primer carril confinado para bicicletas en Paseo de la Reforma.

Fue secretaria de Defensa del Patrimonio Nacional del llamado “Gobierno Legítimo” de AMLO, después del fraude electoral de 2006. En 2012, el actual presidente anunció que, de ganar, ella ocuparía la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales. Sabido es que esto no ocurrió; sin embargo, Sheinbaum se convirtió en delegada de Tlalpan en 2015 como parte de los primeros triunfos electorales del recientemente fundado partido político, Morena.

A partir de aquí, el apoyo del presidente se hizo más patente, lo que la llevó a asumir el cargo que ahora ocupa. Gestionando bien la mayoría de los problemas más urgentes de la CDMX, fue nominada en 2021, junto con otras personalidades, como mejor alcaldesa del mundo por la City Mayors Foundation, por su manejo acertado de la pandemia provocada por el Covid-19.

Desde entonces, no han dejado de presentarse las señales que llevan a pensar en Claudia como la primera mujer presidenta de la República, entre ellas: la defensa continua que hace de ella el presidente, en especial cuando “algún grandulón” pretende agredirla; la intervención de López Obrador en la tragedia de la Línea 12 del Metro, al atraer el tema y quitar los reflectores de encima de Sheinbaum (y de Marcelo), intentando proteger su imagen; el ser la única mandataria local invitada al Tercer Informe de Gobierno y que se le haya designado una silla, con su nombre, hasta adelante, mientras que a Marcelo se le envió hasta atrás fuera de la vista de las cámaras, por lo que tuvo que tomarse la selfie para demostrar que estuvo ahí. El grito de “presidenta, presidenta” que ahora la acompaña en los eventos de su partido.

Por supuesto, Sheinbaum no puede cantar victoria, en dos años pueden pasar muchas cosas y Ebrard ha desempeñado también un destacado papel al frente de los asuntos internacionales, en especial en lo que respecta a las vacunas contra el Covid-19 y en fortalecer y reposicionar el liderazgo de México y el propio presidente López Obrador en el mundo. En torno a él también hay señales, la más reciente se dio en la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), este fin de semana, en la que el canciller lució como un exitoso vicepresidente, con la anuencia de AMLO.

Muy pronto sabremos si Claudia Sheinbaum puede transitar de estudiante defensora de derechos estudiantiles a presidenta de la República pasando por la ciencia.


Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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