México: Una voz sensata, en una cumbre de varones

México/ 25 Septiembre, 2021/ Fuente/ https://aristeguinoticias.com/

En medio de los dimes y diretes, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, imprimió un sentido de urgencia y logró el único acuerdo importante de la cumbre de Celac: un plan de autosuficiencia sanitaria para la región.

Una voz sensata, en una cumbre de varones

Por Ernesto Núñez Albarrán
Twitter: @chamanesco

La voz de Alicia Bárcena se alzó, diáfana y convincente, en medio de los dimes y
diretes entre jefes de Estado y de gobierno.

Resonaban aún, en el Salón Tesorería del Palacio Nacional, los reproches entre
Mario Abdo, presidente de Paraguay, y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela,
cuando la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe imprimió a la reunión un sentido de urgencia.

La funcionaria, una de las dos únicas oradoras en una cumbre de varones (la otra
fue la canciller de Panamá, Erika Mouynes), exhortó a los presentes a hacer frente
común a la pandemia.

Les recordó que la Covid-19 ha encontrado en esta región las condiciones
idóneas para potenciar sus malignos efectos, tanto sanitarios, como económicos y
sociales.

Estaba fresca aún la escaramuza entre Luis Lacalle, presidente de Uruguay, y
Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba, cuando Bárcena puso sobre la mesa el
único acuerdo realmente concreto –y útil– de la “VI Cumbre de Jefes de Estado y
de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”: los
lineamientos y el mandato de implementación de un plan de autosuficiencia
sanitaria.

Un plan urgente en una región de 650 millones de personas, que para finales de
2021 habrá alcanzado a vacunar a menos del 80 por ciento de su población, con
enormes asimetrías: mientras Chile ha vacunado ya al 87 por ciento de sus
habitantes mayores de 18 años, en Haití se ha vacunado al 0.2 por ciento.

Maduro y Díaz Canel hicieron malabares para tratar de defender sus regímenes
autoritarios, pero sólo lograron exhibir las profundas diferencias en un
subcontinente al que la democracia electoral le ha quedado a deber la solución de
sus problemas.

Mientras tanto, Bárcena dejó ver que la pandemia evidenció las enormes
desigualdades de la región latinoamericana y sus graves problemas estructurales:
El “subfinanciamiento crónico” de la investigación y el desarrollo tecnológico, la
debilidad de las políticas industriales en casi todos los países, las debilidades de los sistemas de salud, la carencia de una planificación anticipatoria y, por ende,
las enormes limitaciones en el abastecimiento de vacunas y medicamentos.

La crisis sanitaria –recalcó la funcionaria– también reveló la insuficiente
solidaridad internacional y los escasos efectos del Fondo de Acceso Global para
Vacunas Covid-19.

El famoso COVAX, que tenía la buena intención de impedir que la desigualdad
económica fuera un factor determinante en el acceso de la población mundial a la
vacuna, no logró su cometido y, al final de la historia, puede concluirse que
Latinoamérica puso a los sujetos de prueba de muchas de las vacunas que
circulan en los países desarrollados, pero no tuvo acceso a ellas.

“Miren qué vergüenza”, sentenció Bárcena ante los jefes de Estado, “nosotros
hemos puesto los brazos de nuestra población para que se hagan los ensayos
clínicos en América Latina y el Caribe, qué barbaridad, pero no hemos sido
capaces de negociar mejor”.

Abdo y Lacalle no dejaron pasar la oportunidad para exhibir a los cuatro vientos
las atrocidades ocurridas en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Bárcena no dejó que esa nota de color estropeara el único acuerdo importante de
la declaración de la Ciudad de México.

Y les recordó a los mandatarios que, a diferencia de la Unión Europea o América
del Norte, en América Latina no fue posible producir vacunas oportunamente ni
construir un mercado a escala de medicamentos, por lo que la Cepal puso sobre la
mesa los lineamientos de autosuficiencia sanitaria que finalmente fueron
aprobados por unanimidad.

La de Bárcena parecía la única voz sensata en una cumbre que, como suele
ocurrir desde hace décadas en la región, exhibió más divisiones y debilidades, que
fortalezas y posibilidades de cooperación.

Y es que, a diez años de la creación de la CELAC, los problemas de América
Latina siguen irresueltos.

Si uno lee cualquiera de las declaraciones de las cumbres de la CELAC (Caracas
2012, Santiago 2013, La Habana 2014, Belén 2015, Quito 2016, Punta Cana 2017
o incluso Ciudad de México 2018), los diagnósticos son todos terribles.

Declaraciones van y vienen, siempre con las mejores intenciones aparentes.
Pasan las cumbres, los presidentes anfitriones exaltan su “profunda vocación
latinoamericana”, los participantes las usan de tribuna ideológica, se toman las
fotos oficiales, se abulta el anecdotario, pero los problemas parecen cada vez más
graves.

Pobreza, corrupción, desigualdad, violencia, inestabilidad política, desempleo,
saqueo de recursos naturales, devastación de bosques y selvas, graves desastres
agravados por el cambio climático, narcotráfico, tráfico de personas, migración,
crimen transnacional… Y ahora, la pandemia.

Por eso, después del agitado fin de semana, vale la pena revisar la propuesta de
la Cepal para hacer frente al problema sanitario, que hoy parece el más urgente y,
de paso, preguntarse si esta cumbre sí cambiará en algo el destino de la región.

Fuente

https://aristeguinoticias.com/1909/opinion/una-voz-sensata-en-una-cumbre-de-varones/

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