Por un nuevo mundo educativo

Por P. Harold Castilla Devoz

En estos casi últimos 20 meses de impulso a la era digital, hemos pensado, reflexionado, hablado y actuado en torno a las apuestas del sector de la educación superior en todos sus niveles y modalidades, desde el enfoque de la calidad y la pertinencia de este.

Las líneas de pensamiento han estado enfocadas a explicar y orientar el momento de desafíos a los que la realidad misma nos enfrenta, para que la apuesta educativa siga siendo el camino de confianza con el fin de alcanzar mayores niveles de desarrollo sostenible. No podrá frenarse jamás el sueño de un mundo nuevo gracias a la senda que nos ofrece la educación como una ruta de transformación del ser humano y de la sociedad con la que se relaciona.

Seguimos preguntándonos cuáles son esos factores de éxito necesarios para que este “sueño de un mundo nuevo”, a través de la educación, se pueda concretar. En este orden de ideas, me atrevo a afirmar que nada podrá ser diferente si la visión de la educación no es la que hoy se requiere para lograrlo, con sus marcos habilitadores, las inversiones adecuadas, los estilos de liderazgo de quienes tienen la responsabilidad de comprender y gestionar la nueva visión, y por supuesto, la definición y ejecución de acciones prioritarias, coherentes y consistentes con lo que se quiere construir.

Cuando hablamos de marcos habilitadores pienso en las dinámicas regulatorias o normativas. Estas están llamadas a favorecer la autonomía institucional con enfoque innovador, salvaguardando siempre atributos tales como calidad, acceso, cobertura y pertinencia, pero dejando el espacio suficiente a las instituciones para la toma de decisiones estratégicas.

Se trata de una visión institucional que busca un desarrollo dinámico y adaptable, que no se frena en su actuar diario por un sinfín de temas que le corresponde atender, sino que fija su atención más lejos, en su apuesta de largo plazo.

Esto involucra también la habilitación de la interdisciplinariedad, el aprendizaje flexible y fluido, las trayectorias profesionales, reconociendo que nada hoy se queda en el aire porque todo converge en una mirada de educación a lo largo de la vida, las relaciones de cooperación entre redes académicas y su intercambio constante en aspectos no sólo de docencia sino de investigación -en perspectiva de ciencia abierta- y de extensión social.

Es necesario que el sector educativo, a través de la política pública y sus acciones de fomento, realice las inversiones más apropiadas en innovación para la consecución de nuevas tecnologías clave. Se requiere de fondos públicos que respondan a las crecientes responsabilidades de las Instituciones de Educación Superior no solo desde la línea de subsidios sino de competitividad.

Considero importante también que las IES deben fortalecer su autonomía financiera para desarrollar sus estrategias de largo plazo, y ello, incluye la posibilidad de diversificar sus fuentes de ingresos. Algo fundamental será la inversión en el talento humano para que la transformación suceda y responda a los desafíos. Los incentivos financieros y la flexibilidad regulatoria deberán permitir a las IES incrementar su capacidad de innovar y cooperar, y facilitar su adaptación a nuevas realidades.

Otro elemento crucial para lograr la transformación de las IES es la gestión de liderazgo, que implica moldear el perfil institucional, partiendo de la misión y sustentos fundacionales y de la lectura permanente del entorno y las tendencias.

Además, es un liderazgo caracterizado por la transparencia en las decisiones que se toman, y por la constante rendición de cuentas a la sociedad, que es al final la garante de la oferta de valor. Llegar a la sociedad en general y abrirse a la co-creación será una ambición continua para las IES en este tiempo distinto en el cual apostamos por un nuevo mundo educativo.

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Por un nuevo mundo educativo – Sarraute Educación María Magdalena

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