Prospectivas para la educación del siglo XXI

Por José Guillermo Fournier Ramos

La nueva educación del siglo XXI necesita poner énfasis en el talento de las personas, el trabajo colaborativo, y los desafíos comunes a la humanidad, opina Guillermo Fournier.

Si la educación es la capacidad de enfrentar los retos que se presentan a lo largo de la vida, las escuelas y universidades tienen la responsabilidad de actualizar el contenido de sus programas educativos para que estos se ajusten a la realidad del entorno.En este sentido, la era contemporánea con su dinámica de cambios acelerados, requiere de una enseñanza escolar que se atreva a romper con algunos viejos paradigmas y se enfoque en el desarrollo de habilidades que les serán de utilidad a las nuevas generaciones de niños y jóvenes.

La educación tradicional se funda en un modelo similar al de los procesos industriales de producción, con horarios de clases fijos, memorización de funciones y conocimientos, y evaluaciones estandarizadas. Se trata de un esquema educativo que rindió frutos en una época determinada, pero que debe ser repensado y rediseñado en el propósito por crear una nueva educación que atienda las altas exigencias del siglo XXI.

Los avances tecnológicos de las últimas décadas representan una oportunidad para impulsar la educación de la mano de la ciencia, las plataformas digitales y el internet. Sin embargo, no hemos encontrado la fórmula para que estas herramientas tecnológicas se aprovechen en el proceso educativo, sino que, con frecuencia, el mundo de lo virtual es considerado incluso como un obstáculo en la formación y educación de las personas.

¿Por qué resulta tan difícil reformar un modelo educativo que a todas luces tiene carencias y limitaciones? Pues bien, hay quienes atribuyen esta rigidez al propio sistema, y apuntan que son muchas las resistencias ante la propuesta de cualquier renovación. Aunque es verdad que todo cambio produce tensión y fuerzas opositoras, es innegable que el mundo se transforma a gran velocidad y la educación debe responder a esta circunstancia.

A la par, se argumenta que el modelo tradicional de educación ha sido exitoso en lograr que la mayor parte de la población de los países aprenda a leer y escribir, además de disponer de conocimientos e instrucción básicos. Esto es cierto y es digno de reconocimiento. Empero, considero que hace falta imaginar la posibilidad de un mejor futuro, con mayor igualdad social, desarrollo económico, y una auténtica cultura de la paz. Estos objetivos ambiciosos solo pueden ser alcanzados con el cimiento de una educación de calidad.

La nueva educación del siglo XXI necesita poner énfasis en el talento de las personas, el trabajo colaborativo, y los desafíos comunes a la humanidad.

Los expertos afirman que existen distintos tipos de inteligencia. Esto lo puede confirmar cualquiera que tenga hijos. Ahora bien, el sistema educativo actual es muy riguroso al enfocarse en materias como el idioma y las matemáticas, lo cual es positivo; no obstante, se da poquísima importancia o peso a asignaturas como las artes y los deportes.

Un joven en etapa escolar cuyos talentos (artísticos o deportivos, por ejemplo) no sean tan valorados por el modelo de educación tradicional, con toda probabilidad se sentirá frustrado y, peor aún, tal vez se perciba a sí mismo como poco inteligente.

La nueva educación será capaz de distinguir entre los diferentes tipos de inteligencia y las diversas clases de talentos. Más aún, los profesores sabrán identificar estas habilidades y motivarán a los alumnos para que potencien sus talentos al máximo.

Respecto del trabajo colaborativo, hay un largo camino por recorrer. El modelo educativo que hemos heredado se basa preponderantemente en las tareas individuales. Esto es evidente, por citar un caso, al momento de evaluar por medio de exámenes escritos. La prueba es respondida en solitario por el alumno y está prohibido compartir respuestas, ya que se considera deshonesto.

En el mundo laboral y profesional real, sin embargo, es fundamental contar con la apertura y la disposición para compartir conocimientos, complementar habilidades con terceros, y comunicarse entre pares.

Claro que cada vez es más común que profesores organicen actividades grupales, pero esto no debiera ser una excepción, sino algo habitual en el afán por acostumbrar a las personas a colaborar con generosidad y buena voluntad.

Las nuevas generaciones tienen por delante enormes desafíos: la crisis climática, la globalización, y la revolución de la tecnología inteligente son algunos de ellos. Si queremos formar a personas capaces de resolver problemas complejos y hallar soluciones a situaciones críticas, la educación es el punto de partida.

Por ello, el nuevo sistema educativo deberá contener en sus programas estrategias para desarrollar habilidades como el liderazgo, la conciencia social y el pensamiento ético. No se trata de materias accesorias o secundarias, sino de aptitudes que deben integrarse a cada tarea, a cada actividad, a cada curso.

Como decía Nelson Mandela: “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. No hay duda. Transformar el modelo educativo es indispensable, si es que buscamos transformar las sociedades y conducir sus destinos.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Fuente:

https://expansion.mx/opinion/2021/10/03/prospectivas-educacion-siglo-xxi

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