La inteligencia artificial que te lee los ojos para contarte un cuento del Dragón Matías

Por Chema Alonso

La inteligencia artificial que te lee los ojos para contarte un cuento del Dragón Matías

 

 

Durante el día de hoy voy a estar en dos eventos hablando de dos cosas que me interesan mucho, como son la ciberseguridad y la inteligencia artificial, pero no como muchos os imagináis. Por la tarde será una charla con ese hacker chileno llamado Ragnar que se dedica a mover la comunidad de hackers latinoamericana por toda América —la del norte también— desde hace muchos años, y será una sesión dentro de una de sus iniciativas, la de hackers 8.8 en Brasil. Ya veis, maravillas del mundo de hoy en día donde un hacker chileno y un español se juntan para hablar de ciberseguridad en un evento en Brasil, junto a otro gran hacker, en este caso Argentino, que vive en Uruguay, César Cerrudo, y cada uno en su casa.

 

Pero no quería hablaros de esa charla, sino de la de antes, de la que tiene que ver con Inteligencia Artificial y Literatura. En concreto con los cuentos, algo que me interesa mucho desde hace más de una década. En concreto trece años, que son los que tiene Mi Hacker, esa niña callada y reflexiva que me observa y vigila. Que tenía que hablar con un dragón imaginario cuando me alejaba de ella y me iba a hackear mi futuro y el mundo para progresar profesionalmente en el área que había elegido para vivir mi vida. A ella le narraba, y aún le narro de luna en luna, historias que imagino para ella. 

 

“No le valen los que tantas veces ha visto en la tele, en libros de cuentos o que otros se saben. Tienen que ser cuentos de mi boca que ella sabe que son inventados por papaete”

 

Pero tuve que estresar mi destreza en este arte porque hace ocho años llegó Mi Survivor, una niña sin regulador de volumen ni energía que solo cuenta con dos modos de funcionamiento: a tope o apagada. Una niña que ha venido a abollar el mundo a saltos, de la que imagino que celebraremos su dieciocho cumpleaños cuando reciba una llamada de cualquier rincón del mundo donde esté. Imagino que será una llamada rápida porque tendrá algo que hacer urgente, como reírse, bailar o cantar. Una niña que desde bien pequeña me exigió cuentos de mi boca. No le valen los que tantas veces ha visto en la tele, en libros de cuentos o que otros se saben. Tienen que ser cuentos de mi boca que ella sabe que son inventados por papaete.

“No seas vago, papá, cuéntame un cuento de tu boca. Que salga el Dragón Matías y Chiquitina.”

Claro, esos cuentos tienen a unos personajes protagonistas que se parecen mucho a ciertas niñas, a sus primos y su papaete, junto con un dragón que es amigo mío. Sale el “Rey Papá”, “Rapidín”, “Chiquitina” y la “Princesa Cassandra”, a la que no le gusta que la llamen “Pedorrina”. Y, por supuesto, el “Dragón Matías”. Este personaje es tan importante en sus vidas —porque es amigo de papá— que tuve que construir un disfraz para que pudiera venir a verlas cuando eran pequeñas. Y tiene su cola y todo.

El disfraz que diseñé para el Dragón Matías.

Son cuentos que he ido escribiendo para darles moralinas educativas —como son la mayoría de los que consumimos hoy en día—, pero a mi estilo. Se los cuento con todo lujo de detalles y personajes que hago con las marionetas de dedo. Me compré un buen saco de muñecos y los uso para contarles las aventuras con ellos, cada uno con su voz, su personalidad y sus movimientos. Un espectáculo cuando me curro las aventuras.

Marionetas de dedo para contar cuentos.

Con el tiempo, a los que más cariño he cogido los he ido escribiendo y guardando para que no se mueran con la pérdida de mi memoria, así que he publicado en mi blog las historias de “El gigante de los juguetes”, “Serpentina y los quesos olorosos”, la historia de “El batería suplente de The Goo Goo Dolls”, la historia de “La hormiguita valiente«, “Papá Noel y el niño de la torre del reloj de Telefónica” o “La princesita de ocho patas”. No son obras de arte de la literatura universal, al contrario, son una demostración de que la literatura es universal para todos, y hasta un hacker papá puede valerse de ella para entretener y educar a sus hijas. Y si es con dragones, trolls y monstruos, mejor que mejor, que luego nos daba para otro pasatiempo, ya que cuando me inventaba un cuento también me inventaba monstruos, y pintar y colorear esos personajes con ellas ha sido siempre una de las cosas en las que nos entreteníamos los fines de semana. Cuentos con monstruos y dragones, qué maravilla.

“Vamos a pintar monstruos, papaete”

“Papaete, vamos a pintar monstruos y luego me cuentas un cuento con ellos”

Hoy en día Mi Hacker ya es mayor, y está más en las novelas de Mara Turing que en los cuentos, y Mi Survivor, acelerada en todo, comparte conmigo los dibujos y cómics de Iron Man y Los Simpsons, para reírnos mucho con Homer y Bart. Es para mí una prueba del paso del tiempo, a pesar de que intento que sigan siendo pequeñitas aún.

 

“Esa forma de comenzar a leer usando los ojos no para reconocer letras y palabras, sino para ver a los objetos, personajes y lugares, siempre me maravilló”

 

Así que, con cierta nostalgia, juntando mi afición por crear, contar y escribir cuentos y la inteligencia artificial, se me ocurrió hacer una bonita experiencia, acordándome de cuando empezaba a contarles cuentos con pictogramas. Es decir, cuentos que sustituyen palabras con dibujos para que les sea más fácil entrar en el maravilloso mundo de la lectura. Yo tenía —y aún conservo— algunos de dragones, trolls y gnomos que les encantaban. Monstruos. Los trolls se comían a los gnomos, que eran muy malos —los gnomos, no los trolls—, los dragones eran enormes y temidos, y las historias les encantaban.

Esa forma de comenzar a leer usando los ojos no para reconocer letras y palabras, sino para ver a los objetos, personajes y lugares, siempre me maravilló, así que un día puse a mi equipo de Ideas Locas del que ya os he hablado tantas veces a probar otra cosa diferente para que los niños disfruten los cuentos.

“¿Y si usamos la inteligencia artificial para saber qué esta mirando un niño o una niña mientras lee un cuento y le damos vida?”

Y claro, nos pusimos a ello.

 

“Lo que hacemos en nuestro cuento multimedia con inteligencia artificial es que los personajes hablen y representen su papel en la acción de ese acto concreto en cuando se mira sobre ellos”

 

La idea es sencilla. Con la cámara frontal de un iPad o un teléfono inteligente podemos mirar la pupila del ojo y saber cuándo parpadea, cuándo pierde atención y cuándo está mirando la pantalla. Pero no solo que está mirando la pantalla, sino qué parte de la pantalla. En las tres imágenes siguientes que hicimos como primera prueba de concepto, donde metimos una imagen de un dragón y un caballero como si fueran parte de uno de los cuentos del Dragón Matías, se puede ver en azul una cruceta. Esta se encuentra controlada por un modelo de inteligencia artificial que, usando un servicio cognitivo —de esos que replican las destrezas cognitivas de los seres humanos— de visión artificial, hace una predicción de en qué parte de la pantalla se está mirando en cada instante.

Lo que hacemos en nuestro cuento multimedia con inteligencia artificial es que los personajes hablen y representen su papel en la acción de ese acto concreto en cuando se mira sobre ellos, tanto en forma de bocadillos al estilo de los cómics que tanto me gustan como con su propia voz, ya que nos aprovechamos de las capacidades multimedia del dispositivo.

Primera prueba de concepto con un cuento del Dragón Matías

Y funcionó bien la idea. Así que, como yo siempre digo que tener ideas está bien, pero solo cuenta si las haces realidad, nos tomamos en serio la tarea de hacer uno de los cuentos, en concreto el de “El gigante de los juguetes”, así que, tal y como hicimos previamente con el Proyecto Maquet, nos pusimos manos a la obra, diseñamos los personajes, la historia, y dejamos una cosa bastante chula.

 

“Seguro que piensan que es algún tipo de temporizador, o algún sistema aleatorio, o que es que funciona así porque funciona así. Les costará darse cuenta de que hay una inteligencia artificial mirándoles los ojos para saber qué están mirando en la pantalla”

 

En las capturas siguientes podéis ver el resultado del cuento visualizado sobre un iPhone. En ella se ve también la descripción de “Chiquitina”, con uno de los cuentos cortos de mi boca que le narro a Mi Survivor cuando ya es tarde y tiene que dormirse ya para ir descansada el día siguiente. El cuento de “La niña que era tan pequeña que se bañaba en un vaso de agua”. Ese, y el de “Ariadnita, la niña que hace caso del revés” le encantan, y siempre nos han dado la oportunidad de juguetear un poco antes de irnos al reino de los sueños, donde los dragones buenos, como el Dragón Matías, viven aventuras con las niñas buenas.

Versión final del cuento con inteligencia artificial. A la derecha está el personaje que se parece sospechosamente a Mi Survivor.

Esto también lo hemos hecho, como voy a enseñar esta tarde, con un fragmento de las aventuras de Mara Turing, del genial escritor Javier Padilla, donde hemos animado con nuestro sistema de inteligencia artificial un cuento. Aquí, para hacer que la “magia” de la tecnología se vea menos, tenemos el resultado con la cruceta escondida, lo que puede sorprender a los lectores la primera vez.

¿Qué viñeta estamos mirando en esta historia de Mara Turing?

Seguro que piensan que es algún tipo de temporizador, o algún sistema aleatorio, o que es que funciona así porque funciona así. Les costará darse cuenta de que hay una inteligencia artificial mirándoles los ojos para saber qué están mirando en la pantalla. Como cuando os salen anuncios en las páginas web que visitáis de cosas de las que habéis estado hablando. Seguro que muchos no caéis en que hay un modelo de inteligencia artificial en el terminal con un servicio cognitivo de reconocimiento de voz para saber de qué temas habláis o tenéis interés. Para muchos es magia, y no una aplicación de tu móvil que te escucha con una IA para reconocer palabras que ayuden a mejorar la eficiencia de los anuncios.

Y lo mejor de todo, qué maravilloso es poder contar cuentos.

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