Escuelas con pedagogías alternativas: ¿mejora de la educación o solo negocio?

Por: Laura L. Ruiz. 

El auge de los centros privados o concertados para niños y niñas basadas en otros métodos de enseñar, fuera del sistema público de educación, cosecha éxitos a la vez que denuncias por fraude o por vulneración de los derechos laborales.

Montessori, Waldhof, Pikler o Aucouturier son solo algunas de las metodologías que se han ido popularizando esta última década, aunque vienen de atrás. Empezando por la que María Montessori ideó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta italiana puso en el centro de la enseñanza al niño o a la niña, creando un método que configura su entorno para que el desarrollo del menor sea el mejor. Otras pedagogías activas, con intervención mayor o menor de los adultos, se fueron completando en el siglo XX. Pero en la última década, gracias al avance de los medios tecnológicos y al interés por una mejor educación, se ha disparado el número de centros privados de educación infantil y primaria, sobre todo, que ofrecen estas metodologías alternativas al sistema público.

Mientras los proyectos de las llamadas escuelas libres sobre todo en el rural emergen como una respuesta contestataria al sistema, también hay quien ve negocio en ello. El pasado mes de junio, Inspección de Trabajo descubrió en el Colegio Internacional Nuevo Centro de Madrid un fraude al tener a 17 empleados acogidos a un ERTE pero obligados a trabajar a la vez. Un operativo entre el Ministerio y la policía para bloquear las salidas del centro —cuyo lema es ‘el colegio de los niños triunfadores’— hizo posible que se descubriera a los empleados, que se escondían en la piscina climatizada, en el aparcamiento y en otros lugares de los más de 60.000 metros cuadrados de instalación.

La educación privada tampoco ha salido indemne de casos de corrupción entre empresarios y políticos. En la Operación Púnica se incluyó cuatro colegios dentro de la investigación del caso y el sindicato CC OO denunció que la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid favoreció irregularmente a una empresa privada concesionaria de un concierto educativo. La escuela concertada no está libre de denuncias. Un modelo de negocio, el concertado, con ayudas públicas y aportaciones privadas, que recibe críticas de ambos lados, tanto del sector público como el privado. De hecho, el pasado año la patronal de centros privados (CICAE) aseguró en un informe que el 90% de los centros concertados analizados obligan a pagar cuotas de forma irregular, muchas de ellas contraviniendo la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE).

Se calcula que la educación pública representa el 68% del sistema educativo, la educación concertada privada el 28%, del cual el 60% corresponde a centros regidos por la Iglesia católica. La educación privada representa solo el 4%, muchos de ellos centrados en la educación infantil. Un porcentaje que deja a la cola a España de centros públicos en relación con Europa.

De proyectos respetuosos y prácticas neoliberales

Ante la pregunta de qué se busca en un centro privado que no se encuentre en la pública, son muchas las respuestas. Desde modelos educativos diferentes, una atención más personalizada, idiomas, otros contenidos, hasta instalaciones mejores. Esto hace que muchas familias se impliquen más en la educación y también vean más las carencias.

“Los proyectos respetuosos tienen que ver con las personas que los crean”, opina María José Rodríguez, madre de una niña. “Después de pasar por tres proyectos —explica—, si las personas que llevan el proyecto no están trabajando su crecimiento personal, convierten los proyectos en lo que son. He estado en uno que fue así, coherente y respetuoso, los otros dos habían copiado una idea y era imposible llevarla a la práctica. La enseñanza es vocacional y no un negocio lucrativo. Si lo hacen bien son estupendas, pero son pocas. Las otras cogen un poco de aquí, un poco de allí y juegan a ser una escuela respetuosa, pero es muy peligroso para esas personitas tan pequeñas que son esponjas”.

“La enseñanza es vocacional y no un negocio lucrativo. Si lo hacen bien son estupendas, pero son pocas. Las otras cogen un poco de aquí, un poco de allí y juegan a ser una escuela respetuosa, pero es muy peligroso para esas personitas tan pequeñas que son esponjas”

Una de las malas experiencias que relata Rodríguez alude al centro madrileño Dos Latidos, en La Cabrera. Son varios los extrabajadores del centro con los que ha podido hablar El Salto y quienes relatan lo ocurrido en cuento a su situación laboral, al proyecto educativo y al trato de la dirección. Con el caso del Dragón International School presente —donde la dirección denunció por difamación a seis personas, entre docentes y padres, por criticar en un grupo de WhatsApp su experiencia en el centro—, prefieren no dar sus nombres. Por muchos de ellos habla el sindicato CNT Sierra Norte: “Hace ya más de dos años que al sindicato nos empezaron a llegar noticias de extrabajadores y trabajadoras de la escuela Dos Latidos que nos contaban relatos que ponían los pelos de punta tanto del trato que recibían, como de las prácticas de esta empresa en cuestiones de derechos laborales, que en opinión de los trabajadores no eran las mejores. Nos parecía increíble que una escuela alternativa de estas características pudiera actuar así”.

Desde el sindicato se explica que “se valieron de la firma de acuerdos de confidencialidad, de dudosa legalidad, que hacían firmar tanto a trabajadores, como a las familias de sus alumnos, cuyos testimonios también ponen en duda la fórmula pedagógica de esta escuela” para conservar este anonimato.

Una antigua ‘acompañante’ (nombre para los docentes en este centro) asegura que ni el trato era respetuoso para los trabajadores ni se ha sentido respaldada en sus funciones. Resalta esta trabajadora las horas extra fuera del horario habitual, los correos electrónicos y las comunicaciones por otros medios que recibía fuera de su jornada, incluso en festivos o fines de semana. También asegura haber recibido “amenazas de despido a lo largo del curso únicamente por estar algunos días de baja por enfermedad”, incluso presiones para que fuera ella quien rompiera la relación laboral con el centro.

Renuncias, precariedad y despidos

Otro extrabajador rememora su experiencia en este centro: “Comencé tremendamente ilusionado con la posibilidad de crecer en una visión de la Educación que comparto ampliamente, pero las condiciones laborales ya eran bastante precarias. En torno a 700 euros netos mensuales por dos jornadas de trabajo, pero con un nivel de exigencia y de trabajo que superaba con mucho lo estipulado por contrato”, explica. Solo estuvo dos meses antes de presentar su renuncia tras una larga charla con la dirección del centro. “Las instalaciones, el entorno y los recursos de la escuela invitaban a soñar, pero me quedaron muchas dudas, como que los alumnos más mayores llevaban un nivel académico bastante bajo en algunos campos y con deficiencias notables”, comenta.

Una experiencia que comparte otra familia, cuyo hijo llegó al centro con dificultades de aprendizaje y que confiaron que en el centro les ayudarían con “los distintos métodos de enseñanza” que se impartían allí. “Pasados cuatro años de su llegada y con diez años, siguen sin leer. Desde casa empezamos a trabajar y gracias a ello se soltó a leer y escribir”, explica la madre que prefiere permanecer en el anonimato también, que califica de “muy decepcionante” su experiencia en esta escuela.

Además del nivel académico, para el profesor que hablaba anteriormente, lo que hizo que presentara su renuncia fue “el ambiente que se fue creando y el modo de proceder de la directora”. “Reinó la tensión, el agobio, las malas formas y una presión altísima. También fue determinante la desmesurada carga de trabajo que este centro pretendía imponer a los trabajadores”, indica a El Salto este docente con experiencia en Secundaria que califica el modelo de la escuela como ‘neoliberalismo happyflower’. “Me hizo plantear cómo estos tipos de pedagogías y centros son muy susceptibles en convertirse en escuelas de élite de ‘progrescaviar’ pero donde se dan las mismas dinámicas que en los call center”.

Una tercera madre asegura que su hijo se quejaba del trato que se daba a los alumnos, calificándolo de “para nada respetuoso”. Este medio se ha puesto en contacto con Marigú López, cofundadora y directora de la escuela y, aunque en un principio se ofreció a responder a las preguntas de El Salto, finalmente no lo hizo.

La Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras (FECCOO) señala que gran parte de la precariedad de la educación proviene del sector privado y concertado. Un informe de este sindicato indica que una de cada cuatro personas que trabaja en la enseñanza privada pierde su empleo en verano. Según las cifras, se trata de una práctica de ahorro habitual en este tipo de centros, pero este año incluso se ha incrementado en 2,5 puntos porcentuales el número de personas que trabajaban en la privada y dejaron de hacerlo durante el verano con respecto al año anterior —26,76% frente al 24,23%—. Además de las sustituciones que generan estos datos, también están ciertas prácticas.

“Utilizando la táctica de dilatar en el tiempo el ‘llamamiento’ para solicitar su incorporación al inicio del curso escolar en los contratos fijos-discontinuos, la empresa busca que los trabajadores se desesperen y busquen otro trabajo, y de esta forma evitar pagar la indemnización por despido”, comentan de nuevo desde el sindicato CNT Sierra Norte, y en el caso de Dos Latidos concretan que por la intervención del sindicato se ha logrado recientemente y “por primera vez” que el centro pagase “la correspondiente indemnización por despido”.

Modelos separados de la rentabilidad económica

Las cooperativas de docentes o de docentes y progenitores también han crecido en los últimos años. Se trata de modelos ajenos a empresas que intentan hacer dinero con la educación. Muchos son horizontales, asamblearios y abiertos a la participación. Es el caso del colegio Siglo XXI en el madrileño barrio de Moratalaz, una cooperativa de familias sin ánimo de lucro más conocida recientemente ya que allí estudió la actual ministra de Igualdad, Irene Montero Gil, o del proyecto libertario Paideia. Este centro, que abrió sus puertas en Mérida por primera vez en 1978 lleva a cabo las enseñanzas de la Escuela Moderna de Ferré i Guardia así como otros dogmas libertarios. “Es una escuela libre, sin subvenciones, asamblearia, autogestionada y con valores como el apoyo mutuo como cimiento”, explica Ana Toro, madre de dos hijos que han pasado por Paideia. La mayor, que cursó todos sus estudios obligatorios en el centro, se hizo pedagoga y ahora arranca su propio proyecto de escuela libertaria en México. El menor, de 14 años, está en el último año y quiere ser artista. “Esta escuela no hace moldes”, explica Toro.

La escuela —que se mantiene gracias a la cuota de los padres, madres y las aportaciones voluntarias al proyecto— tiene por norma que los menores gestionen incluso el material de la escuela, que a nadie le falte nada y ayudan en las labores colectivas, compartiendo aprendizaje entre los más pequeños y los más mayores. Les asisten las profesoras —o ‘compañeras adultas’, como son nombradas— que se aseguran que todo vaya bien e incluso antes del covid cocinaban con ellos. “Yo confío 100% en esta escuela y es tremendo tener este proyecto educativo aquí, en Mérida. Como libertaria llevé a mis hijos allí por ideología, pero otros los llevan porque saben que los peques están muy bien cuidados”, explica Ana Toro.

“Para mí una clave importante es el acercamiento que se tiene hacia el cuerpo de los niños y las niñas. Para ajustarles el pantalón, sonarles los mocos o ponerles bien el pelo, por ejemplo. Eso es lo que yo llamo respeto, pedir permiso, acercarnos avisando. Es más importante que una pedagogía u otra”

Al contrario de lo que pasaba al principio, el sistema educativo ya admite que existen otras formas de enseñar y no genera problemas a la hora de que estos niños y niñas se incorporen a las aulas convencionales en cualquier nivel. “Antes les obligaban a hacer un examen de nivel, ahora se incorporan al curso que les toca por edad”, explica la madre y asegura que muchos y muchas docentes sienten “alivio” al saber que en su aula hay un niño o niña de Paideia, ya que “tienen capacidad de resolver conflictos, saben expresarse y armonizan mucho el entorno”.

Por su parte, la psicóloga y acompañante de menores Ana Muñoz Gundián explica que más allá del proyecto educativo, que lleve la etiqueta Montessori o cualquier otra, lo importante es la realidad del día a día en el aula. “Para mí una clave importante es el acercamiento que se tiene hacia el cuerpo de los niños y las niñas. Para ajustarles el pantalón, sonarles los mocos o ponerles bien el pelo, por ejemplo. Eso es lo que yo llamo respeto, pedir permiso, acercarnos avisando. Es más importante que una pedagogía u otra”.

También explica que en pequeños detalles de los primeros días, cuando los menores se acostumbran a quedarse solos en el centro, también se puede ver una educación respetuosa. “La sinceridad —comenta— con los más pequeños me parece muy importante, no es bueno ‘engañar’ a los niños y niñas sobre dónde están sus padres y madres”. Muñoz Gundián anima además a valorar otras formas de cuidado de menores, sobre todo entre cero y seis años, como es el cuidado en casa o las casos nidos. “Ves Montessori y te entra por los ojos, pero también puedes contratar a alguien para que vaya a tu casa si te lo puedes permitir y dejar al bebé en su casa”, indica.

LEER EL ARTICULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: El salto diario

Fuente: https://insurgenciamagisterial.com/escuelas-con-pedagogias-alternativas-mejora-de-la-educacion-o-solo-negocio/

mariamsarraute Ver todo

Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

Deja un comentario

Escuelas con pedagogías alternativas: ¿mejora de la educación o solo negocio? – Sarraute Educación María Magdalena

A %d blogueros les gusta esto: