Fatima Daas: «Hay ese mandato de que tienes que ser muy bueno si vienes de un medio pobre»

Por Marta Maldonado

La autora francesa irrumpe en el panorama literario con «La hija pequeña», una historia con tintes autobiográficos donde enfrenta sus propias contradicciones y las del sistema.

Fatima Daas (Saint-Germain-en-Laye, 1995) es escritora y también la protagonista de «La hija pequeña» (Cabaret Voltaire), su primera novela. Una historia escrita de de manera «urgente» donde confluyen, como en una violenta catarata, los condicionantes que construyen su identidad y una crítica a la sociedad francesa. A golpe de frases cortas y concisas, Daas construye un relato contundente contra cualquier intento de limitación.

Hay tres ejes sobre los que gira «La hija pequeña», respecto a la identidad, condicionada en su caso por el hecho de ser lesbiana, musulmana y migrante. ¿Qué pesó más a la hora de escribir?

Trataba sobre todo la identidad, pero en la novela hay muchas cosas. El hecho de ser una niña que no es como las demás y que también tiene que responder a una expectativa que no consigue, teniendo la sensación de no estar nunca en mi lugar. Luego está el hecho de ser una buena alumna, por lo tanto una gran esperanza para la familia. Me interesaba hablar mucho del sistema educativo en Francia, cómo se trata a los adolescentes: siempre hay ese mandato de que tienes que ser muy bueno porque vienes de un medio pobre. Y el tema del asma; el amor, el Islam o la familia. No tengo un monotema, me he ido deteniendo sobre las partes que me interesaban a lo largo de todo el libro.

La cultura del esfuerzo es uno de los engaños actuales: se ha demostrado que en las últimas décadas el «ascensor social» está estancado, no es tan fácil subir y es muy difícil bajar. Asumimos la carga de que si no lo consigues es porque no te has esforzado.

Sí, en Francia ocurre mucho esto: si tú no lo consigues es por tu culpa y en realidad es el sistema. Uno lo intenta, pero viniendo del barrio que yo venía parece que haya que trabajar dos o tres veces más. Los demás lo tienen mucho más fácil. En el fondo, se dice que hay que estudiar, pero se deja de lado con cuánto fracaso arrancamos ya de entrada.

El lenguaje que utiliza en el libro, casi parece a veces una canción, con frases cortas y repetitivas. ¿Con qué tenía que ver esa elección?

Busco la sonoridad y también el ritmo, me importan las frases pequeñas, ir a lo fundamental, para escribir desde la urgencia y no perderme. He estado influenciada por la música o los textos que podía estudiar: todo me llevaba a esa búsqueda de la frase corta. Todo mi entorno me ha llevado a expresarme de esta manera.

El personaje Fatima Daas va expresando sus contradicciones, leemos sus pensamientos, pero al final hace exactamente lo que quiere. ¿Qué parte puede ser suya y cuál es más un deseo?

Ahí está el tema de la investigación: ¿quién soy yo? Para mí eran algo central esas contradicciones, yo intentaba decir que, bueno, que todos hemos pasado por esos momentos. Intento hacer entender que todo no es ni blanco ni negro, que siempre es más complejo de lo que uno piensa.

Esa contradicciones, que pueden parecer más acentuadas en la adolescencia, la buena o mala noticia es que no se acaban al cumplir años.

Es cierto, pero es una forma que tenemos que nos construye a nosotros mismos, de tener las mismas dudas. Nos acompaña porque vivimos constantemente situaciones diferentes y vamos descubriendo cosas a las que no prestábamos atención antes cuando éramos adolescentes, es algo que llevamos siempre encima.

En la sociedad cuando dejan de existir esas dudas, cuando solo hay certezas, lo sabemos en Europa, es cuando llegan los totalitarismos o esta nueva ola de populismo. En Francia, ¿cómo ha vivido eso como ciudadana y como escritora?

En realidad, en Francia me parece que hay cosas que se han movido y hay otros procesos que son muy lentos. Cada vez que parece que tenemos una evolución hay siempre reacciones muy potentes. Ahora estamos en un período de regresión. Hay necesidad de callarse, de no hacer tanto ruido, y escuchar a los demás. No se pueden tener tantas certezas.

La pandemia de algún modo ha ayudado con el miedo que se ha creado. En Francia con la obligación de las vacunas, la coacción de las libertades individuales durante los confinamientos… ¿Hacia dónde cree que vamos?

Creo que los momentos de crisis acentúan mucho el recorte de libertades. Fue difícil. Yo vivía en la zona periférica y allí hemos conocido muchas reacciones violentas. También es verdad que estábamos en una situación de seguridad extrema… Pero no ha hecho más que acelerar esa opresión, de la que ya tenía conciencia, viniendo de los barrios que vengo.

La desigualdad se ha disparado también: no ha sido lo mismo vivir la pandemia en un lugar que en otro, ni en el norte y el sur. ¿Ha sentido la mirada diferente hacia usted?

Sí, la desigualdad ha explotado, sin duda, las personas no parten del mismo punto. Es tremendo que no se hable mucho de la precariedad. Respecto a la visibilidad que he adquirido como escritora, es difícil porque tenemos esa imagen del éxito, pero tengo el sentimiento de que han intentado quitarme ese título porque me han llevado a temas que no eran los míos. Han querido hacer que hablara de la religión, de la sexualidad y me han querido desconectar de lo que realmente había escrito. Venga, yo soy musulmana, lesbiana, emigrante, tenía muchas etiquetas… He vivido una ola también de polémica con insultos, amenazas… Pero yo volvía y quería estar muy cerca de mi relato. No tengo por qué ser portavoz. Ya aprendí a no meterme en esos charcos.

Al final de la novela, Fatima resume el libro en un párrafo: «Cuenta la historia de una chica que no es una chica de verdad, que no es ni argelina ni francesa. Ni de Clichy ni de París, una musulmana, creo, una lesbiana con una homofobia integrada». Da una patada a todas las etiquetas.

Sí, sin duda. Es una forma de decir: no voy a admitir que me intenten clasificar. No voy a ser solamente una joven sumisa, voy a ser rebelde y es una forma de reafirmarme. Es un grito de libertad que lanzo en ese momento. A pesar de todo, quiero ser libre.

Sobre su próximo libro, ¿puede adelantar algo?

Es un poco difícil todavía decirlo, pero he tenido mucho material para escribir durante la promoción del libro. Me interesa trabajar en la recepción de una novela y cómo es ser un personaje público.

Fuente:

https://www.larazon.es/andalucia/20211107/bv4i4c7dgrh5looej63drcxhfq.html

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Fatima Daas: «Hay ese mandato de que tienes que ser muy bueno si vienes de un medio pobre» – Sarraute Educación María Magdalena

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