México: El lazo eterno entre Altamirano y Morelos

México/ 09 Octubre, 2021/ Fuente/ https://aristeguinoticias.com/

“No hay personaje de aquellas épocas a quien Altamirano dedique sus mayores esfuerzos para llevar a cabo un titánico trabajo de reconstrucción histórico-literaria”, escribe Julio Moguel.

Por Julio Moguel

Ignacio Manuel Altamirano nació el 13 de noviembre de 1834. Diecinueve años antes, el 5 de noviembre de 1815, José María Morelos había sido hecho prisionero en Temalaca (es pasado por las armas el 22 de diciembre del mismo año). El calendario, entonces, nos permite de nuevo “jugar” un poco con la alineación de los astros, para hablar de ambos personajes, ligados entre sí por lazos que, creo, no tienen parangones de semejante altura en la historia de México. 

Altamirano, sabemos, entre otras muchas cualidades, era un buen historiador, además de ser, desde la opinión de Juan Rulfo –opinión que comparto– el verdadero fundador de la literatura moderna de México. 

No trataré aquí al tema de la literatura de Altamirano, en la cualificación que se ha hecho, pero no es ocioso mencionarlo pues sus construcciones históricas tienen un extraordinario valor literario, adelantándose a lo que mucho tiempo después (ya en el siglo XX) quedó claramente establecido, a saber, que la frontera entre historia y literatura es o puede ser significativamente delgada, y pueden ofrecer, una a la otra, “favores” de construcción e incluso de interpretación que de otra manera no podrían alcanzarse.

Pero ¿a qué viene esta introducción en torno a la relación entre Morelos y Altamirano y la que forja un vínculo virtuoso entre la literatura y la historia? A que no hay héroe independentista al que el autor de El Zarco admire y siga más en sus líneas básicas de acción y de pensamiento, y no hay, en consecuencia, personaje de aquellas épocas a quien Altamirano dedique sus mayores esfuerzos para llevar a cabo un titánico trabajo de reconstrucción histórico-literaria. 

II

Dice Altamirano en un texto de gran significación, en 1884:

Ha comenzado en México la época de la reconstrucción histórica, la época de la publicidad en mayor escala que antes. En el extranjero se escriben libros acerca de nuestros sucesos y se hace preciso confirmarlos o rectificarlos con nuestros documentos fehacientes, a fin de que no corran sin justificación o sin contradicción. 

La tarea es más colosal aún porque existen plumas muy activas que trabajan afanosamente por desacreditar a los héroes independentistas y distorsionar los hechos básicos de aquella gesta. 

Un elemento aparece ante los ojos de Altamirano como decisivo para “dar la pelea por la historia verdadera”, a saber, la labor de Juan Hernández Dávalos, “recientemente” coronada en éxitos de publicación y de reconocimiento, al agrupar y publicar “tantos y tan valiosos documentos inéditos o sumamente raros”, en la Colección de documentos para la historia de la Independencia de México. 

La labor de Hernández Dávalos es tan encomiable que marca, en la consideración de Altamirano, un antes y un después en las posibilidades de “hacer historia verdadera” sobre la Independencia:

El servicio que Hernández Dávalos ha prestado a la historia patria, coleccionando y publicando tantos y tan valiosos documentos desconocidos antes, es de una importancia tan obvia, que se hace inútil demostrarla. Cuando no se publicaban todavía los seis grandes volúmenes que han salido a la luz de esta preciosa Colección los grandes sucesos de la independencia no eran conocidos generalmente, sino por los libros que con carácter histórico se han publicado en diversas épocas. El hecho es que la opinión pública ha acabado por establecer, como verdad, [que] la historia de México desde la independencia hasta nuestros tiempos no está escrita todavía.

III

Ya lo hemos dicho en la primera parte: los mejores y más amplios textos dedicados por el autor de La Navidad en las montañas a este proceso de reconstrucción histórica están dedicados a rescatar momentos decisivos de la gesta revolucionaria encabezada por José María Morelos.  

Los textos más destacados en cuestión son los siguientes: “Morelos en Zacatula”, que se publica por primera vez en La República, en entregas que se insertan los días 12 y 15 de septiembre de 1880; “Morelos en el Veladero”, texto que aparece por primera vez en letra de imprenta en entregas, también en La República, los días 30 de septiembre y 7 y 14 de octubre de 1883; y “Morelos en Tixtla”. ensayo que se presenta en el Liceo Mexicano el 15 de noviembre y los días 1 y 15 de diciembre de 1886.

Redondeados como artículos de prensa para que el lector más común de los comunes tenga alguna posibilidad de acceder a ellos, tanto por su costo como por el estilo sencillo que los teje, tienen sin embargo una originalidad y un calado de investigación suficientemente serios como para que se les ubique, como decíamos, como materiales historiográficos de primera. ¡Y de qué manera aparece en ellos el filo literario del ya hablábamos al principio de este artículo!

Veamos una muestra de botón.

IV 

(Fragmento de “Morelos en Zacatula”)

Una tarde del mes de octubre de 1810, ya al declinar el sol, descendía por el camino que serpenteaba entre las colinas boscosas de la sierra que flanquea por el lado de oriente al río de Zacatula un grupo como de veinte jinetes. Parecían campesinos de Michoacán y montaban magníficos caballos. El que parecía ser el jefe iba sumergido en una meditación profunda de la que no lo distraían ni la belleza admirable del paisaje, ni la singular perspectiva que presentaba el gran río convertido en una corriente de púrpura y de fuego, a causa de los rayos del sol, ni el concierto de las aves de la costa, ni el aspecto del cielo en esa tarde tibia y apacible. 

Este personaje era un hombre robusto, moreno, de regular estatura, de ojos de águila, cuya mirada profunda y altiva era irresistible. El sol se había puesto ya, y la humedad, tan sensible en aquellos lugares y que comienza en el crepúsculo, hizo que todos los jinetes se abrigasen en sus mangas. 

–Señor –dijo uno de los jinetes, dirigiéndose al personaje de que hemos hablado–, ¿llegaremos a buena hora a Zacatula? 

El hombre misterioso pareció, al oír esta pregunta, que salía de su honda cavilación. Interrogó a su vez el horizonte y respondió con voz breve y metálica: 

–No estamos lejos del pueblo, y llegaremos al oscurecer… 

Aquel hombre que así caminaba por aquellas soledades del sur, aún no perturbadas por los ruidos de la guerra, era algo más que un jefe militar, era algo más que eclesiástico, mucho más que un grande de la tierra, era algo más que un caudillo… era el genio de la guerra… ¡don José María Morelos! 

Así escribe Altamirano sobre el gran Morelos. Fina estampa y fina pluma. Revolución del pensar, del quehacer y de la escritura.

 Fuente

https://aristeguinoticias.com/0811/opinion/el-lazo-eterno-entre-altamirano-y-morelos/

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