Boaventura: El poder crudo y el poder cocido

Por: Boaventura de Sousa Santos. 

Inspirándome libremente en uno de los binarismos que subyacen a las Mitológicas de Lévi-Strauss, sugiero que las formas de poder que dominan en las sociedades tienden a tener una versión cocida y una versión cruda. Las dos versiones implican diferentes formas de ejercicio del poder y plantean cada una de ellas diferentes tipos de resistencias y de resistentes. Al contrario de lo que la metáfora culinaria podría sugerir, no existe una secuencia necesaria entre lo crudo y lo cocido. Ambas versiones coexisten, pueden activarse de forma alternativa o conjunta, y el dominio relativo de una u otra depende de los contextos sociales, económicos, políticos y culturales en los que se lleva a cabo el ejercicio del poder.

De entrada, conviene definir qué entiendo por poder: poder es la capacidad de alguien (persona, grupo, idea, entidad) de afectar la existencia de otro sin ser afectado por este, o serlo de forma subjetiva u objetivamente considerada menos intensa. Cuanto mayor es el desequilibrio entre la capacidad de afectar y ser afectado, más intensa o brutal es la forma de poder y mayor es la desigualdad entre las partes. Por tanto, la brutalidad no es una forma extrema de poder, sino una dimensión siempre presente en cualquier forma de poder. La versión cocida es la versión que mezcla la fuerza bruta del poder con ingredientes, condimentos y elaboraciones que lo disfrazan y le confieren diferentes sabores, vestimentas y maquillajes.

No se trata de disfraces en el sentido común del término, algo externo y accesorio que no interfiere en la “esencia de la cosa”. Por el contrario, los disfraces del poder cocido son constitutivos porque este es siempre el resultado de la fuerza bruta y de todo lo que se invierte en la cocción. El poder crudo es el poder que se ejerce con plena exhibición de la fuerza bruta. Esto no quiere decir que no tenga sabores, ropaje o maquillaje. Lo que ocurre es que estos se utilizan para enfatizar la brutalidad, la crudeza del poder crudo.

Es como si la forma de vestirse del poder fuese aparecer desnudo. Las dos formas de poder recurren a diferentes instrumentos para su ejercicio y a diferentes narrativas y retóricas para justificarse. Mientras que el poder cocido se justifica con argumentos que no tienen nada que ver con el poder, el poder crudo quiere que su ejercicio sea su justificación.

Como mencioné, es característico del poder cocido presentarse a partir de acciones, formas e ideologías de no poder: principios universales, salvación o beneficio potencial de todos, búsqueda de la verdad, virtud, pureza, belleza, cooperación, solidaridad, reciprocidad, hermandad en la lucha por los bienes comunes o contra enemigos comunes. Las instituciones que lo promueven tienden a constituirse de acuerdo con lógicas organizativas que idealmente no se ven afectadas por diferencias de poder.

Las dos lógicas fundamentales son la burocracia y la retórica. La burocracia es la lógica de la racionalidad instrumental que opera por reglas o normas (escritas) a las que todos están sujetos.  La retórica es la lógica de la argumentación que no pretende imponer nada a nadie. Solo busca persuadir o convencer. Hay diferencias de poder argumentativo, pero convergen en resultados mutuamente aceptados.

El poder crudo y el poder cocido (I) – Espejos extraños

El poder crudo se ejerce y se presenta de maneras que acentúan la fuerza bruta cuya justificación radica en su propio ejercicio y en la devastación que causa. Lejos de ocultar esta devastación, la exhibe y, a través de ella, exalta, idealmente por exceso, las diferencias de poder.  Cuando esta exhibición puede ser contraproducente, la disculpa de maneras que minimizan el daño o la responsabilidad, como errores técnicos, falsos positivos, daños colaterales, zonas de sacrificio, «manzanas podridas»

La lógica organizativa que preside el ejercicio del poder crudo es la violencia, el ejercicio incondicional de la fuerza ya sea física (guerra, asesinato, incendio, saqueo, tortura física, mutilación) o psíquica (“tortura sin tacto”, “técnicas avanzadas de interrogatorio”, discursos de odio, amenazas), funcional (trabajo esclavo) o estructural (racismo, sexismo).

Ambas formas de ejercicio del poder condicionan la resistencia de los afectados. La dificultad relativa de la resistencia depende, en primera instancia, del grado de desigualdad entre quienes tienen poder y quienes no lo tienen o entre quienes tienen más poder y los que tienen menos poder. Pero las formas de resistencia al poder cocido y al poder crudo varían sustancialmente: diferentes formas de lucha, diferentes ideologías, así como diferentes protagonismos por parte de diferentes tipos de resistencias y de alianzas entre ellas. La resistencia al poder cocido tiene que ser cocida, al igual que la resistencia al poder crudo tiene que ser cruda.

Las dos formas de ejercicio del poder tienden a estar presentes en cualquier campo (económico, social, político o cultural), escala (interpersonal, local, nacional, global) o tiempo histórico (pasado, presente).   En este texto, analizo algunas dimensiones del poder político contemporáneo.

Imperios

Por imperio entiendo el espacio geopolítico constituido por varios países, formalmente independientes o no, subordinados, en su totalidad o sustancialmente, a un determinado país dominante, el país imperial.  Los imperios siempre han constituido formas de poder complejo en las que se mezclaban el poder cocido y el poder crudo. Pero el dominio relativo de ambas versiones varió mucho a lo largo del tiempo. En los primeros momentos de los imperios casi siempre dominó el poder crudo, pero las exigencias de sostenibilidad requerían rápidamente la presencia de poder cocido.

Debido a su lógica expansionista, los imperios difícilmente coexistían entre sí y, por ello, tendían a sucederse a lo largo del tiempo. Cuando coexistían, un determinado imperio tenía que acomodarse o subordinarse a otro. Fue el caso del Imperio portugués que, desde el siglo XVIII, sobrevivió subordinado al Imperio británico.

El Imperio español, el quinto más extenso de la historia

Para limitarme a la época moderna (siglo XV y siguientes), podemos identificar los siguientes imperios, cada uno de ellos con sus versiones cocidas. La fuerza bruta que los animaba siempre estuvo disfrazada de principios universales, es decir, ideas o valores cuya vigencia supuestamente beneficiaba a todos.

La versión cocida de los imperios portugués y español fue la propagación de la cristiandad y de la salvación de la que esta era portadora; en el caso del Imperio británico, fue el libre comercio y el progreso; en el caso del Imperio francés, fueron, después de la Revolución francesa, los principios revolucionarios y los derechos humanos; en el caso del Imperio soviético, fue el hombre nuevo, el socialismo y el comunismo; y, por último, en el caso del Imperio estadounidense (sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial), fue la democracia, los derechos humanos y la primacía del derecho.

Hoy se discute si está surgiendo o no otro imperio, el Imperio chino, que reemplazaría al Imperio estadounidense. De ser así, la versión cocida del Imperio chino probablemente será el desarrollo económico y tecnológico, la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda. La nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China parece presagiar precisamente una nueva guerra entre imperios. En cualquier caso, en buena parte del mundo (en la que se inscribe aquella desde la que escribo) domina el Imperio estadounidense, del que me ocupo con más detalle.

Lo crudo y lo cocido estadounidense y la democracia

Obama anuncia fin de la guerra en Irak, para EE.UU. - BBC News Mundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los análisis del declive del Imperio estadounidense son cada vez más numerosos y convincentes. Una de las fuentes más fiables es probablemente el Consejo Nacional de Inteligencia vinculado a la CIA, considerado el centro analítico más importante de Washington. Cada cuatro años viene publicando sus análisis sobre las «tendencias globales» y son cada vez más insistentes las referencias a la próxima primacía mundial de la economía china (¿2030?) y las implicaciones que ello puede tener para el mundo y, sobre todo, para EE. UU., cuya superioridad militar continuará, pero cuya eficacia se pone cada vez más en tela de juicio (véase la salida de Irak impuesta por este país y la caótica retirada del Afganistán).

Más que la futurología sobre la nueva Guerra Fría, interesa analizar los cambios en curso del poder imperial estadounidense, porque son los que tienen mayor impacto en la vida de los países sujetos a él y especialmente en el régimen político que todavía domina en EE. UU, la democracia.

El cambio más notorio es el predominio cada vez más visible del poder crudo sobre el poder cocido. No se trata de afirmar que, contrariamente a lo que sucedía antes, el poder crudo prevalece hoy a escala global e inequívocamente sobre el poder cocido. Realmente creo que las dos formas de poder siempre han estado presentes y que en diferentes partes del mundo el poder crudo siempre ha prevalecido (que lo digan Centroamérica y América Latina a lo largo del siglo XX o el Vietnam de las décadas de 1960 y 1970).  Se trata de constatar que la forma de poder crudo parece ser globalmente dominante hoy en día y sobre todo más visible. Hay dos formas mediante las que esta visibilidad se hace más evidente: por un lado, el pasaje de la victoria sobre el adversario al exterminio del enemigo y, por otro, la hiperdiscrepancia entre principios y prácticas.

De la victoria sobre el adversario al exterminio del enemigo

Litvinenko: Rusia es "responsable" del asesinato del exespía, según la justicia europea - BBC News Mundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El exterminio de enemigos políticos siempre ha sido una de las armas elegidas por los gobiernos dictatoriales. En los últimos tiempos, los casos del nazismo y el estalinismo están bien documentados. En el último caso, la tara homicida parece haber continuado incluso después del fin del estalinismo y del fin del régimen soviético, como lo ilustra el asesinato por envenenamiento del exespía ruso Alexander Litvinenko en Londres en noviembre de 2006 por parte de agentes del Kremlin, según lo confirmado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2021.

Particularmente preocupante e intrigante es el recurso a la liquidación de opositores políticos en regímenes democráticos que, a pesar de las convulsiones y contradicciones, han prevalecido en el campo de la hegemonía estadounidense. Se estima que el declive del Imperio estadounidense comenzó o se hizo más evidente a partir de 2003 con la invasión de Irak y la guerra contra el terrorismo. La idea de la superioridad global del capitalismo al combinar la promesa del desarrollo global con la promesa de libertad (una combinación que el modelo soviético no pudo lograr) se vino abajo y fue reemplazada por la defensa nacionalista y unilateral de Estados Unidos contra enemigos externos e internos.

La convivencia conflictiva con reglas pactadas entre adversarios políticos, que es la esencia de la democracia, fue reemplazada paulatinamente por la idea de la urgencia de exterminar al enemigo, ante la cual el fin justifica los medios. Y los medios pasaron a ser las distintas formas de violencia, tanto legales (el derecho penal del enemigo) como ilegales (la contrainsurgencia), tanto físicas como de otro tipo. Insisto, este no fue un cambio de 360 ​​grados, fue una inflexión significativa que repercutió en las más diversas formas de acción política, no solo de Estados Unidos, sino también de sus aliados. La creciente confusión entre enemigo externo y enemigo interno ha llevado al endurecimiento del derecho penal (límites al derecho de defensa, aumento de la punitividad), a la creciente militarización de la policía y al uso del ejército para restablecer el “orden interno”.

El gran negocio de los mercenarios en Irak | Internacional | EL PAÍS

Dados los obstáculos a la acción violenta del poder crudo contemplados en los tratados internacionales de derechos humanos en escenarios de guerra (a saber, los Convenios de Ginebra), se inventaron formas de guerra no convencionales, las guerras irregulares, se alentó la creación de fuerzas paralelas ilegales para actuar en articulación con las fuerzas armadas, como milicias y grupos paramilitares (por ejemplo, en Colombia), y se extendió el recurso a ejércitos mercenarios con los mismos objetivos de burlar los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos.

La violencia del poder crudo se ejerce hoy de muchas maneras que pueden o no implicar violencia física. La neutralización o cancelación, como se diría hoy, de adversarios políticos se ha convertido en una medida común ejecutada por agencias nacionales o extranjeras, recurriendo a escuchas ilegales, noticias falsas, amenazas, discursos de odio.  En los últimos diez años, la neutralización de políticos considerados hostiles a los intereses estadounidenses cuenta con nuevas armas, como los llamados “golpes blandos”, supuestamente llevados a cabo en el marco de la normalidad democrática, y la lawfare, la manipulación burda del sistema judicial (casi siempre con el apoyo militante de los medios de comunicación hegemónicos) para lograr objetivos políticos específicos, de los que la Operación Lava Jato en Brasil es hoy el ejemplo más infame a escala mundial.

En memoria de Patrice Lumumba asesinado el 17 de enero de 1961

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la neutralización no fue posible o suficiente, se recurrió al asesinato de líderes políticos, militares y sociales. La implicación de la CIA en el asesinato de líderes políticos es de sobra conocida, desde Patrice Lumumba, el primer jefe de gobierno elegido democráticamente en la República Democrática del Congo, asesinado en 1961, hasta el proyecto de asesinato de Julian Assange, aparentemente en vigor desde al menos 2017. También se conocieron los múltiples y, en ocasiones, rocambolescos intentos de asesinar a Fidel Castro.

Parece justo afirmar que cuanto más íntima es la alianza con Estados Unidos, más común ha sido el recurso al asesinato de opositores políticos. Estos son los casos, entre otros, de Colombia, Israel y Arabia Saudita. En Colombia, a pesar del fin formal de la violencia política con la firma de los Acuerdos de Paz con el grupo guerrillero más importante (FARC) en La Habana, en 2016, han sido asesinados 1.237 líderes sociales desde entonces, incluidos 348 líderes indígenas y 86 líderes afrodescendientes. Además, fueron asesinados 295 excombatientes, guerrilleros que iniciaban o reanudaban la vida civil en cumplimiento de los Acuerdos de Paz.

Irán afirma que el padre de su programa nuclear fue asesinado con una ametralladora dirigida por control remoto | Internacional | EL PAÍS

El 18 de septiembre de este año, el nada sospechoso New York Times informaba del asesinato, a través de algún tipo de sofisticado control remoto, de otro científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, perpetrado por el Mossad, los servicios secretos israelíes, aparentemente con el conocimiento previo del presidente Donald Trump. Fue solo el último ejemplo de terrorismo de Estado por parte de Israel. De hecho, siguió el ejemplo de Estados Unidos, cuyos servicios secretos habían asesinado, el 3 de enero de 2020, mediante drones, a uno de los generales iraníes más respetados, Qasem Soleimani. En el caso de Arabia Saudita, el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi en 2018 por agentes del príncipe Mohammed bin Salman fue particularmente conocido.

En el periodo de mayor visibilidad del poder crudo en el que vivimos, quizás se deba tener en cuenta el análisis del conocido historiador Alfred McCoy, según el cual, dado el historial de acciones desestabilizadoras de la CIA, un país aliado de EE. UU. se encuentra en una posición más vulnerable y peligrosa que un país enemigo. De hecho, a lo largo de muchas décadas, la CIA mostró grandes dificultades para desestabilizar países como la Unión Soviética, China, Corea del Norte o Vietnam, pero fue muy eficaz para desestabilizar gobiernos de países que, siendo aliados, quisieron reclamar en algún momento cierta autonomía en relación con los intereses geoestratégicos estadounidenses.

Siempre que los conflictos eran intensos y los resultados inciertos, las acciones desestabilizadoras tendían a ser ambiguas y engañosas (mensajes contradictorios a las partes en conflicto) para asegurar la prevalencia de los intereses estadounidenses, cualquiera que fuera la parte victoriosa. Por otro lado, esta experiencia debe ser tomada especialmente en cuenta por los políticos en la órbita del Imperio estadounidense en la situación política internacional actual.

La hiperdiscrepancia entre principios y prácticas

En la columna anterior comencé a analizar la creciente prevalencia y mayor visibilidad del poder crudo con relación al poder cocido , habiéndome centrado en una de las manifestaciones de este fenómeno: de la victoria sobre el adversario al exterminio del enemigo. En esta columna concluyo el análisis, ocupándome de la segunda manifestación: la hiperdiscrepancia entre principios y prácticas.

La discrepancia entre principios y prácticas es quizás la mayor especificidad de la modernidad occidental. Cualquiera que sea el tipo de relaciones de poder (capitalismo, colonialismo y patriarcado) y los campos de su ejercicio (político, jurídico, económico, social, religioso, cultural, interpersonal), la proclamación de los principios y de los valores universales tiende a estar en contradicción con las prácticas concretas del ejercicio de poder por parte de quien lo detenta. Lo que en este ámbito es aún más específico de la modernidad occidental es el hecho de que esa contradicción pasa desapercibida para la opinión pública e incluso es considerada como no existente.

The Founding Fathers Online | National Archives

Domenico Losurdo nos recuerda que los primeros presidentes de Estados Unidos, y en particular los grandes ideólogos y protagonistas de la revolución estadounidense (George Washington, Thomas Jefferson y James Madison), fueron dueños de esclavos. En la lógica del liberalismo no había ninguna contradicción. Los principios universales de libertad, igualdad y fraternidad eran aplicables a todos los seres humanos y solo a ellos. Pero los esclavos eran mercaderías, seres subhumanos.

Existiría una contradicción si se les aplicaran los principios aplicables únicamente a los seres humanos. Este mecanismo de supresión de las contradicciones reside en lo que denomino línea abisal, una línea radical que desde el siglo XVI divide a la humanidad en dos grupos: los plenamente humanos y los subhumanos, siendo estos últimos el conjunto de los cuerpos colonizados, racializados y sexualizados.

Si es cierto que la contradicción entre principios y prácticas siempre ha existido, ahora es más evidente que nunca. Destaco cuatro áreas en particular: 1) el Occidente en la nueva guerra fría; 2) el crecimiento global de la extrema derecha; 3) la lucha contra la corrupción; y, 4) la captura de bienes públicos, comunes o globales por parte de actores privados.

1)    El Occidente en la nueva guerra fría

Las potencias rivales en la nueva guerra fría son Estados Unidos y China, cada una de las cuales cuenta con un aliado de peso: la Unión Europea, en el caso de Estados Unidos; y Rusia, en el caso de China. He argumentado que la rivalidad real es entre dos economías-mundo profundamente entrelazadas, pero con intereses opuestos a corto y mediano plazo: la economía-mundo del capitalismo de las empresas multinacionales promovida por Estados Unidos y la economía-mundo del capitalismo de Estado promovida por China.

Como es bien sabido, no es así como la rivalidad se presenta en la opinión pública internacional controlada o influenciada por Estados Unidos. Se la presenta como rivalidad entre regímenes democráticos y regímenes autoritarios; entre la superioridad moral de los valores cristianos occidentales del individualismo, la tolerancia, la libertad y la diversidad, y los extremismos religiosos e ideológicos del Oriente. Esta formulación no deja de ser intrigante. Durante muchos siglos, los imperios occidentales se justificaron con valores universales que idealmente podrían y deberían ser adoptados por todos los países del mundo.

El Imperio norteamericano fue el que llevó más lejos este expansionismo ideológico a través del concepto de globalización y la doctrina del neoliberalismo. Este expansionismo fue en gran parte responsable de la rápida integración de China en la economía mundial y en las organizaciones internacionales. Baste recordar la reubicación hacia China de buena parte de la producción industrial estadounidense durante los últimos treinta años. La lógica era, por tanto, la de construir un mundo globalizado, integrado en el capitalismo multinacional y servido por el capitalismo financiero global celosamente controlado por empresas estadounidenses.

Hubo sin duda voces disidentes, como la de Samuel Huntington en su libro de 1996 sobre el choque de las civilizaciones, en el que se llamaba la atención sobre la futura amenaza de conflicto religioso entre el judaísmo y el cristianismo, por un lado, y el islamismo, el budismo y el hinduismo, por otro; y por la entrada en acción de actores no estatales. Esta tesis solo obtuvo mayor aceptación después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, pero no alteró en nada la cooperación económica con China, que continuó profundizándose y diversificándose. }

Solo en tiempos recientes China ha comenzado a emerger como el gran enemigo a derribar o neutralizar. La contradicción reside entre el expansionismo globalizador de las ideas en el período ascendente del Imperio norteamericano y la defensa del excepcionalismo occidental, de la especificidad ética de Occidente frente a un Oriente amenazador. La paradoja puede formularse así: la hegemonía occidental consistió en llevar la globalización y el capitalismo a todo el mundo como prueba de la superioridad de Occidente.

Y ahora que países no occidentales han adoptado la globalización y la promovieron según sus propios intereses, Occidente retrocede en su impulso globalizador y se atrinchera en la defensa de una especificidad ético-religiosa que apenas disimula la constatación de haber sido superado por los países que siguieron con éxito su receta. El Occidente globalizado se defiende ahora como un Occidente localizado, lo que no deja de ser una prueba de decadencia a la luz de los criterios que el propio Occidente impuso al mundo a partir del siglo XVI. Recordemos que los pueblos indígenas de América Latina, al defender sus territorios y sus riquezas frente a los colonizadores, fueron considerados por el gran internacionalista español del siglo XVI, Francisco de Vitória, como violadores del derecho humano universal al libre comercio.

2)    El crecimiento global de la extrema derecha

Estos son los principales partidos de ultraderecha en Europa

La contradicción entre principios y prácticas –el expediente siempre presente de adaptar los principios a lo que es considerado más conveniente o útil por las necesidades prácticas del momento– tiene una formulación particular en la extrema derecha. Hay que tener en cuenta que el crecimiento de la extrema derecha, a pesar de ser un movimiento global, asume especificidades muy acentuadas en diferentes contextos y países. Empero, creo que los siguientes rasgos son bastante comunes.

Por un lado, parece llevar la contradicción al extremo cuando defiende en el plano económico el individualismo neoliberal más extremo, mientras que en el plano político, social y conductual impone un moralismo y un autoritarismo que apenas encajan con la autonomía individualista. Por otro lado, desencadena la contradicción misma entre principios y prácticas y justifica el poder crudo de las prácticas al demonizar los propios principios universales. Es en esta última dimensión donde la extrema derecha se afirma como una corriente reaccionaria y no simplemente conservadora.

El caso es que mientras los conservadores defienden los principios de la Ilustración en la formulación que les dio la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad), aunque privilegien el principio de libertad, los reaccionarios de la extrema derecha rechazan estos principios y defienden consecuentemente el colonialismo y la inferioridad de negros, indígenas, mujeres y gitanos; justifican el trabajo análogo al trabajo esclavo; se niegan a ver en los pueblos indígenas y afrodescendientes otra cosa que no sea comunidades de subhumanos a ser asimilados o eliminados; boicotean la democracia inclusiva y pretenden instaurar dictaduras o, en el mejor de los casos, democracias que se limiten a “nosotros” e impongan servidumbre a los “otros”; rechazan la idea del monopolio de la violencia legítima por parte del Estado y promueven la distribución y venta de armas a la población civil.

A la luz de lo que mencioné anteriormente, no sorprende, aunque ni por ello sea menos perturbador, que uno de los principales centros de difusión de la ideología de extrema derecha tenga su sede en Estados Unidos y que sea en este país donde más grupos de extrema derecha existen, con más influencia sobre grupos similares en otras partes del mundo.

3)    La lucha global contra la corrupción

La lucha global contra la corrupción es la versión más reciente de la lucha defensiva del Imperio estadounidense contra sus enemigos reales o imaginarios. Las anteriores fueron, en ese orden, la guerra contra el comunismo, la guerra contra las drogas y el narcotráfico, y la guerra contra el terrorismo. Las diferentes guerras se acumulan, aunque en cada momento tiende a dominar la más reciente. La guerra contra la corrupción es quizás la más problemática por ser aparentemente la más despolitizada. Aparte de los corruptos, es difícil imaginar que alguien esté a favor de la corrupción. No pretendo analizar aquí en detalle la guerra contra la corrupción. La lawfare, mencionada anteriormente, es una de las dimensiones de esta guerra. Solo cabe mencionar que la guerra contra la corrupción está organizada para ser selectiva y, en ese sentido, contiene en sí misma la contradicción con los principios que pretende defender.

Esta nueva guerra tiene dos objetivos principales. Por un lado, busca defender los intereses de las multinacionales estadounidenses ante la creciente competencia de empresas rivales con sede en países aliados, empresas que, por su eficiencia, tienen condiciones para imponerse en la competencia a la luz de los criterios mercantiles dominantes. La guerra contra la corrupción tiene como objetivo neutralizar o eliminar a estas empresas (mediante multas astronómicas, procesos de liquidación, condena criminal de directores ejecutivos).

Cinco ejemplos de la lucha contra la corrupción - Esglobal - Política,  economía e ideas sobre el mundo en español

Transmite la idea ilusoria de que las empresas estadounidenses son las menos corruptas cuando, en realidad, lo que sucede es que muchas de las actividades consideradas corruptas por empresas extranjeras están legalizadas en EE. UU. y son regularmente practicadas por empresas estadounidenses (por ejemplo, financiación sin límites ni escrutinio –dark money– de partidos o dirigentes políticos a cambio de ventajas o lobbies con miembros del Congreso). Además de involucrar una competencia jurídica extraterritorial muy problemática, la guerra contra la corrupción, especialmente en la forma selectiva en que se practica, contradice los principios de primacía de las leyes del mercado y del libre comercio que rigen la lógica global del capitalismo neoliberal.

Por otro lado, como acontece en guerras anteriores, la guerra contra la corrupción adquiere especial intensidad a la hora de neutralizar a los enemigos políticos de Estados Unidos. Al contrario de lo que podría pensarse, no se trata de neutralizar dictadores, violadores de los derechos humanos y del Estado de derecho. Los enemigos políticos son todos los líderes políticos que defienden políticas consideradas perjudiciales para los intereses de las empresas multinacionales estadounidenses, especialmente cuando se trata del libre acceso a los recursos naturales de los países aliados. Cualquier político, por impecablemente democrático y respetuoso del Estado de derecho que sea, puede ser considerado un enemigo político y tratado como tal.

Al igual que las guerras anteriores, la guerra contra la corrupción no busca solamente la neutralización de algunos políticos, sino también promover a políticos que velan por los intereses estadounidenses. El debilitamiento de los regímenes políticos y del propio Estado como resultado de estas guerras es un daño colateral. Como se vio en Afganistán, la intervención puede conducir a la construcción de Estados y de regímenes que no tienen la mínima sostenibilidad cuando les falta el apoyo imperial. Fue patético enterarse de la huida del presidente de Afganistán (con su equipaje lleno de dólares) tan pronto como Estados Unidos comenzó a salir del país que habían ocupado.

4)    La captura de bienes públicos, comunes o globales por parte de actores privados

La captura de los bienes y objetivos comunes por poderosos intereses privados es una constante en las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en las que vivimos desde el siglo XVII. La captura cambia de forma e intensidad según los momentos históricos y los contextos sociales o políticos. La intensidad y el carácter explícito (o incluso glorificador) de esta captura son quizás los rasgos más característicos de las relaciones internacionales contemporáneas, y la ONU y sus agencias son los campos privilegiados de la captura.

El Banco Mundial secunda al FMI y también suspende los fondos a Afganistán  - Banco Central de Cuba

No viene al caso analizar los casos más antiguos de captura: el vaciamiento de las agencias de la ONU en el monitoreo económico internacional y su reemplazo efectivo por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, instituciones multilaterales donde dominan los intereses y criterios de las economías centrales y de los inversionistas y acreedores internacionales; o el caso de las políticas ambientales y de control climático que desde la década de los noventa han sido fuertemente influenciadas por las industrias que más afectan el clima, el sector industrial extractivista (empresas petroleras, mineras, etc.). Solo quiero mencionar los casos más recientes que, en mi opinión, llevan la captura a nuevos extremos y que, de paso, se intensificaron con la pandemia del COVID-19. Menciono tres casos a modo de ilustración.

Especialmente durante los últimos veinte años, el Foro Económico Mundial (FEM), con sede en Davos, ha estado promoviendo la «Agenda de Davos». El objetivo es transformar los problemas políticos, sociales, económicos y ambientales que enfrenta el mundo –en gran parte causados ​​por la acumulación capitalista desenfrenada–, en problemas técnicos y oportunidades para nuevos negocios, como por ejemplo el capitalismo digital, la economía verde o la transición energética. La lucha ideológica fundamental del FEM consiste en sacar de escena cualquier idea creíble de alternativa real a la gravísima crisis ecológica y social que enfrenta el mundo. Esa alternativa existe y circula entre la juventud y los movimientos sociales del mundo. Es la transición urgente a una sociedad poscapitalista, posracista y possexista, basada en la idea de que la naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la naturaleza.

Qué es Davos? Mitos y realidades sobre la cumbre alpina del Foro Económico  Mundial | Foro Económico Mundial

Después de la pandemia, la «Agenda de Davos» asumió una nueva versión: el «Great Reset», el «Gran Recomienzo». Esta nueva versión lleva aún más lejos la captura privada del futuro común, pues busca subordinar las instituciones multilaterales a las decisiones de organizaciones secretas y no sujetas a ningún escrutinio público, controladas por un grupo restringido de las mayores corporaciones y de la élite superrica. Es de estos centros de decisión, sin ningún control ciudadano ni democrático, de donde deben surgir los comandos decisivos para las políticas de los gobiernos (democráticos o no democráticos, una alternativa cada vez menos relevante) y para las instituciones de la ONU de las próximas décadas.

El segundo caso de captura ocurre en el ámbito de la salud y ha adquirido una nueva intensidad con la pandemia. El «teatro de operaciones» es la Organización Mundial de la Salud. Para evaluar la dimensión de la captura basta con tener en cuenta que, durante el período en el que Estados Unidos (presidencia de Donald Trump) abandonó la OMS, la Fundación Bill y Melinda Gates se convirtió en el mayor financiador de esta institución. Esto es solo la punta del iceberg de la creciente preponderancia de la élite superrica y de las grandes corporaciones en la gestión de los bienes públicos globales (como es el caso de la salud).

Big pharma archivos – Socompa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el mismo ámbito es igualmente conocida la influencia de las grandes empresas farmacéuticas (el Big Pharma, siendo las cinco más grandes, según el criterio de capitalización bursátil, Johnson & Johnson, Roche, Pfizer, Eli Lilly y Novartis). Esto explica que, a pesar de la gravedad de la crisis pandémica que atraviesa el mundo, no ha sido posible suspender los derechos de propiedad intelectual (patentes) sobre la producción de vacunas. Tal suspensión sería fundamental para vacunar rápidamente a toda la población mundial, única forma de garantizar la protección global contra el virus. A pesar de haber creado un movimiento mundial a favor de la vacuna popular, prevaleció la vacuna capitalista.

El tercer caso ocurre en otro campo decisivo para el bienestar de la población mundial, la alimentación. En este ámbito, en la ONU se han enfrentado dos visiones opuestas: la de la Vía Campesina, que agrupa a cientos de organizaciones y alrededor de 200 millones de campesinos, trabajadores rurales y pequeños agricultores; y la visión de las grandes empresas agroindustriales apoyadas por el Foro Económico Mundial y, más recientemente, por la Fundación Gates a través de su iniciativa «Revolución Verde para África» ​​(AGRA, por sus siglas en inglés). La Vía Campesina aboga por la soberanía alimentaria: alimentación saludable, reforma agraria, derecho de los campesinos al control de sus territorios, semillas y agua, y la promoción de la agroecología. A su vez, el FEM y AGRA defienden la seguridad alimentaria, promoción de semillas genéticamente modificadas e híbridas, uso de fertilizantes químicos, subsidios a grandes empresas agroindustriales.

Estas dos propuestas, que contraponen los intereses de los campesinos pobres a los intereses del gran capital agroindustrial, han estado en conflicto durante muchos años en la ONU y en la opinión pública mundial. Lamentablemente, todo indica que la propuesta agroindustrial terminó por prevalecer en la ONU, a juzgar por la Cumbre de Sistemas Alimentarios organizada por la ONU en Nueva York el pasado mes de septiembre. En esta Cumbre, el secretario general de la ONU anunció la asociación estratégica entre la ONU y el FEM para «resolver el problema del hambre en el mundo».

El poder crudo y la democracia

La prevalencia y la mayor visibilidad del poder crudo sobre el poder cocido –el creciente llamado a la eliminación del enemigo interno y la hiperdiscrepancia entre principios y prácticas– representa un desafío decisivo para la democracia. La democracia liberal siempre fue una de las expresiones fundamentales del poder cocido en las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales. Por eso la democracia liberal se redujo al espacio público, dejando todos los demás espacios de relaciones sociales, como la familia, la comunidad, los negocios, el mercado y las relaciones internacionales, en manos del poder más o menos despótico del más fuerte, lo que llamé fascismo social.

De la verdadera democracia

e ahí mi conclusión de que mientras existan el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, estamos condenados a vivir en sociedades políticamente democráticas y socialmente fascistas. Sin embargo, se debe tener en cuenta que, aunque limitada, la democracia liberal no es una ilusión. Especialmente en los últimos cien años, la existencia de la democracia en el espacio político ha permitido la adopción de políticas públicas en materia de protección social (salud, educación, bienestar público) y derechos laborales, sociales y culturales que se tradujeron en importantes conquistas y mejoras concretas en la vida de las clases populares y grupos sociales sometidos a la dominación capitalista, racista y sexista. En otras palabras, en su mejor expresión, la democracia liberal ha hecho posible disminuir la brutalidad del poder crudo del fascismo social.

La prevalencia actual del poder crudo trae consigo un pésimo presagio y un enorme desafío para la democracia liberal. En la raíz del poder crudo contemporáneo están el neoliberalismo y la extrema derecha, una mezcla tóxica que está llegando al núcleo mismo de la democracia liberal, los derechos civiles y políticos, después de haber reducido al mínimo la protección social y los derechos sociales. Es un proceso de destrucción de la democracia, a veces lento y otras rápido, que va inyectando componentes y lógicas dictatoriales en la práctica concreta de los regímenes democráticos. Está surgiendo un nuevo tipo de régimen político, un régimen híbrido que combina discursos y prácticas dictatoriales (apología de la violencia, creación caótica y oportunista de enemigos, insulto impune a los órganos soberanos electos, desobediencia activa de las decisiones judiciales, llamado a la intervención golpista de las Fuerzas Armadas) con prácticas democráticas. ¿Un monstruo? Una cosa es cierta: la democracia liberal no es la democracia real, pero es una condición necesaria (aunque no suficiente) para lograr la democracia real.

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Fotografía: Blogs.publico

Fuente: https://insurgenciamagisterial.com/boaventura-el-poder-crudo-y-el-poder-cocido/

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Docente - Investigadora Educativa.
Venezolana.
Doctora en Cs. de la Educación, Magíster en Desarrollo Curricular y Licenciada en Relaciones Industriales.

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Boaventura: El poder crudo y el poder cocido – Sarraute Educación María Magdalena

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