Adaptaciones europeas setenteras (XIV): El grito

Por Diego Moldes

Adaptaciones europeas setenteras
Adaptaciones europeas setenteras (XIV): El grito

En esta serie de artículos reseño algunas de las películas más representativas, adaptaciones europeas de los años setenta. Traslaciones al cine de obras literarias de autores como L. P. Hartley, Arthur Conan Doyle o Anthony Burgess. Por supuesto, cada selección es subjetiva y arbitraria. No obstante, con ella, trato de dibujar un panorama amplio en el que se ve cómo escritores de épocas, estilos y ámbitos lingüísticos muy distintos han sido adaptados al cine de formas tan diversas como incluso antagónicas, en función de las poderosas personalidades de los cineastas que los han adaptado (en la mayor parte de casos siendo directores-guionistas): Losey, Wilder, Kubrick, Hitchcock, Mankiewicz o Fassbinder.

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El grito

(The Shout, 1978) 

 

Tras muchos años de ostracismo el personalísimo cineasta polaco Jerzy Skolimowski vuelve a estar de actualidad, cuando muchos le daban por desaparecido para el cine, pues vivía recluido como pintor —con cierto éxito—. Licenciado en Literatura, en Historia y en Cine, este director, poeta, pintor y dramaturgo está a punto de estrenar, mientras escribo estas líneas, America (2006), sobre un guión de Frederic Raphael que adapta la novela In America, de Susan Sontag. En el reparto, pesos pesados de la escena: Dennis Hopper, Isabelle Huppert, Harvey Keitel, Jennifer Jason Leigh y Helen Mirren. Buen momento, pues, para recuperar al lector una obra tan peculiar como El grito, que surge de un extraño relato del reputado escritor inglés Robert Graves (1895-1985) y obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes, ex aequo con Adiós al macho (Ciao maschio, 1978), de Marco Ferreri.

 

“El film inicia y concluye con la misma secuencia, mediante una estructura circular”

 

El grito no está considerada la mejor película de Skolimowski, un autor cosmopolita discípulo de Andrzej Wajda que se había iniciado como coguionista de Polański en El cuchillo en el agua, y que ya había dirigido obras tan valiosas como Rysopis (1964), Walkower (1965), La barrera (Bariera, 1966), Manos arriba (Rece do góry, 1967), La partida (Le départ, 1967), Las aventuras de Gerard (The Adventures of Gerard, 1970) El baño en la piscina (Deep End, 1971). El grito, a los ojos del espectador actual, ha envejecido mal. Lo que es difícil es desentrañar el porqué. No tanto por su puesta en escena, ni por su insólita propuesta estética o formal, sino quizá por la anticuada textura de sus imágenes, algo inherente a casi todo el cine de los setenta. Su estilización es la abstracción del símbolo y del carácter mágico y dual de la existencia. No obstante su simbolismo críptico haría las delicias de un Cirlot. Su argumento es indecible, porque no existe una linealidad discursiva. El film inicia y concluye con la misma secuencia, mediante una estructura circular, como en Polański: Rachel Fielding (Susannah York) entra corriendo en un edificio y le muestran los cadáveres de tres hombres sobre unas mesas. Entre medias, una narración en montaje paralelo de dos localizaciones, con submontajes insertados en cada una de ellas.

 

“Obra fría, desasosegante y misteriosa, metafísica, inasible e inextricable, irracional y onírica”

 

En el jardín de un hospital psiquiátrico médicos y pacientes disputan un partido de críquet. Cerca de un pueblo de la costa inglesa (se filmó en exteriores de North Devon), en un paisaje inhóspito, un páramo que concluye en unas dunas junto a los acantilados, tienen su casa el matrimonio Fielding, Rachel y Anthony (John Hurt). El marido es músico y experimenta con sonidos (lo que permitió a Skolimowski, como pionero, explorar las posibilidades del sonido Dolby), además de tocar el órgano en la iglesia local. Un día se presenta un enigmático personaje Charles Crossley (Alan Bates) y decide quedarse en la casa. Se trata de un hombre capaz de matar a un hombre con su poderoso grito, merced a su magia negra, aprendida junto a chamanes aborígenes australianos. Así, Crossley se apodera de la casa y posee sexualmente a Rachel, ante la impotencia de Anthony. El montaje alterno da paso al partido de críquet, interrumpido por una tormenta, y un rayo que da muerte a Crossley —enfermo mental ingresado en el sanatorio—, a Robert Graves (Tim Curry) y a un médico. Es una obra fría, desasosegante y misteriosa, metafísica, inasible e inextricable, irracional y onírica en el que un montaje minucioso establece realidades complementarias a la par que contradictorias, locura y cordura, alma y materia, imbuido todo de un halo mágico de aire literario gótico. Sin concesión alguna, ni respiro posible.

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Dirección: Jerzy Skolimowski (Lódz, Polonia, 1938). Guión: Michael Austin y Jerzy Skolimowski, a partir de un relato de Robert Graves. Fotografía: Mike Molloy. Música: Tony Banks, Rupert Hine, Michael Rutherford. Dirección Artística: Simon Holland. Montaje: Barrie Vince. Producción: Michael Austin, Jeremy Thomas. Intérpretes: Alan Bates, Susannah York, John Hurt, Robert Stephens, Tim Curry, Julian Hough, Carol Drinkwater, John Rees, Jim Broadbent, Susan Wooldridge, Nick Stringer, Colin Higgins, Peter Benson. Nacionalidad: Reino Unido. Duración: 86 minutos. Color.

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Adaptaciones europeas setenteras (XIV): El grito – Sarraute Educación María Magdalena

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